El agua escasea de forma creciente y alarmante en el planeta, al punto de que su crisis podría ser la piedra de toque de las guerras y tensiones geopolíticas del siglo XXI.

Ya en la década de los setenta del siglo XX, muchos científicos, entre ellos Jeremy Rifkin, se atrevieron a pronosticar que las guerras del futuro estarían determinadas por la falta o la posesión del agua.

La raíz del problema es multifactorial, pues lo mismo contribuyen a la crisis del vital líquido la tala de bosques que altera los ciclos de la lluvia, la contaminación ambiental que ya horadó la capa de ozono, los cambios violentos en la vocación agrícola y forestal de la tierra, la multiplicación de la actividad industrial y el crecimiento no ordenado de la población.

El efecto más devastador de lo expuesto es el cambio climático global, que no sólo ha arruinado la frontera natural de las estaciones del año y los climas, sino que ha hecho imperar temperaturas extremas y catástrofes naturales sin cuento, como si la naturaleza intentase mostrar al hombre lo que puede hacer cuando este la desafía.

La generación de desechos sólidos y líquidos a los que no se administra eficientemente contamina el subsuelo; esta y otras contaminaciones -junto a la erosión- impiden la recarga de acuíferos; con mantos freáticos contaminados y sin acuíferos limpios no hay posibilidad de mantener vivos y activos los ciclos del agua.

En el fondo, el problema raíz es uno sólo: el hombre destruyó su relación de comunión con la naturaleza y, en tal sentido, se ha revelado como el peor depredador de su propio mundo.

Los torrenciales aguaceros que entre 2008 y 2010 tumbaron árboles sobre París e inundaron a varias capitales europeas, fueron un aviso de lo que podía acontecer si continuábamos agrediendo a la flora y la fauna, alterando los ecosistemas y dañando al planeta.

La sobreexplotación de ríos y acuíferos y el cambio climático impactan directamente en la reducción de las precipitaciones pluviales. Esto explica que en 2011 nuestro país haya vivido una de las peores sequías de su historia.

Las predicciones de grandes guerras por el agua no se han cumplido aún, para fortuna nuestra. Pero no faltan las batallas y conflagraciones regionales por el vital líquido.

De acuerdo con datos de la Organización de las Naciones Unidas, hasta 2018 se tenían detectados 263 conflictos internacionales como el de la Cuenca de Zambeze, la tragedia del Nilo, el drama del Volta en África, las batallas de Mali, Nigeria y el sureste chino, así como la confrontación en el Golfo de Bengala, en India, por la posesión del agua.

En México se tienen registrados al menos 916 conflictos sociales y comunitarios derivados de la lucha por el agua, entre los que se cuentan el de la presa Plutarco Elías Calles, conocida como El Novillo, en Sonora, que según Decreto de 1944 compartiría su agua con EU; el de la presa La Boquilla, en Chihuahua, cuyos agricultores se enfrentaron en 2020 al gobierno federal a causa del mismo Decreto y, el más reciente, la crisis por “estrés de agua” que hace meses enfrenta el Estado de Nuevo León.

En Michoacán el problema más añejo es el del Lago de Cuitzeo, que pasó de 4 metros de profundidad en 1946 a 20 centímetros en 2018, representando un problema de abasto de agua para los agricultores y ganaderos de la región; otro problema son la Laguna de Chapala y el Lago de Pátzcuaro que, por falta de presupuesto y despalotizadoras para limpiar el tule y el lirio acuáticos, tienen serios problemas para la recarga de acuíferos.

Las zonas urbanas pierden cerca del 40 por ciento de su agua potable por fugas en las redes de distribución, lo cual produce afectaciones en otras zonas, y el mismo fenómeno se observa en el agua destinada a la agricultura, donde se calcula una pérdida de 50 por ciento.

Los problemas de “estrés hídrico” serán globales en el mediano plazo, pero la mejor manera de enfrentarlos es local y cortoplacista, porque, como bien aseveró Keynes, “en el largo plazo todos estaremos muertos”.       

11 de las urbes más grandes del mundo, entre ellas Ciudad del Cabo, Bangalore, Pekín y El Cairo, enfrentan la posibilidad de quedarse sin agua potable antes de 2040.

Aunque los recursos hídricos cubren el 70 por ciento de la superficie de la Tierra, el agua dulce no es tan abundante como se cree: apenas representa el 3% del total de las masas de agua del planeta.

Si una de cada cuatro de las ciudades más grandes del mundo, comienza una crisis por “estrés de agua”, lo cual sucede cuando los suministros anuales descienden por debajo de 1.700 metros cúbicos por persona, esto significa que para aplicar soluciones al problema del agua ayer -quizás- fue tarde.


Pisapapeles

De cada uno depende la posibilidad de convertir los problemas en soluciones.

leglezquin@yahoo.com     

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