Justicia de utilería

Por Leopoldo González

Aunque dentro de Morena puede encontrarse a corruptos del pasado y el presente, ese partido y su gobierno han hecho del “combate frontal a la corrupción” su principal núcleo propagandístico y uno de los ejes de su estrategia de comunicación política.

A juzgar por las declaraciones tronantes contra “impuros” e “impíos”, pareciera que dicho combate a la corrupción forma parte de una cruzada de purificación nacional, en la que sólo la cruz, la espada y la hoguera podrían librarnos de semejante mal. 

Independientemente del uso burdo -de suyo utilitario e inmoral- que se hace del sentimiento religioso, que lo mismo sirve para “blindar” impurezas de los aliados que para exagerar y demonizar las impurezas de críticos y adversarios, la idea del “combate frontal a la corrupción” en el ilusionismo populista, además de ser un ardid publicitario sancionado por el Foro Social de Sao Paulo, es circo para cautivar a la masa de los fieles impenitentes e instrumento de cacería del otro: el que no entona ni quiere entonar loas al sectarismo de la uniformidad.

Combatir la corrupción y la impunidad es algo magnífico, cuando combatirlas es asignatura de Estado a la que se ha dotado de transversalidad y de un deber de saneamiento parejo e integral de la vida pública. Este, sin embargo, no parece ser el caso de la 4T.

Que se busque debajo de las piedras a Emilio Lozoya, a su familia y los posibles cómplices de la llamada “estafa maestra”, y que además se desate una encarnizada ofensiva “judicial” contra Rosario Robles, desde una fiscalía supuestamente autónoma, y se la lleve a una prisión federal violando las garantías más elementales que asisten a un indiciado, entre las que figuran el principio de presunción de inocencia y el derecho al debido proceso, sólo puede explicarse por la aviesa colocación de las instituciones de justicia al servicio de los caprichos y la pulsión de odio presidenciales.

Disfrazar de “combate a la corrupción” los “ajustes de cuentas” entre viejos “compañeros de viaje”, que vienen de cierta izquierda y van a donde los lleve el aire del oportunismo, no es sólo un indicio de corrupción mental: lo es, también, de corrosión ética.    

 El hilo que separa el “combate a la corrupción” de la “cacería de brujas” es muy delgado, indistinguible y casi invisible. Pero existe. No es el hilo de Ariadna sino el hilo que separa la limpia y correcta administración de justicia del juego político sucio, en el que cualquier medio se justifica si el fin es la eliminación sumaria del adversario.

 Lo que hoy hace el personalismo político presidencial al desatar la feroz cacería de los corruptos de las casas vecinas y replegar a la sombra a los corruptos e impunes de la propia, se explica por la caída en encuestas del inquilino de Palacio: de algo había que agarrarse para no caer más hondo.

No obstante, esto también se explica con base en la justicia selectiva del juarismo, que aconsejaba administrar “Justicia y gracia” para los amigos y para los adversarios “Justicia a secas” y, a veces, justicia de hierro.

 En este sentido, pese a que se descubran y denuncien -como ya ocurrió- actos de corrupción en el Programa “Jóvenes construyendo el futuro”, en ahorros y subejercicios sin soporte del Gobierno Federal y en la mismísima “partida secreta” del presidente (que es 23 veces superior a la de Salinas), no se dejará caer “todo el peso del Estado” sobre los corruptos, porque el circo que vivimos no se trata de eso: se trata, nada más, de “ver la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio”.      

Todo este afán persecutorio del diferente, desplegado desde el vértice del poder, crea un antecedente sumamente peligroso para México. Ese antecedente, que ojalá sólo sea fruto de especulación y no llegue a entrañar riesgo alguno para nadie, tiene dos filos: el primero es la colocación de las instituciones de justicia al servicio discrecional de las fobias y pulsiones del primer mandatario; el segundo radica en que el poder sin límites y ejercido a capricho, podría generar desórdenes irreparables y volverse instrumento de opresión o aval de una empresa de dominación.

Esto, desde el punto de vista que se lo quiera ver, no son buenas noticias para México. Ninguna catástrofe trae buenas noticias para nadie.

PISAPAPELES

Cometer injusticias contra la razón y creer que se está en lo correcto, es una forma de estar equivocado.

leglezquin@yahoo.com

 

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