La 4T y la Carabina de Ambrosio

Por Leopoldo González

Ya hemos tenido suficiente evidencia, en un año y dos meses de gestión, de que el gobierno de López Obrador lleva a nuestro país al precipicio.

Se solapa y protege a corruptos de signo morenista, como Yeydckol Polevsky, Manuel Bartlett y 16 “superdelegados” del gobierno federal en los estados, mientras se desata una feroz persecución contra los opositores críticos de la “transformación de cuarta”, so pretexto de combatir la corrupción.

Desde la bancada de Morena en el Senado, se golpea a los trabajadores pensionados con reformas legislativas de dudosa manufactura, sin que al gobierno le duela un clavo ni piense que a menos ingresos corresponderá un mayor malestar social.

La crisis en el sector salud (de medicamentos, infraestructura, especialistas y personal calificado) amenaza con prolongarse y profundizarse, y esto está ocurriendo bajo el calendario y horarios de quienes venían a alterar (para bien) la respiración del país. Un amigo, que me ha escrito desde CD.MX, indica en un reporte que, por decisión de Claudia Sheinbaum, la próxima semana comienza el desmantelamiento del CRUM, lo que significará disminuir la atención prehospitalaria de los capitalinos.

2019 no sólo fue el peor año en una década en materia de creación de empleos, también lo fue en incidencia del número de feminicidios.

La crisis migratoria del sur sigue su curso -con todos los ingredientes de una crisis humanitaria- y no tiene para cuando terminar. Poco más de 186 mil migrantes de 35 países, de los cuales poco más de 20 mil son menores de edad, esperan en México respuesta de EU a sus solicitudes de protección, asilo o refugio. De estos, 6.1 por ciento proceden de naciones del Caribe, 3.4 de Asia y 3.9 de África. En lugar de emplear las neuronas a fondo y auspiciar una cumbre migratoria hemisférica, el gobierno de Andrés López optó por empinar la noble tradición de nuestra política exterior y ser lacayo de la Casa Blanca.

¿Para esto querían el gobierno?

A estas alturas, ya les debería resultar claro que no saben, que tampoco entienden que no entienden, y hacerse a un lado. Pero no: la institucionalización del deterioro, como signo central del populismo vil de estos tiempos, en México apenas comienza. 

La inseguridad galopante, que significa docenas de muertos en el país en una hora, poblaciones rehén sometidas al imperio del crimen organizado y multimodal, miles de desplazados por la violencia criminal en cuatro estados del centro de la República, proliferación de gavillas y cárteles delincuenciales en todo el territorio nacional, etcétera, debiera indicarle al gobierno federal que su dizque estrategia para contener al crimen no sirve, pues lo que en realidad administra es un país en descomposición. Pero no: le siguen viniendo muy bien las coplas de “El necio”, de Silvio Rodríguez.

Si el presidente dijo en marzo de 2019, en respuesta al FMI, que asombraría al mundo con los resultados económicos de ese año, hoy vemos que tenía razón: ni el mundo ni México -abrumados por tanta y semejante capacidad para la torpeza- pueden ocultar tanto y tamaño asombro. El General Belgrano, de Argentina, llegó a decir que su país subsistía y aún respiraba “gracias a que la clase política duerme de noche”.

El 30 de enero, en un ejercicio matutino climatológicamente “frío” pero estadísticamente “caliente”, INEGI no se pudo contener y lamentó que el PIB-2019 hubiese tenido “su peor desempeño en diez años”; los analistas, que saben de economía y finanzas, dijeron que ello podía atribuirse a “un choque de confianza” frente al gobierno y su política económica. El inquilino de palacio, pese a que ese día no era “domingo 7”, salió sin rubor alguno y con cajas destempladas: “Yo tengo otros datos”.

En la jerga de la economía y las finanzas públicas, sólo por poner dos ejemplos, se sabe que a menores niveles de inversión pública y privada corresponde un achicamiento gradual de la actividad productiva, y que un proceso de contracción y estancamiento de la economía da como resultado un menor crecimiento del PIB y, por ende, poco o nulo desarrollo económico en términos reales. 

En estos casos, también se sabe que hasta la Providencia suele dar la espalda, y cerrar el crédito, a quienes no entienden -y menos quieren entender- la lógica de la economía.

¿Para esto querían el gobierno? ¿En serio?

Pisapapeles

En el sketch cómico televisivo de los ochenta, lo que quedaba claro todas las noches, en horario estelar, era la redonda inutilidad de la famosa “Carabina de Ambrosio”. Ahora lo que queda redondamente claro, con otros Polivoces, es la mañanera inutilidad del ´vacío verbal´. 

leglezquin@yahoo.com

 

   

  

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