Nos cayó el Chauixtle

Por Leopoldo González

El presidente de la República, por muchas razones, no anda en sus cabales. 

Respecto a los errores garrafales que ha cometido y persiste en cometer, se pueden pensar muchas cosas: el poder lo ha divorciado de la realidad, lo ha indigestado o lo ha conducido a perder piso. O las tres cosas juntas. 

A veces da la impresión de que no gobierna un país, no es cabeza de un Estado constitucional, no trae en sus manos las riendas de una República ni toma decisiones en función de una colectividad llamada México: parece que lo suyo es atenderse, granjearse, chiquearse y satisfacerse a sí mismo, al margen de lo que piense y diga el país real. Esto ya ameritaría exámenes y estudios de la figura presidencial que poco tienen que ver con la historia y la política.

Algunos lo advertimos a tiempo hace algunos años: que la lengua larga y la neurona corta no eran la mejor combinación para gobernar un país. Hoy lo seguimos sosteniendo.

Quizás el presidente merece el apoyo de todos los sectores de la vida pública; tal vez es el gran incomprendido de los conocedores y expertos de la vida nacional; quizás merece, también, una grandeza histórica distinta de la que él mismo se forja día a día. El caso es que ni su equipo da el ancho ni él se ayuda a conquistar las cimas que cree merecer.

Todo esto quedó evidenciado el pasado domingo, en esa cosa que fue esperada con gran expectación llamada Informe Trimestral, porque se creyó que ahí se trascendería a sí mismo, trascendería a su propia causa y se colocaría como el timón indiscutible del país total, no sólo para dar orden y sentido a la vida pública, también para hacer frente a la tempestad.

Con el gobierno en franco declive y el país rumbo al colapso era, además, lo que aconsejaba la prudencia y lo más recomendable. De haber tomado la estatura del estadista, habría merecido los encontrados elogios de un Polibio y un Gracián.

 Aquellos que endiosan a un ídolo de barro, tarde o temprano tendrán que padecerlo.

Después de haber simulado acuerdos con cuatro de los doce organismos que integran el Consejo Coordinador Empresarial (CCE), pues rehuyó reunirse con el empresariado crítico, el presidente llegó al dizque informe del domingo vencido por su propia pequeñez, con la mirada puesta en el fanatismo de masas, ayuno de visión de Estado.  

Pudiendo anunciar un paquete de medidas económicas para fortalecer al sector salud, donde hacen falta miles de cubrebocas, toneladas de gel antibacterial y miles de ventiladores y respiradores, salió a anunciar lo que le garantice control del rebaño: créditos personales a bajo costo que pagaremos todos.

Pudiendo diseñar un plan de medidas económicas contingentes, en el que figurasen condonaciones temporales de impuestos, incentivos fiscales de corto plazo, prórrogas y/o quitas en el pago de tributos, créditos blandos para reactivar la economía y otras medidas compensatorias para proteger el empleo y la microindustria y apuntalar la planta productiva, con lo cual -además- habría enviado una poderosa señal de visión y liderazgo frente a la crisis, lo que salió a anunciar es algo muy distinto: que el neoliberalismo no tiene corazón, los empresarios son una “minoría rapaz” a la que espera el fuego de la condenación eterna y los pobres son, según el Evangelio de Marcos, sal de la tierra.

 ¿Qué le pasa? 

¿Alguien puede explicar, en términos de psicología o psiquiatría clínica, este autismo ideológico, esta tautología política?

Una crisis, que ya anticipa desaceleración económica mundial y recesión global, para las que México no se halla preparado, lo menos que demanda es un gobierno que conozca la economía y sepa cómo funciona; esto, además de colocar en armonía a todos los sectores productivos, para evitar que la fuerza del impacto los disgregue y los haga naufragar a todos. Quien se meta a nadar al mar creyendo que es un chapoteadero, lo más probable es que será comido por las aguas.

La fuerza laboral y económica de México está concentrada en las Pymes y Mipymes, microempresas que representan a alrededor del 90 por ciento del mercado de trabajo en distintas ramas productivas. La falta de un plan inteligente de rescate gubernamental, de acuerdo con la IP, podría conducir al cierre del 82 por ciento de ellas.

Si nuestro país viene de dieciséis meses de gestión gubernamental con crecimiento negativo, sumemos a ello que el 43 por ciento de las empresas grandes y medianas podrían achicarse o quebrar, como resultado de la crisis del Covid-19 y de la falta de inteligencia económica en el Estado Unipersonal. Si bien nos va, la economía mexicana caerá 4 o 5 puntos en 2020.

Quien crea que la tarea de gobierno es un ejercicio de palabreo y saliva, se equivoca: la historia tiene otros datos.

 

Pisapapeles

El Chauixtle es la figura metafórica que en México evoca al personaje inesperado e incómodo, o al ave de mal agüero.  Es, también, plaga que afecta los cultivos de interés alimenticio. Ej: cuando nos cae el Chauixtle quiere decir que nuestros problemas están a punto de empeorar.    

  

Leave a comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

*