Expediente: Andorra

Se ganan el dinero,
por cierto no de forma honrada.
Constantinos Kavafis

Por Leopoldo González

La policía del principado de Andorra (país pequeñísimo, semioculto entre Francia y España), de acuerdo con la copia de un expediente en nuestro poder, logró lo que durante una década de “investigación” no pudieron lograr la Coordinación de Contraloría, la Comisión Inspectora del Congreso del Estado, la Auditoría Superior de Michoacán y la Procuraduría General de Justicia del Estado: indicios sólidos de la estafa financiera que se cometió en dos gobiernos con la construcción de la Presa Francisco J. Múgica, y además, nueva evidencia sobre los presuntos sobornos que la empresa brasileña Odebrecht ha venido entregando, desde 2008, a la presunta pieza clave de una enmarañada red de corrupción: Víctor Guerra Reyes.

La construcción de la Presa Francisco J. Múgica fue asignada, sin un concurso de licitación transparente y confiable, en 2007, a la empresa constructora brasileña Odebrecht, a un costo estimado de 1600 millones de pesos, que casi fue duplicado en la siguiente administración, la de Leonel Godoy, con justificaciones y argumentos que no resistirían un análisis de auditoría financiera serio e imparcial, ni una auditoría de obra realmente confiable y creíble.    

 

El expediente de la investigación (publicado hace unos días por Aristegui Noticias bajo la firma de Raúl Olmos) señala nombres muy conocidos, cargos públicos de renombre, años y montos de las transacciones: los nombres son los de Lázaro Cárdenas Batel y Leonel Godoy (“compañeros de viaje” del equipo de gobierno de AMLO), como contratantes de la obra a Odebrecht, y el de Víctor Guerra Reyes como responsable de la construcción de la “Presa Francisco J. Múgica” y presumible beneficiario directo de los sobornos de la empresa Odebrecht.

Recuérdese que en aquellos años, poco antes de asignar la obra a Odebrecht, Cárdenas Batel todavía enfrentaba serios y muy duros cuestionamientos, por haber asignado cuatro o cinco obras en el estado al empresario ahumado Carlos Ahumada Kurtz, que le habían redituado “jugosos ganancias” a él y a algunos más, al amparo de la función pública (Carlos Ahumada, DERECHO DE RÉPLICA -Revelaciones de la más grande pantalla política en México, Grijalbo, 2009), razón por la cual diversos analistas y el propio Congreso del Estado no sólo recibieron la propuesta de construcción de la presa “con reservas”, sino que intuyeron que podría tratarse de una maniobra más, de una triquiñuela para “marear” y encubrir negocios turbios al amparo del poder público.

De acuerdo con la investigación de la policía de Andorra, cuyo expediente fue obtenido por la Red Internacional de Periodistas “Investiga Lava Jato”, de la que forma parte Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad (MCCI), el cliente de nombre Víctor Guerra Reyes formalizó la apertura de la cuenta en la Banca Privada de Andorra (BPA) el 28 de septiembre de 2008, cuando aún estaba en construcción la presa en Michoacán, y el entonces Director de Infraestructura Hidroagrícola del gobierno de Leonel Godoy declaró que recibiría, de Estados Unidos o de Brasil, diferentes transferencias por entre 100 mil y 150 mil dólares, contando con un saldo inicial de 150 mil dólares.

Lo que de este expediente se deriva son muchas cosas: algunas muy claras, otras no tan claras y algunas más que tienen relación directa con la premisa: “seguir las rutas del dinero”, que todo catedrático de ciencia política recomienda a sus discípulos para descubrir los pasos ocultos, los pasos no tan claros, los traspiés y la trayectoria “impresentable” de ciertas biografías políticas, entre las que figuran muchas, muchísimas de nuestra sufrida Latinoamérica.       

Se podrá decir, a este respecto, que cualquiera puede abrir una cuenta bancaria en Andorra la Vieja o en Andorra la Nueva, o que incluso en Mexicotitlán de los Hervores cualquiera puede tener los dólares suficientes (o esperar que se los transfieran de “paraísos fiscales”) para abrir una cuenta en el extranjero, con el objeto de asegurarse una estabilidad monetaria a sí mismo y asegurar la de su descendencia (o de una parte de su descendencia).

Se podrá repetir, también, que, como bien afirmó Luis Inazio Lula Da Silva, “el violín es un instrumento musical que se toma con la mano izquierda y se toca con la mano derecha”, en lo cual siempre tuvo y ha tenido el apotegma lleno de razón, aunque ello implicara el balazo en el pie de describir los interiores y los ecos de la extraviada conciencia de casi todas las “izquierdas” del continente, incluida la impresentable conciencia de la “izquierda” mexicana. Se podrán decir y repetir muchas cosas, algunas con cinismo y otras con renovados bríos de ingenio. Lo que no cambia, pese al vuelo a veces desconcertante de las palabras, es la realidad. Las preguntas tampoco cambian la realidad, pero de vez en cuando la iluminan.

¿Un funcionario público menor, de pronto abriendo una cuenta bancaria en dólares, en Andorra, para transferir la mayor parte de la “tajada” a un funcionario mayor, perdón… a un exfuncionario mayor? ¿Un achichincle burocrático haciendo de las suyas, a espaldas del jefe, perdón… de los jefes? ¿Desde cuando los subalternos reciben sobornos sólo para sí mismos en el bajo mundo de la política? ¿Qué diferencial de bienes, de dinero y cuentas bancarias pueden exhibir estos exgobernadores, entre el antes y el después de su toma de posesión? ¿Cuál izquierda? ¿Tú también, Brutus? La clave de cualquier respuesta está en lo que ilumina la pregunta.

Al margen de las pesquisas legales y la eventual certeza jurídica, que un día pudieran exhibir los rostros ocultos del quebranto financiero de Michoacán, lo cierto es que algunos personajes de nuestra vida pública difícilmente podrían soportar lo que sobre un rufián escribió Osamu Dazai: “Engañar a los demás es vivir en el infierno”.

 

 

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