LA POESÍA ANTE EL MUNDO

 

A los organizadores del IX Festival Internacional de Poesía
“Palabra en el Mundo”.

 

Por Marcos Peña Gutiérrez

 

La poesía está vinculada, desde tiempos inmemoriales, a la verdad. Siendo el poeta, el bardo, un ser en extremo sensible, no puede sino captar la realidad de manera profunda, sintiendo en carne viva las desgarraduras del mundo, viviendo y haciendo vivir a sus lectores esos jirones de existencia en los que la emotividad a veces es parte del ensueño íntimo.

Pero que en ocasiones se convierte en un relámpago existencial en el que la palabra es protesta, blasfemia, subversión, lucha, pase de lista del yo histórico, mirada crítica sobre las miserias del mundo.

En el IX Festival Internacional de Poesía “Palabra en el Mundo” que se lleva a cabo en muchas partes del globo terráqueo, teniendo entre sus sedes a nuestra hermosa ciudad, la palabra del poeta resuena con tintes de humanidad doliente y de protesta, como un ¡ya basta! a toda esa cauda de crímenes que van cercando dramáticamente lo que de seres humanos tenemos.

Más no basta una semana para que la voz del poeta resuene en todo el universo.

El poeta debe ir más lejos, asumiendo una actitud crítica y congruente que reivindique todos los días los grandes valores de nuestra humanidad: justicia, dignidad, solidaridad, libertad, fraternidad, etc.

Efraín Bartolomé nos habla de la actitud que debe tener el poeta ante el mundo: congruente con su investidura, debe ser digno del nombre de poeta. En esa dignidad va una postura ante el devenir de los seres humanos, que debe ser congruente con las necesidades más apremiantes de la humanidad, porque a ella se debe, antes que a la Diosa Blanca, quien abraza la vocación de poeta.

En ese sentido debe haber en el poeta una fidelidad a su Ser de ser humano, a su conciencia, al respeto por el otro, al amor por el próximo y por la verdad, haciéndose responsable de alguna forma por los dolores del mundo, como propugnaban los existencialistas, entre ellos Jean Paul Sartre y Albert Camus; como lo hicieron Otho René Castillo, Ernesto Cardenal, el Octavio Paz crítico y solidario, Mario Benedetti, César Vallejo, León Felipe Camino, Efraín Huerta, Ramón Martínez Ocaranza, Tomás Rico Cano y un largo etcétera.

Entonces tenemos que invocar a los poetas que no han muerto, que nunca morirán, para compartir su posición vital ante el mundo.

Por ello, propongo que en el X Festival Internacional de Poesía “Palabra en el Mundo” se haga un recuento de las acciones valiosas realizadas por esos y otros poetas, históricamente hablando, con el fin de reafirmar la necesidad de que el poeta baje al mundo y no se quede anclado en el regazo de la Diosa Blanca, sino que comparta su sabiduría con quien hizo posible su formación: el pueblo, no importa de qué nación ni de qué cultura se trate.

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