Un año después

Por Leopoldo González

Andrés López sigue siendo, un año después de su triunfo electoral, la pieza central de una fábula autocumplida. Así lo muestran tanto el dizque “informe” que rindió en el Zócalo como la entrevista exclusiva que al día siguiente publicó un medio de circulación nacional.

En el discurso, seguramente escrito por un experto en contenidos autoreferenciales, en loas y autocomplacencias, el presidente de la República “no hace tierra” y su relación con la realidad del país es de “corto” circuito: habla de logros que no existen y cuando formula juicios de valor sobre cualquier materia, no lo hace apoyado en la racionalidad sino en una distorsión ideológica de la misma.

La exclusiva publicada al día siguiente, donde el medio de izquierda que la difunde (hay que reconocerlo) no renuncia a ejercer el periodismo crítico, es un eco y una prolongación de la pieza retórica (¿o sería mejor llamarla demagógica?) del Zócalo: el presidente no ve las realidades que otros ven ni las que no le conviene ver y, a cambio, le espeta al reportero: “En esas cosas… ustedes se confunden”.

Del análisis del discurso del Zócalo y de la entrevista concedida a La Jornada, resultaría el siguiente DECÁLOGO:

1.- El presidente de la República afirma que no será el artífice de la construcción de una dictadura. Seguramente desconoce que los que lo han sido o han encarnado una tiranía, negaron ser lo uno y lo otro; probablemente también ignora que toda forma de dictadura o de tiranía, comienza por la concentración unipersonal del poder.

2.- Dice el presidente (palabras más, palabras menos), pero siempre en los términos genéricos de quien lanza una afirmación propagandística, no de quien analiza, que recibió un país hecho añicos y “la culpa de todo la tiene el neoliberalismo”. Olvida, quizás, que su encargo es y será juzgado desde el primer día de su mandato y en función de sus propios hechos y decisiones, no en función de otros. Para la historia, cada gobernante debe hacerse cargo de su ciclo histórico y responder por él. 

3.- Textualmente, el presidente dice: “Vamos muy bien en economía”. Si el rollo presidencial es un ejercicio de autosugestión, suena lógico. Pero seguramente no ha leído -o no le han leído- lo que dicen la OCDE, la Unión Europea (UE), las calificadoras internacionales y el Gobernador del Banco de México sobre la calificación negativa de PEMEX y la deuda mexicana, la baja de las expectativas de crecimiento para 2019 y la desaceleración económica que viene.

4.- Entre autohalago y ejercicio de refracción del “alter ego”, como quien juega un juego de espejos, el inquilino de Palacio Nacional aseveró: “El pueblo está muy contento con el cambio”. Le hizo falta definir qué entiende por “pueblo” y precisar dónde principia y termina éste y, acto seguido, arriesgar una idea de lo que él entiende por “cambio”. Esto, no sólo porque suele usar ambos términos con bastante ligereza, sino porque lo que ve el pueblo que él no ve es una regresión histórica.

5.- Respecto a esa cosa que llaman Ley de Austeridad Republicana, el vértice del poder advierte, sin autocrítica alguna, que falta “otra vuelta de tuerca”. El primer mandatario no alcanza a ver que, al paso que va, haciendo renunciar a funcionarios que saben de sus temas y desmantelando a las instituciones del Estado, terminará siendo el presidente de la nada en el centro de la nada.

6.- En materia de seguridad pública, Andrés López difícilmente se atreve a llamar a las cosas por su nombre y a hablar con la verdad. Mayo y junio de 2019 son los meses más violentos de los últimos años, pero aceptarlo no está en su catadura moral.

7.- Lo del Zócalo fue una verbena y kermesse de culto a la personalidad (la debilidad de los grandes dictadores), al grado de que se prohibió ingresar a los ambulantes que no llevasen entre sus mercancías souvenirs, gorras, llaveros, estatuillas, serigrafías y amuletos alusivos al Mesías.

8.- En lo que va de la actual administración se ha asesinado a 10 dirigentes del Congreso Nacional Indígena y a 6 periodistas. Esto, sin contar a los comunicadores que han conocido de cerca las fauces represoras de la 4T. Ante estos temas, la palabra presidencial, habitualmente incontinente, sencillamente enmudece.

9.- Si el mundo avanza a la eliminación de energías fósiles y al uso de energías limpias y alternativas, eso no importa. Lo que verdaderamente interesa es hacer del nacionalismo rinconero un subproducto reciclado del viejo “nacionalismo revolucionario”: de aquí lo faraónico del Tren Maya, de Dos Bocas, etcétera.

10.- El presidente, por sus miniejercicios de “democracia a mano alzada”, cree que la sombra de Pericles podría ser bienhechora para México. ¿Sabrá quien fue Pericles? ¿Entenderá las abismales diferencias sustanciales entre consultar a una comunidad de menos de 200 habitantes y consultar a un país de 123 millones? Digo.

Pisapapeles

Un hombre, llamado Gilberth Kate Chesterton, escribió un día: “Cada época es salvada por un puñado de hombres, que tienen el coraje de ser inactuales”.

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