Homilía del desastre

Por Leopoldo González

La economía mexicana es de las que menos crecen y la que más caídas registra en América Latina desde 2018, cuando López Obrador tomó al país en sus manos.

Si vemos las cosas con objetividad, no se ocupaba cancelar obras estratégicas como el NAIM o la Cervecería en Mexicali, que significaron una pérdida de poco más de 300 mil mdp; tampoco hacía falta destruir proyectos empresariales encaminados a estimular el desarrollo del país ni hacer el tiradero de obras e inversiones que ha hecho en tiempo récord ese galimatías llamado 4T.

Si la idea de AMLO, en aquel tiempo, era manotear a diestra y siniestra y pelar los dientes para que todos supieran que él y su ego enfermo eran los que habían llegado a la silla presidencial, habrían bastado dos o tres cambios de matiz al modelo económico y al estilo personal de gobernar, para darnos cuenta que un resentido había llegado a la cima de la burocracia gobernante.

Todo indica que la idea era desmantelar al Estado hijo de nuestra historia, destruir una economía forjada por generaciones, golpear al sistema financiero hasta desvirtuarlo, hacer de la generación de cultura un aparato ideológico y transformar la política nacional en la casa de espejos de la risa.

Todo en nuestro país va al deterioro y la ruina, por más que la ceguera de chairos y “clientelas” no lo vea así. Sin embargo, el aspecto donde más pesan y más se resienten el desánimo, la arritmia, la falta de rumbo y de horizonte es en la economía.

No olvidemos que, por un lado, tiró proyectos de alta rentabilidad que significaban inversión, empleo, circulante monetario, dinamismo económico e ingresos para las familias, y que luego compró en Texas una refinería chatarra en 1600 millones, que es el peor negocio a que puede apostarle un empresario o un gobierno.

La miopía y tomar decisiones con la absoluta seguridad que da la ignorancia, aderezada con un poco o un mucho de mala entraña, es la peor apuesta de los gobiernos. Esto lo supo muy bien Ángela Merkel, la canciller que llevó a Alemania a ser la primera economía de Europa y la cuarta del mundo.

Pero estamos en México, el país del “me canso ganso”, donde la falta de crecimiento económico y la escasez de dinero pueden preocupar a muchos, pero no a la casta burocrática de Morena y la 4T.

El mundo, desde 2018, no atraviesa por un buen momento económico, en parte por las caídas globales de 2008-2009 y 2020-2021, pero también porque el Índice Global de la Actividad Económica cayó 1.6 por ciento en septiembre respecto a agosto, lo cual indica la terca presencia de una recesión trianual con estancamiento económico.

México padece una recesión con estancamiento económico, no originada en la pandemia ni en los presuntos efectos de la crisis internacional, sino en decisiones de poder antieconómicas tomadas con el hígado de la ideología, orientadas a hacer de México el valle de los miserables. 

En cualquier sistema económico el gobierno es clave para la inversión, estímulo central para el comercio y el intercambio económico, facilitador de la obra pública y, en fin, un factor de primer orden para la expansión de la actividad económica. En México no, por la sencilla razón de que la quiebra de la economía por sector multiplicará a los pobres: esos despistados electores cautivos del sueño guajiro llamado 4T.

Según Banxico, la Inversión Extranjera Directa (IED) cayó en México un 27% respecto a 2020, y no se ve qué sector o sectores puedan impedir una peor caída en 2022.

De acuerdo con el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO), poco más de 1.6 millones de dólares pierde México al año por no usar energías limpias, lo que implica que las pérdidas para nuestra economía continuarán, pues los nostálgicos del petronacionalismo han alineado a nuestro país con una economía de combustibles fósiles.

Si alguna esperanza había de que el entorno económico mejoraría rumbo a 2022, Morena y sus adláteres en el Congreso, al aprobar un paquete fiscal centrado en el personalismo político, el terrorismo y la persecución de contribuyentes, hicieron de la esperanza de México una dentadura que muerde el polvo.

Tras recortar más del 30 por ciento al presupuesto del sector salud y eliminar programas de salud preventiva y atención prehospitalaria, los legisladores del proyecto guinda elevaron los precios para el acceso a museos, lo cual significa que lo importante para la sociedad no es lo importante para ellos.

El último mes se ha incrementado un 16 por ciento el precio del gas y el de la tortilla sigue al alza, pero el que la gente pague precios exorbitantes por tal o cual producto de primera necesidad no es lo importante: lo importante -ellos dicen- es que la 4T es un tobogán inflable al que no podrá parar nadie.


Pisapapeles

La economía es como el pastel: mientras más grande, mejor para todos. Las economías de cosas pequeñas -además de subrayar una mentalidad de gente pequeña- llevan en su ser el gen recesivo del enanismo, y sólo alcanzan para unos cuantos.

leglezquin@yahoo.com 

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