Hacia un modelo de subdesarrollo sostenible

Por Leopoldo González

Fue Jorge Castañeda el que, a propósito del acuerdo desventajoso firmado por México con EU para evitar la imposición de aranceles, puso su Pica en el Flandes de la opinión editorial, escribiendo, textual y literalmente, que “el estúpido de López Obrador” no le entiende al tema de la migración, así como no le entiende a muchos otros temas.

La aseveración del escritor, politólogo y diplomático Jorge Castañeda, pudiera parecer irrespetuosa, visceral e incluso agresiva. No lo es. Lo escrito por Castañeda no refleja la actitud del autor que se solaza en el uso y abuso de adjetivos, sino precisamente lo contrario: muestra la molestia y actitud crítica de un mexicano que siente agredida su inteligencia por la liviandad y desparpajo de la palabra presidencial, y lo que hace, en una afirmación lisa y llana, es ejercer su libertad y fijar una postura clara, de acuerdo con lo que piensa y puede demostrar.

Lo dicho por quien acuñó, en 2017, el término afortunado de “comentocracia”, bien puede aplicarse a la desacertada posición que asumió Andrés López, la semana pasada, respecto a las cifras negativas sobre empleo que dio a conocer el director del IMSS, Zoé Robledo.

En efecto, al dar a conocer sus datos duros más recientes, derivados de la medición comparativa entre el año pasado y el actual y del balance de los últimos cinco meses, el IMSS reconoció, en su informe oficial, que de mayo de 2018 a mayo de 2019 el empleo cayó 88%, y que, en el comparativo acumulado de mayo de 2017 a mayo de 2019, la caída del empleo formal fue de 44.80 %.

Si los datos reales sobre la pérdida de puestos de trabajo en ese periodo son alarmantes, lo cual debería propiciar una seria y honrada disposición de corregir el rumbo, más alarmante aún resulta la condición del neófito que no entiende esas cifras, la dolorosa realidad que hay detrás de ellas y la lección radical que nos dejan, pues en materia económica Andrés López lleva a México por la senda equivocada.

Descontando el hecho de que hay ignorantes que reconocen su ignorancia y están dispuestos a corregirla, y de que hay niveles de necedad con los que no podría el más plantado de los eruditos, el problema es que aquí hay, por lo menos, dos problemas ayuntados: ignorancia y mentecatez.

Extraordinario contradictor de sí mismo y de sus colaboradores, experto en la fábula autocumplida del “Yo no miento”, el presidente de la República se abalanzó a corregir a Zoé Robledo, según él, con argumentos que lo retratan de cuerpo entero: estableció que el problema del empleo “es cuestión de percepción” y que a las cifras del IMSS se deben agregar 481 mil 548 “ninis”, 200 mil personas del programa “Sembrando Vida” y muchos más.

Como puede verse aquí, el primer mandatario de la nación ignora qué requisitos y factores integran un empleo, qué metodología ha de seguirse para su cuantificación y medición porcentual, qué perfil tiene el estadígrafo que mide la formalidad laboral y cuáles son las instancias facultadas para el manejo de las cifras de empleo en México. Y lo peor: confunde lo que es una “beca” con lo que es un “empleo” productivo.

Como se sabe, después del episodio de dimes y diretes sobre las cifras del empleo, y luego de que el director del IMSS sintiera comprometida y endeble su posición, salieron a relucir una manía y una malformación básica del actual gobierno: la primera, intentar justificar lo injustificable y defender lo indefendible; la segunda, un antieconomismo burdo, chato, pedestre. En los protocolos del análisis económico, en los que se miden las distintas variables de la productividad por sector, es habitual comparar los últimos meses de la administración saliente con los primeros de la administración entrante: ¡Ah, pero ningún protocolo de análisis e investigación económica le cuadra a la 4T, porque no se ajusta a sus fantasías delirantes!

En fin. No es el caso, ni es nuestra intención -además, ni tendría sentido- pronosticar debacles o catástrofes sólo porque no se coincide con la manera de pensar y de proceder de Andrés López. El núcleo de cualquier debacle o catástrofe no está sólo en predecirla ni en quién la predice; el núcleo de cualquier debacle o catástrofe está en no corregir, hoy, los entuertos y los errores que podrían conducirnos a la ruina en el mañana.

Pisapapeles

De los soliloquios de mi balcón: Mejor que condenar a quien advierte la ruina inminente o la catástrofe, es evitar con sabiduría la ruina inminente y la catástrofe.

leglezquin@yahoo.com 

   

 

  

       

 

       

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