Día Internacional de la Poesía

Rosario Herrera Guido

El concepto de creación es muy amplio […]
todo lo que es causa de algo […]
pase del no ser al ser es ‘creación’ […]
todas las actividades que entran en la esfera
de todas las artes son creaciones
y los artesanos de estas, creadores o ‘poetas’ […]
Pero, sin embargo sabes que no se les llama poetas […]
que del concepto de creación se ha separado una parte,
la relativa a la música y al arte métrica […}
‘Poesía’ se llama tan solo a esta,
y a los que poseen esa porción de ‘creación’, ‘poetas’.

Platón, El banquete, o del amor.

La Poética


En griego, ποίησις (poíesis) es la dimensión más vasta de la creación, poesía en sentido específico, y ποιητής (poietés), creador o poeta. Poíesis para Aristóteles es lo verosímil (εικος). En palabras de Aristóteles: “Esto es verosímil, teniendo en cuenta lo que dice Agatón: es verosímil que muchas cosas ocurran en contra de la verosimilitud” (Aristóteles, “Poética”, Obras, Madrid, Aguilar, 1973:95).

Así reconocemos en Octavio Paz que: “lo poético no es algo que está fuera, en el poema, ni dentro, en nosotros, sino algo que hacemos y que nos hace” (Paz, El arco y la lira, México, F.C.E., 1979:168). Pues lo poético, según Paz, abarca la creación y auto-creación del universo. La naturaleza y la cultura forman un todo. Pero sólo los actos que desgarran el tiempo progresivo de la duración y la historia con el instante son poéticos. En lo poético adviene la otra voz que irrumpe en el poema o en la obra de arte, con un decir inesperado, algo que no había sido dicho o acontecido, que cuestiona al yo moderno como autor, que se aliena en su obra, y abre la dimensión colectiva y anónima del arte.


Por ello, Roger Munier, traductor al francés de El arco y la lira de Paz, susurra: “El arco y la lira es […] más que un ensayo sobre la poética, es una meditación sobre la condición humana, sobre eso otro que nosotros mismos somos y que la poesía nos revela por instantes” (Munier, “L’arc et la lyre”, Octavio Paz ou la raison poétique, París, Blandin, 1991:51).

El Poema

Les recuerdo que Ramón Xirau, el filósofo español, naturalizado mexicano canta: “El poema es cuestión de vida y es cuestión de muerte porque el ritmo es el hombre mismo manándose” (Ramón Xirau, Poesía y conocimiento, México, Joaquín Mortiz, 1978:196197). Porque el poema busca fijar el poder poético, las imágenes fugaces del mundo, sin alcanzar el último sentido. Y el mismo Octavio Paz advierte que en el poema: “[…] las frases de alinean una tras otra sobre la página y al desplegarse abren un camino hacia un fin provisionalmente definitivo” (Paz, El mono gramático, Barcelona, Seix Barral, 1974:56).

El poema se resiste a la interpretación, pues es un eco de eco que no quiere ser concepto. Aunque el poema aspira a una verdad más extensa que el concepto, ya que ante la imposibilidad de decir y aprehender el ser, se resigna a ser poema: “fugaz alegoría de los nombres verdaderos” (Paz). De modo que “[…] La poética más que un sentimiento es un trabajo al interior del lenguaje, es un proceso de construcción-denominación de lo real” (Javier González, El cuerpo y la letra, México, F.C.E., 1990:206).

“Lo que caracteriza al poema, es su necesaria dependencia de la palabra tanto como su lucha por trascenderla” (Paz, El arco y la lira, México, F.C.E., 1979: 185). De lo que se desprende que el poema moderno evoca el lenguaje original que quiere decir el mundo, cantar al ritmo del tam-tam. Como lo sugiere Roger Munier: “La célula del poema es la frase poética. Pero a diferencia de la prosa, la unidad de la frase […] no es el sentido o la intención significante, es el ritmo” (Mounier, “L’arc et la lyre”, Octavio Paz ou la raison poétique, París, Blandin, 1991:52).

