Un país Alka-Seltzer

Por Leopoldo González

La imagen que mejor podría definir a nuestro país, hoy, es la de un país convulso.

El presidente Andrés López comienza a cosechar las tempestades de los vientos que sembró toda su vida, desde la oposición y fuera de ella, cuando su gran obsesión era alcanzar el poder.

Ahora su gran obsesión no es el poder sexenal sino la presidencia perpetua, por sí o a través de interpósita persona, con o sin Morena o incluso con una estructura personalista de carácter paralelo. 

Sin embargo, a pesar de que ya tiene el poder, el presidente López no se apacigua, no se centra ni sosiega: sigue sembrando viento sobre viento, retando y provocando a tontas y a locas como inexperto adolescente, tomando decisiones dictatoriales, incurriendo en medidas contradictorias y confrontando al país.

Según él y su séquito, están empeñados en el esfuerzo colosal de ir cambiando al país: no lo están cambiando, porque regresión histórica no es cambio. Más bien se lo están cobijando, unificándolo en su contra.

Hay varios signos y señales, informes de la misma casa presidencial y otros reportes que no han visto la luz, que indican que el presidente de la República anda nervioso porque las cosas no van bien en el país: en una reunión de gabinete legal y ampliado, la semana pasada, hasta perdió la cordura y regañó a varios secretarios de Estado.

Si no ha desautorizado ni interpuesto los recursos que prevé la ley contra la “Ley Bonilla”, de Baja California, la “Ley Garrote”, de Tabasco y la Ley de Extinción de Dominio de la Ciudad de México, es porque no es un demócrata a carta cabal, sino alguien que espera beneficiarse a la larga del esquema autoritario que subyace en esos ordenamientos. Como ya dobló a la Suprema Corte -con intimidaciones y expedientes negros- no espera que ese órgano de control constitucional resuelva según criterios judiciales, sino de acuerdo con consignas palaciegas.

El México de los días recientes es presa de “la bien fundada ira que hace ronca la voz”, diría Hannah Arendt, no sólo por el cúmulo de feminicidios (cifra récord en nuestra historia) y los pasmosos niveles de inseguridad (capaces de sepultar los es-pejismos de la 4T), sino por otras varias razones: obcecarse en el teatro de designar a una activista de Morena Ombudsman de la República; empecinarse en las torpeza sin cuento que han enfrentado y dividido a las policías federal y capitalina y la ya inminente aprobación (el 15 vence en plazo constitucional) de un Presupuesto Federal de Egresos que contiene, entre otras feas lindezas, un recorte del 23 por ciento a la creación de infraestructura productiva y un recorte del 43 por ciento en el gasto para el campo.

Procesos sucios e irregulares, afectados de ilegalidad, como el hecho de designar a un Ombuds Person que no da el perfil exigido por la Constitución; la zacapela de cientos y cientos de policías en Viaducto y Circuito Interior, por diferencias frente a sus mandos y respecto a la GN y, finalmente, veinte o veinticinco mil manifestantes tomando vialidades y estrangulando el Palacio Legislativo de San Lázaro, lo que indican es que crece -por los más variados motivos- una gran inconformidad e indignación en millones de mexicanos, por la forma necia y torpe en que se conduce al país.

Mientras esto ocurre en nuestra nación, cae en la Bolivia de Bolívar un Evo Morales que, tras catorce años en el poder, amenazaba convertirse en la triste encarnación de una de las dictaduras populistas que recorren la noche de América Latina, y entonces -ni tardos ni perezosos- los burócratas de la 4T se aprestan a sacar de sus rancias mentalidades la treta de un palabreo tan vano como vil, para presentar al depuesto presidente como víctima de los “perros del mal” del neoliberalismo.

Lo que hubo en Bolivia, el pasado domingo, no fue un Golpe de Estado sino una rebelión ciudadana -una revuelta cívica-, integrada por campesinos, indígenas cocaleros, trabajadores y estudiantes que, dispuestos a no tolerar un fraude electoral más de Evo Morales, tomaron la determinación -junto con un sector de las fuerzas armadas- de echarlo del poder. Por tanto, de Marcelo Ebrard para arriba y para abajo, todos en la 4T deberían revisar sus presupuestos teóricos sobre lo que es un Golpe de Estado, y en torno a lo que es una Revolución Cívica.

Lo que Evo Morales dejó en Bolivia no fue una presidencia democrática sino un golpismo populista. Lo que viene a hacer a nuestro país, con uno de sus “compañeros de viaje”, es muy sencillo: viene a reforzar y a apuntalar la aplicación de los dictados del Foro Social de Sao Paulo, con sueldo y privilegios del gobierno de Andrés López, para consolidar la noche populista que se prepara para México.

Pisapapeles

1).- La política del Alka-Seltzer es muy peligrosa: lo efervescente puede invadir hasta los más ocultos tejidos del poder.

2).- Cuando el poder enloquece todos estamos en peligro, incluido el que gobierna, porque todos quedamos expuestos al canibalismo del ámbito público.

leglezquin@yahoo.com

 

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