Presidencialismo ñoño

Por Leopoldo González

Resulta extraño que habiendo tenido México, a lo largo de su historia, tantos y tan buenos gobernantes -con uno que otro gris y dos o tres corruptos impresentables- ahora un tercio de la población aplauda y admire a rabiar al que es visto por el resto de los mexicanos, hoy, a diez meses del inicio de su gestión, como uno de los peores presidentes en la historia del país.

Más de uno de los integrantes fanáticos del experimento populista en el poder, debidamente obnubilado para defender con uñas y dientes el objeto de su fanatismo, pensaría que la afirmación anterior es exagerada, que se basa en alguna fobia inconfesable del autor o, incluso, que no es sino propaganda negativa para descalificar al que ellos consideran “el mejor gobierno del mundo” o, en funciones de profeta de alguna secta iluminista, el “redentor de las causas de los últimos días”.

En principio, se trata de un gobierno que no se desenvuelve con horarios y calendarios de hoy, porque lo suyo es la técnica del espejo retrovisor: ver al pasado para transformarlo en objeto de la maledicencia colectiva, e incluso para culparlo de las incompetencias de la 4T.

En realidad, no se ocupan la hipérbole, las fobias, la propaganda negativa y ni siquiera ciertas estratagemas de redes sociales, para demostrar con indicadores y números que vivimos el peor arranque de uno de los peores gobiernos en la historia de México.

Los símbolos del poder caídos y un Estado sometido al deterioro y a la destrucción por los mismos que no entienden lo que son los símbolos ni lo que es el Estado, de lo que habla es de una analfabetocracia en el poder.

Dos indicadores económicos positivos son el control de la inflación y, hasta ahora, una paridad cambiaria que sigue sin afectar nuestra balanza comercial. Pero de ahí en fuera, la caída de la infraestructura productiva en estos diez meses, la disminución de la inversión pública y privada, el cierre de empresas, el aumento de las cifras de desempleo y el cuadro de recesión que vivimos desde el segundo trimestre de 2019, lo que indican es que si el gobierno de Andrés López no le halla la cuadratura al círculo de la economía, menos se lo halla al de las finanzas públicas.

A esto hay que sumarle que no hay confianza del empresariado en el gobierno y que el consumo per cápita tiene meses contrayéndose. Todo esto, en su conjunto, lo que señala es que los cuatro motores básicos de la economía están apagados, y que para prenderlos hace falta algo más que un gobierno de saliva.

En materia de seguridad pública, el gobierno de la 4T está regido por ocurrencias bobas de corte motivacional como “no preocupen ni hagan enojar a sus mamás”, “amor y paz” y “pórtense bien”, como si de almas de criminales conversos estuviese urgido el cielo. Esto, además de la semana negra que se vivió entre los hechos de Aguililla (Michoacán), los de Tepochica (Guerrero) y los de Culiacán, es lo que detonó, desde los primeros días de octubre, la inconformidad e irritación de altos mandos castrenses, que desde antes de los hechos de Culiacán han salido a advertir al presidente que su proceder “los ha injuriado y ofendido”, y que la formación y valores de la milicia “chocan con la forma en que se conduce a México”.

El diferendo entre el ejército y el presidente de la República, no sólo es una señal clara e inequívoca de desaprobación de una parte importante de las fuerzas armadas hacia la estrategia federal de seguridad: también es un indicio de que el ejército -en el que figuran el titular de Sedena y los generales Homero Mendoza Ruiz, Audomaro Martínez Zapata y Carlos Gaytán Ochoa- no será parte de las simulaciones del gobierno de la 4T.

Frente a la toma de posición de los mandos militares respecto al tema, el gobierno de la República no cuidó ni midió su respuesta: transformado en experto en cortinas de humo y alucines, Andrés López salió a darle rienda suelta a su propensión al delirio, acusando al aire que se preparaba “un golpe de Estado” en la sombra.

Todo lo que se ha dicho en este artículo, sin necesidad de traer a cuento otros temas, es indicativo de la ineptitud de alguien y algunos más para el ejercicio de gobierno, no sólo porque no parecen localizar el ámbito y alcance de sus responsabilidades constitucionales sino, además, por su falta de conocimiento y de pericia para dimensionar temas y el impacto de sus decisiones en la vida pública.

Por ello, entre lo que se ha descrito en estas líneas y un ejercicio presidencial ñoño no hay mucha distancia.

Pisapapeles

Escribió Sun Tzu en “El arte de la guerra”: “Mientras un hombre enojado puede volver a la calma de nuevo y un hombre ofendido nuevamente alegrarse, un Estado destruido no puede volver a existir ni tampoco los muertos pueden volver a la vida”.

leglezquin@yahoo.com  

 

      

 

 

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