El Estado unipersonal

Por Leopoldo González

México vive sus peores días como país, desde que 30 millones de personas optaron por entregar las llaves del poder al engaño populista. Pero lo que hoy vivimos no es nada: el desastre apenas comienza.

Una especie de ley del deterioro, desplegada como un “cuatrote” por la 4T, ha colocado sus colmillos y acentos en el debilitamiento de las instituciones del Estado, tal vez con la socarrona intención de acrecentar el Poder Unipersonal del presidente.

El deterioro de las instituciones del Estado incluye la subordinación gubernamental a los dictados de una potencia extranjera; la erosión o cooptación de los organismos autónomos; la desaparición de instituciones clave para el sano ejercicio de gobierno; el estrangulamiento presupuestal de otras, relacionadas con la investigación y el desarrollo; y, por último, la pulverización de la división de poderes a través de arrodillar al Poder Judicial.

Lo que esta depredación intensiva de las instituciones del Estado ha conseguido, son tres cosas: por un lado, intimidar desde adentro a los órganos de gobierno que podrían hacerle sombra al Ejecutivo; por otro, librar al vértice del poder de la molesta observación crítica que un sistema democrático reserva a los contrapesos; por último, debilitar las funciones constitucionales básicas del Estado, para que sobre su ruina reine y destaque la “sombra bienhechora” del Poder Unipersonal.

El virtual desmantelamiento de los órganos e instituciones del Estado, que podría indicar que un autismo ideológico o un “síndrome de down” ha tomado por asalto el primer piso del ejercicio del poder en México, ya preocupa -y mucho- a los sectores informados e ilustrados que ven aproximarse un temporal de negros nubarrones sobre el país.

A partir de los hechos de Culiacán, la semana antepasada, donde los capos del Triángulo Dorado doblaron e hicieron morder el polvo a la 4T, la preocupación por lo que pueda ocurrir en el país es general y se ha agudizado; es hoy el pan de cada día en cafés y charlas de sobremesa; se ha vuelto ubicua y multimodal y engloba a círculos castrenses y mandos militares que no han vendido su alma a las megalomanías del actual gobierno.

Dentro de los deterioros que ha traído consigo el gobierno de la 4T, la degradación y el desdoro del ejército se habían mantenido en el secreto, no sólo porque disciplina e institucionalidad son piedra angular de la función castrense, sino, además, porque altos mandos habrían aconsejado un prudente silencio sobre las decisiones presidenciales que empezaron a causar inconformidad, molestia y enojo en diversos sectores de las fuerzas armadas.

En una reunión bilateral de alto nivel celebrada el 3 de octubre, por ejemplo, en la que estuvieron funcionarios de los gobiernos de EU y México, el jefe del Estado Mayor de la Sedena, general Homero Mendoza Ruiz, se quejó de haber tenido que transferir 40 mil efectivos a la GN y de tener que desplegar operativos “frente al huachicol, el narco y la contención de migrantes” con un ejército disminuido y sometido a “un muy fuerte desgaste”.

Sin embargo, dos semanas después de aquella reunión de alto nivel vendría el suceso definitivo: el golpe al ejército en los hechos vergonzantes de Culiacán, no sólo terminó por liberar grandes oleadas de inconformidad crítica hacia el titular del Ejecutivo, también abrió disonancias en el aparato político e hizo público el enfrentamiento entre militares y políticos en las cimas extraviadas de la 4T.

En este sentido, conviene registrar la desazón, la molestia y el enojo de militares retirados y en activo, quienes, en el desayuno de generales del martes 22 de octubre, en el Salón República, de la Sedena, no sólo no reprimieron su reprobación y crítica de ciertas liviandades presidenciales en materia de seguridad: también le dijeron a su jefe, el Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas, sin titubeos ni susurros, que “no están de acuerdo con lo que está pasando”.

A partir de lo que ocurre dentro y fuera del gobierno, puede decirse que un conjunto de reacciones conscientes, tanto burocráticas como militares y sociales, podrían constituir la fuerza silenciosa que un día rescate al país del círculo de deterioro a que lo lleva el actual gobierno.

Pisapapeles

Casi, casi todo aquel que ha incurrido en la estolidez de compararse con Jesucristo, cabe en cierta clasificación filosófica del delirio, pues las ideas delirantes de “Grandeza” Nietzsche las reservó para hombres pequeños.

leglezquin@yahoo.com   

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