El Amlo-despeñadero

Por Leopoldo González

Lo ideal es tener a la cabeza de los gobiernos gente sensata y prudente, mesurada y serena, formada e informada, liberada de prejuicios y curada de obsesiones, que entienda que no gobierna en función de sí misma sino en función de todo un país.

Pero no siempre se puede tener a los gobernantes ideales, a los mejores y más aptos, entre otras razones, por una muy sencilla: porque los pueblos se equivocan -y suelen equivocarse con bastante frecuencia.

Muchísima gente que por fanatismo, ignorancia, hartazgo o esperanza fue corriendo a sufragar por Andrés López, creyendo que el mesianismo del dios desconocido sería la luz de México, no sale aún del asombro de haberse equivocado tan garrafalmente, y arrastra su conciencia de culpa entre el shock y el arrepentimiento.

La conciencia de culpa que inquieta y aún preocupa a millones de mexicanos respecto a AMLO, nace del hecho de saberse en el error: creer a pie juntillas que le harían un gran servicio al país, cuando la evidencia empírica demuestra lo contrario: que se conduce a la nación al Amlo-despeñadero.

Una analogía y tres o cuatro botones de muestra bastarían para probar que el actual gobierno -eso sí, con muy buenas intenciones-, lleva al país de la institucionalización del deterioro a la institucionalización de la catástrofe.

La analogía: un director-gerente de empresa con visión de mercado, valga el ejemplo, habría sopesado con sumo cuidado análisis, diagnósticos, informes, pros y contras de una decisión de gran impacto, antes de colocar a su empresa en riesgo de quiebra y a punto de cierre fulminante, con las consecuencias que esto implicaría para la firma, el capital, los trabajadores y los beneficiarios indirectos de su funcionamiento. Al presidente de la República no le costó mucho trabajo cerrar las obras del Aeropuerto en Texcoco: apoyó la decisión en el estómago y el hígado ¡y listo!

Hace unos cuantos días, trascendió que dos jueces del Estado de México concedieron a particulares cinco suspensiones provisionales y dos suspensiones definitivas, que por sus efectos legales dejan en suspenso, momentáneamente, la construcción y/o ampliación de la base aérea de Santa Lucía. Es probable que a esas suspensiones dictadas por la judicatura se sumen otras, no sólo porque la obra es resultado de una necedad presidencial que se puede probar en alegatos, sino porque presenta inconvenientes topográficos, ecológicos, aeroportuarios, económicos y sociales. La respuesta del presidente a estas resoluciones judiciales no ha sido la de un jefe de Estado, dispuesto a cotejar razones en el litigio, sino la de alguien que no le entiende al litigio, a la economía, a las finanzas públicas ni a la política de la elección racional.

Ambas decisiones, la de cancelar el NAIM y la de dotar de mayor infraestructura Santa Lucía, ya están golpeando la imagen internacional de México, desacelerando la economía e introduciendo un clima de confrontación que puede convenir a los afectados de neurosis ideológica, pero no a México.

Los botones de muestra que prueban cierta actitud mentecata, una pavorosa improvisación en el equipo gobernante, su anestesia intelectual y el hecho de que llevan a México al “amlodespeñadero”, son del más variado signo.

La calificación de la deuda de PEMEX y de la deuda soberana de México ha caído, de forma consistente, en los primeros 200 días de gobierno, debido a que los organismos financieros y las calificadoras internacionales (Moody´s, Fitch y Standar and Poors) no perciben seriedad, claridad, confiabilidad ni certeza en la actual administración. Esto es, las veleidades en la cumbre del poder ya elevaron ambas deudas y han disminuido la calificación crediticia de México, a un costo que habremos de pagar todos los mexicanos. Este es sólo un botón.

El episodio en el que Andrés López, Marcelo Ebrard y otros aparecen entonando loas al aldeanismo y al chovinismo mexicano, no podía ser más patético. Perder en una negociación diplomática, y luego presentarse ante la masa como descendientes directos de Huitzilopochtli, mientras en la frontera sur se apalea y se echa a quienes buscan un mejor destino, fue un acto de esquizofrenia política. De haber presenciado el acto, Joseph Goebbels habría sonreído con perversa aprobación.

Otro botón que muestra la falta de oficio y conocimiento para gobernar, salió a relucir el lunes por la noche. El dato de que 300 clínicas del IMSS serán cerradas en el país, gracias a los ajustes de personal y a los recortes presupuestales que aplica Andrés López en el sector salud, no sólo indica que en la alta burocracia se ignora lo que es una política social, sino, además, que los elogios despechados de Germán Martínez a López Obrador han sido humo en los ojos: depurada pieza teatral de una suerte de fariseísmo (pus)moderno, en la que el comediante busca inútilmente esconderse de su propio drama.

México, en las actuales condiciones, se ha vuelto ensayo y forja de su propia desventura.

Pisapapeles

Libro recomendable: “Cuando los tontos mandan”, del escritor español Javier Marías. Lectura urgente, si lo que se desea es comprender nuestro tiempo.

leglezquin@yahoo.com

 

   

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