Economía despatarragada

Por Leopoldo González

Ya he abordado, en otros momentos, el pretendido discurso económico de la 4T. También, lo que Andrés López y su equipo han definido como planes y programas económicos del actual gobierno.

Confieso mi desazón: en algunas ocasiones el presidente cree que el discurso es un sustituto de la economía; en otras, que si la “buena intención” gobierna la economía los propios números se encargarán de enderezar entuertos; otras veces, cree que pretendiendo hacer cosas de modo diferente a como las hacían los neoliberales, el país cambiará radicalmente y volverá a ser -según él- el paraíso en la tierra.

El presidente cree que sabe, y ese no es un problema menor; el jefe político de la nación cree que entiende de economía y finanzas públicas, y ese tampoco es un asunto menor.

La economía no es una creencia que pueda darle soporte a una homilía mañanera, ni un artículo de fe capaz de comprobar alguna de las seis tesis de fe de San Cirilo, ni el canon de un dogma concebido para dar fundamento a una verdad institucional. En este sentido, y en funciones de predicador, el presidente lleva a cabo un rol impecable, con una salvedad: lo hace en el sitio equivocado, pues la presidencia de la República no es un púlpito y, además, no es, todavía, la Providencia de la República.

Si no es creencia ni artículo de fe ni canon de un dogma, entonces seguramente la economía y las finanzas públicas son otra cosa.

La economía es una ciencia de números y, como tal, es uno de los territorios y una de las formas de aplicación de las matemáticas. Por tanto, no se la puede manejar desde los “supuestos del corazón” sin averiarla, ni desde la moral del sentimiento sin exponerla a choques frontales con la realidad.

Todo esto viene a cuento porque el presidente de la República, hace días, incurrió en dos deslices más que deben sumarse con cargo a sus intervenciones fallidas. El primero consiste en que no ve amenaza de recesión en México y, el segundo, en que rechaza la sexta baja de la expectativa de crecimiento para México en 2019 formulada por el FMI, desafiando de paso a ese organismo a debatir sobre crecimiento y desarrollo.

En estos y otros temas, soy un convencido de que el presidente de la República, más que como persona, como primer mandatario de la nación requiere apoyo, y el mejor que se le puede brindar no es el del “siseñorismo” ni el de las posturas fanáticas o apologéticas sino el de los datos duros, la información consolidada y las cifras reales del comportamiento de la economía.

Técnicamente hablando, no puede asegurarse hoy que la economía mexicana haya ingresado ya a un cuadro recesivo, pues afirmarlo con certeza exige saber si la actividad económica descendió o no en el segundo trimestre de 2019. Sin embargo, habida cuenta de que en el trimestre Enero-Marzo se registró una contracción del PIB de 0.1 por ciento, y tomando en cuenta que los indicadores de confianza en nuestra economía no repuntan, es claro que México vive ya los primeros síntomas y escarceos de una recesión.

Por lo que hace al ajuste de las perspectivas de crecimiento del FMI, en el sentido de que la economía no crecerá al 1.6 sino al 0.9 por ciento en 2019, la predicción del organismo financiero internacional es lógica, pero además, es consistente con lo que están viendo y midiendo calificadoras internacionales de prestigio y el propio Banco de México (Banxico), que en más de una ocasión han advertido que sería frívolo e irresponsable aventurar un crecimiento económico mayor al 2 por ciento.

El ajuste del FMI a la perspectiva de crecimiento económico de México, no se debe a una “malquerencia” ideológica ni a que le tengan “ojeriza” al presidente Andrés López. Se debe a cuatro factores, que la economía líquida mide con gran precisión: al deterioro en la confianza hacia nuestro país, a la incertidumbre que ha generado en los mercados el actual gobierno, a la disminución del consumo privado y a la caída general de los indicadores de inversión.

  Si a esto se agrega la baja en la calificación de PEMEX, que Fitch and Ratings pasó de triple B a doble B negativa, la caída que Moody´s registró respecto a la perspectiva de crecimiento de la CFE y la previsible caída en la plataforma de producción de PEMEX para este año, lo cierto es que el Ogro Populista, de acuerdo con los números reales, se ha quedado sin defensa y podría quedarse sin discurso.

Una vez más hay que decirlo: al presidente -todavía hasta hoy- le sobra apoyo de “la masa”, pero le faltan los núcleos conceptuales, los soportes cognitivos y los puntos de orientación que sólo pueden provenir de la República ilustrada. ¿Se atreverá a admitir con humildad que no escucha y necesita escuchar, que no sabe y necesita rodearse de los que saben? La respuesta pasiva a estas preguntas es “allá él”; la respuesta activa ante ambas preguntas es “ay de nosotros”.

Pisapapeles

Si Andrés López manejase a su arbitrio un hato o un rebaño, eso sería un microproblema; pero da la casualidad de que es el presidente y tiene a su cargo a 126 millones de mexicanos: eso es, verdaderamente, un macroproblema.

leglezquin@yahoo.com

 

 

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