El futuro que perdimos

Por Leopoldo González

En la medida en que un proyecto de destrucción y deterioro avanza y se consolida sobre México, es más posible predecir la catástrofe que podría ocurrir mañana.

Desde luego, todo futuro es incierto e inseguro, porque al hablar del futuro desde el presente, la carga de incertidumbre de las palabras lo vuelve borroso y enmarañado. 

Hablar de futuro desde una especie de “vacío de futuro”, es lo peor que puede ocurrirle a cualquier predicción que tenga relación con el mañana.

Sin embargo, la observación atenta y fría de la realidad, la interpretación objetiva de los datos que arroja y su proyección sobre un imaginario, permiten hacer conjeturas y lanzar pronósticos altamente verificables.

Por esto, siguiendo lo que plantea Tomás Miklos en su planeación prospectiva, podemos decir que el futuro de México, bajo el gobierno de López Obrador, no es futuro sino el ´coctel molotov´ de todos los pasados de púas verdaderas que caben en nuestra historia.

De acuerdo con la construcción narrativa y el palabreo que AMLO y su gente han tejido (no digo construido) en 21 meses de gobierno, se abren cuatro “escenarios futurables” para nuestro país: (1) La realidad empeorará feamente en todos los sentidos, porque es el deterioro el que funda y refuerza en las masas la necesidad del liderazgo unipersonal y providencial; (2) López Obrador no cambiará su intención de destruir todo lo que como país hemos alcanzado, porque toda grandeza acumulada es y será poca frente a la grandeza (ahí, su megalotimia y megalomanía) que él “debe” encarnar; (3) Se quede o se vaya de la presidencia en unos cuantos meses, su proyecto de destrucción continuará con la batuta de otro y algunos más, porque sólo así se puede asegurar el poder per sécula seculorum en manos de los mismos; (4) Los destrozos y desmanes que hemos visto hasta hoy de la 4T, en términos de someter y desmantelar instituciones y dividir al pueblo de México, por ilógicos que parezcan, serán juego de niños comparados con lo que viene: lo que viene es desaparecer todo signo de riqueza y poder autónomo en el país, porque la víscera caliente de la 4T habrá de simbolizar la más absoluta y arbitraria concentración de poder y de poderes que se recuerde en nuestra historia. ¿Suena a realismo monstruoso? Hacia allá llevan al país, y más vale darse cuenta a tiempo. De todo esto hay manuales, documentos y evidencia reciente en las cavernas del populismo, y todo se puede probar.

¿Un destino colectivo en manos de locos y deschavetados, testarudos y cínicos? Quizás sí, si se concede que el delirio ideológico exacerbado y la ebriedad de poder son, a veces, parientes cercanos o primos tóxicos de algún desajuste o trastorno de personalidad. Con la sola diferencia de que, según Ronald D. Laing, hay locos que saben lo que hacen. 

El hecho de que los que iban a pacificar y a reconciliar al país tengan la casa en llamas, algo debe decirnos. Que se haya dicho que tendríamos un sistema de salud como los de “Holanda o Finlandia”, y tengamos hoy lo más cercano a un sistema de salud colapsado, algo debe hacernos pensar. El que se haya ofrecido una economía sin pobres, sin marginados sin grupos vulnerables, y tengamos hoy más de 8 millones de nuevos desempleados y más de 10 millones de nuevos pobres, quizás algo nos diga y de algún modo nos inquiete como país, luego de que las más bajas tasas de crecimiento de nuestro pasado inmediato rondaban el 2.4 por ciento.

En otras palabras, lo que el populismo obradorista propone al país no es un proyecto de desarrollo y bienestar, sino un proyecto de subdesarrollo que busca eliminar la planta empresarial, anular la riqueza en manos de particulares y ampliar y multiplicar el universo de la pobreza social, para estatuir la dictadura clientelar de las minorías sobre las mayorías.

El populismo de Morena tampoco ofrece un proyecto de modernización del país, que implique fortalecer a la planta productiva y detonar la creación de empleos para llevar riqueza y bienestar a las familias, sino un proyecto de ´precarización´ que lo que busca es llevar más pobreza a la mesa del pobre, para hacer del desocupado y el miserable ´esclavos clientelares´: verdaderos puntales de apoyo de la dictadura unipersonal que se prepara para México.

Sé muy bien que anticipar el horror pudiera parecer una página macabra arrancada a tirones a la obra de Lovecraft; a cambio, también sé que anticipar el horror desde la palabra puede ser menos triste y doloroso que padecerlo. La profecía, cualquier profecía, sólo requiere tiempo para realizarse: no ocupa más.

Lo que puede evitar a tiempo el horror que se cierne sobre nuestro país, es el piso social y electoral de 2021. Y sólo se ocupa tener presente el momento de riesgo histórico que vive México: no se ocupa más.

Pisapapeles

Escribió Miguel de Unamuno: “A menos pensamiento, pensamiento más tiránico y absorbente”.

leglezquin@yahoo.com

  

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