La travesía

JUEGO DE ESPEJOS EN LIBERTAD

¡Qué tiempos, qué costumbres!

Cicerón 

Por Leopoldo González

Tintero_Juan-Vazquez-SalazarLetra Franca llega a su Cuarto Aniversario de fundación, que se cumplió en este Abril de 2016, con la suma en su haber de varios logros, con un listado de pendientes por cumplir y con la mira puesta en ese más allá de aquí y ahora que es el horizonte abierto de nuestro futuro posible, de nuestra esperanza.

Esta tribuna, que siempre ha querido ser espacio del pensamiento libre, página abierta a una creación literaria sin adjetivos ni “ismos”, ventana de apertura y de visibilidad para nuevos creadores, asidero de una actitud crítica que promueve la discusión y la asepsia de nuestra vida pública y, desde luego: aire sereno de libertad para el que escribe con responsabilidad, para el que busca lecturas que lo interpelen y retroalimenten y para el que escucha con los ojos de la imaginación. Letra Franca ha logrado, en cuatro años, colocarse en el gusto de un público deseoso de ideas para entender nuestro tiempo, ser parte de la rica tradición de publicaciones literarias que distingue a la región Centro-Occidente de México, volverse pizarrón del discurso multicultural de nuestras inmediaciones y ser referente de la discusión intelectual que tiene lugar entre nosotros. Es decir, casi ningún asunto de trascendencia pública ha sido ajeno al examen, a la discusión, al análisis crítico o a la toma de posición de Letra Franca.

En cuatro años de constancia, de pasión por la palabra y de lucidez perseverante, Letra Franca ha publicado a más de 500 autores del país y el extranjero, en casi todas las áreas y disciplinas de la investigación, la divulgación, la creación y el ensayo, abordando los temas de interés social que han reclamado la mirada comprometida, el rigor creativo y la atención crítica de nuestros autores. A esta demografía autoral se debe, en buena medida, el prestigio académico, literario y periodístico que tiene a Letra Franca como una de las mejores publicaciones culturales del país.

En años en que Michoacán ha padecido casi todas las formas posibles de una crisis sistémica, con la concentración de todo tipo de problemas pasados y presentes en el espacio público y con una cauda de dificultades a las que no se les ve fin, nuestra publicación ha cumplido tres de las funciones básicas que se esperan de un medio de su tipo: ser imagen-espejo de la parte incómoda de nuestra memoria colectiva, asumir con decisión la voluntad crítica necesaria frente a lo que no funciona y lo que debe ser cambiado y, finalmente, hacer del debate un método y un medio para airear el conflicto y para sugerir antídotos y propuestas de solución razonables.

Hacer visible lo evidente, hacer visibles las costuras ocultas de la realidad que nos envuelve y plantear visiones que pueden o no ser del agrado de algunos, o que incluso frecuentemente pueden chocar con lo establecido, son actitudes de una ética intelectual que viene de lejos y que se sustenta en la búsqueda de la verdad y en la pasión por el ejercicio de la libertad. George Orwel –desde su lúcido rechazo a todas las formas del totalitarismo moderno- escribió, en una prosa fina y diáfana que mantiene su vigencia hasta nuestros días, que “la libertad del intelecto significa libertad para dar cuenta de lo que se ve, se escucha y se siente, sin estar obligado a fabricar hechos y sentimientos imaginarios”.

La búsqueda de la verdad y la pasión por la libertad, que son origen y apuesta de horizonte en la Letra Franca de cada día, de cada mes y de cada año, son bienes humanos e intelectuales que deben ser defendidos y preservados frente a toda tentación autoritaria, del signo que sea, porque de ello depende que podamos seguir teniendo una sociedad de personas humanas, de ciudadanos dignos y de lectores inteligentes capaces de afrontar los desafíos y las interpelaciones de la realidad.

Mientras en todo el país crece y se encona la pugna entre tradición y modernidad y Michoacán continúa varado en una crisis que, hasta hoy, es de largo aliento, nuestra publicación tendrá que seguir contribuyendo a frenar el deterioro del sistema democrático en todos sus niveles, porque es el único que garantiza un aire sereno de libertad para la discusión y recreación de las ideas, además de que brinda a la sociedad filtros y horizontes de oxígeno para que no perezca en la falta de respiraderos cívicos, en el olor a formol conceptual o en la tentativa de erigir -desde cierto pathos ideológico- las confabulaciones inconscientes de la asfixia colectiva.

Defender con actitud crítica y reflexión estructurante el Estado de Derecho; buscar sanear el aire del espacio público (tan denso en cegueras, sectarismos y prejuicios); promover la justa valoración y la tolerancia crítica hacia las instituciones públicas; desplegar esfuerzos crecientes a favor del respeto al principio de autoridad y, desde luego, intentar frenar y revertir el deterioro de la educación pública en la entidad, sin renunciar a la crítica correspondiente, son algunas de las tareas editoriales que habremos de seguir fomentando, pues, como bien escribió Fréderic Bástiat, “ninguna sociedad puede existir, si no impera en algún grado el respeto a las leyes”.

En su Cuarto Aniversario, Letra Franca no sólo sigue siendo zona de la razón imaginante: también es, y seguirá siendo, espejo de la diversidad cultural y del pluralismo crítico que han querido sus lectores, y espacio de diálogo y debate del pensamiento diferente, en, desde, por y para la libertad.

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