La Poesía


Ante el acaecimiento más indefinible, Octavio Paz sólo musita: “La poesía pone al hombre fuera de sí y, simultáneamente, lo hace regresar a su ser original: lo vuelve a sí. El hombre es su imagen: él mismo y aquel otro. A través de la frase que es ritmo, que es imagen, el hombre, ese perpetuo llegar a ser, es. La poesía es entrar en el ser” (Paz, El arco y la lira, México, F.C.E., 1979:113). Una experiencia con la verdad de lo posible y de lo imposible, ya que es permanente deslizamiento de sentido que aspira a tocar lo sublime, en el sentido más kantiano: “lo grandioso, comparable a las pirámides de Egipto o el cielo estrellado”.


La poesía acerca singularidades opuestas sin anular su singularidad. Lo mismo hace la ciencia, pero las empobrece al mutilar su peculiaridad. La poesía es el corazón de la imagen poética que desafiando el principio de no contradicción, canta a través de San Juan de la Cruz “una música callada”, un oxímoron, un nuevo ser que no existía. Por ello la poesía lleva a su máxima tensión a la imagen poética a través de la analogía: “transparencia universal: en esto ver aquello” (Paz, El mono gramático, Barcelona, Seix Barral, 1974: 137).

La poesía es conocimiento. Este es el heraldo de El arco y la lira. La poesía nos inscribe en el mundo; es creación de conocimiento, de nuevos sentidos y otros seres. La poesía se cuela por las fisuras del pensamiento racional discursivo y se disputa la verdad. Pero la poesía pretende alumbrar el mundo antes que comprenderlo y explicarlo (para ponerlo a la luz y hacerlo nacer). La poesía, antes que someterse al pensamiento conceptual de la estética, es poética: aparición simultánea del hombre y el mundo. La poesía aborda una dimensión trágica censurada por la ciencia: la locura, la muerte, el sueño, el dolor, la pasión, el temor y el erotismo. La poesía es revelación, oráculo de nuestro destino trágico. Tal vez la poesía cura de la existencia, como la elevación mística, pero sin renunciar a la vida ni esperar la inmortalidad.

El Poeta

Desde Aristóteles, “poeta es sólo aquel que percibe las relaciones entre todas las cosas (Aristóteles, “Poética”, Obras, Madrid, Aguilar, 1973:100). Y es atravesado por la voz de la cultura y el pueblo: “La poesía, el más infalible heraldo, compañero y seguidor del despertar de un gran pueblo que se dispone a realizar un cambio de opinión y las instituciones. En tales períodos hay una acumulación del poder de comunicar y recibir intensas y apasionadas concepciones respecto del hombre y la naturaleza” (Percy Shelley, Defensa de la poesía, Barcelona, Península, 1986:65).


El poeta es el maestro de la analogía que capta la: “Analogía, transparencia universal, en esto ver aquello, más aún, esto es aquello” (Paz, El mono gramático, Barcelona, Seix Barral, 1974:137). Porque “[…] el decir del poeta es un acto que no constituye originalmente, al menos una interpretación sino una revelación de nuestra condición” (Paz, El arco y la lira, México, F.C.E., 1979:148). El poeta es el que baja al abismo tras las huellas de los dioses que se han ido, a riesgo de regresar demente, que no es quien ha perdido la mente sino el que vaga por otros caminos (Martin Heidegger).


El Poeta experimenta que el aprendizaje de la vida debe dar, al mismo tiempo conciencia de que la ‘verdadera vida’, según Rimbaud, no está en las necesidades utilitarias sino en el propio desarrollo y en la calidad poética de la existencia, que para poder vivir cada uno necesita, lucidez y comprensión y, las capacidades humanas. (Edgar Morin, La cabeza bien puesta, Buenos Aires, Nueva Visión, 2002:56-57).

El poeta filósofo, el filósofo poeta, como Platón o Schopenhauer, para quienes la filosofía era música, aunque comprometido con la exigencia conceptual, debería acceder a la elegancia poética e la escritura, como Parménides, San Agustín, Friedrich Nietzsche, Albert Camus, Jean Paul Sartre, Martin Heidegger y Michel Foucault, con sus poemas, diálogos, aforismos, ditirambos a Dioniso, novelas, entrevistas (Eugenio Trías, Pensar en público, Madrid, Destino, 2001:341-345).

 

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