En ruta al desastre

Por Leopoldo González 

El gobierno federal ha puesto al país en la ruta de un desastre inminente.

Continúa eludiendo su responsabilidad, culpando a otros de su propio desastre, acudiendo a trampas y subterfugios y falseando lo que verdaderamente ocurre, pero la crítica del movimiento social y su permanente caída en encuestas revelan un despertar del México real. 

Es mentira, como ha dicho el presidente López Obrador, que nuestra crisis económica se deba únicamente a factores externos como la recesión global, o que la culpa de los desajustes haya que achacársela toda a la pandemia que recorre el mundo.

La principal disonancia cognitiva que hay que endilgarle a la 4T es el manejo de la economía como si no fuese ciencia sino ideología. Es la raíz de todas las torpezas y despropósitos.

La crisis económica que hoy vive México es anterior a la crisis económica mundial y a la infección viral que tiene en vilo al mundo, y su origen está en el conjunto de decisiones antieconómicas tomadas a tontas y a locas por el actual gobierno.

Esas decisiones, fundadas en la ignorancia de los temas económicos y en cierta pulsión destructiva, condujeron en el corto plazo a resultados catastróficos.

Cuatro trimestres consecutivos sin crecimiento económico en 2019, después de que México venía creciendo con EPN entre el 2 y el 2.4 por ciento, lo que indican es que la IP y los sectores productivos -tras la cancelación del NAICM- decidieron no jugársela con un gobierno que desalienta y estrangula la inversión.

Los costos de aquellas malas decisiones, ahí están: un PEMEX quebrado e inviable, cuyo rescate son más de cinco mil millones de pesos tirados a la basura; una deuda total del sector público que al primer trimestre de 2020 suma ya 990 mil 097 millones, de acuerdo con un análisis de HR Ratings; una caída del PIB por habitante de 26 por ciento en relación a 2019; cierre genérico de miles de empresas y pérdida de más de un millón de empleos al cierre de abril, son los datos de un gobierno enredado en su propio discurso.   

Sin conocimiento de la economía y sin proyecto económico real (y, además, pensando sólo en el placebo de sus redes clientelares), Andrés López, con todo y la ceguera de sus boots y prosélitos, lleva el país a la ruina.

Lo peor, sin embargo, es lo que está por venir: detrás de la pandemia nos espera una crisis económica que será particularmente severa con los necios, los improvisados y los gambusinos de la ideología.

Si el gobierno estuviese haciendo lo correcto -pero real y materialmente lo correcto- los motivos de angustia y preocupación de la población serían infundados. Pero no. El poco gobierno que hay se guía por el fervor ideológico y no está haciendo lo correcto. Yo lo digo y lo escribo hoy y el tiempo lo confirmará mañana.

La contracción económica que viene puede ser de más del 6 por ciento del PIB o mayor al 8 por ciento del PIB, lo cual -en cualquiera de los dos escenarios- equivaldría a la peor caída del crecimiento y el desarrollo en la historia de México. El primer escenario llevaría a poco más de 12 millones de mexicanos a vivir en pobreza y a 13 millones o más en pobreza extrema; el segundo escenario podría colocar en pobreza a más de la mitad de la población del país y en pobreza extrema a 16 o más millones de mexicanos. A este respecto, no pido ni demando -no tengo derecho- credibilidad a ciegas: consúltense HR Ratings-BBVA, la encuesta de expectativas económicas de Citibanamex, las cifras del primer cuatrimestre-2020 del Coneval e Inegi.

Además de achicarse, y como resultado del combate frontal a la riqueza en el actual gobierno, las clases sociales serán atraídas gradualmente hacia la base de la pirámide.

Empresarios y productores a gran escala que no se sumen a la labor de depredación de la 4T serán objeto de hostigamiento, persecución y destierro.

Derechos humanos y cultura no habrá en el sentido estricto y universal de ambos términos, porque habrán sido anulados socialmente y confiscados por la élite populista del obradorismo.

El arrepentimiento que millones y millones experimentan hoy frente a MORENA, no puede ser motivo de la mera penitencia epidérmica de un golpe de pecho: es el activismo crítico y la labor de rectificación consciente lo que puede -de aquí en adelante- lavar las culpas íntimas y silenciosas de tantos.

Si fuese el caso, los actos de conversión nunca llegan tarde, y se agradecen: pero deben acompañarse del lenguaje de la acción.


Pisapapeles

Marcos Kaplan, teórico del Estado latinoamericano y politólogo del Cono Sur, escribió esta magnífica frase: “Un pesimista no es sino un optimista bien informado”.

leglezquin@yahoo.com    

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