LA CARTA DE MANUEL CASTELLS SOBRE BRASIL

Por Ernesto Hernández Norzagaray

La tarde del martes pasado llegó una comunicación por WhatsApp de la amiga antropóloga Patricia Molinar, donde venía la carta que había puesto a circular Manuel Castells, el reconocido sociólogo y economista español, alarmado como muchos por el 46% de los votos que obtuvo el candidato “fascista, defensor de la dictadura militar, misógino, sexista, racista y xenófobo” brasileño Jair Bolsonara, que prácticamente lo pone en la antesala del Palacio do Planalto, la residencia oficial del poder ejecutivo.

Sin embargo, la posibilidad de que logre el 4% más 1 restante va a depender mucho de lo que hagan o deje de hacer la opinión pública, los partidos políticos responsables, que tendrían que llamar a votar en contra de este personaje ultraderechista y a favor por Fernando Haddad, el candidato alterno a la candidatura de Lula da Silva, que ha quedado en un distante segundo lugar con 29% de los votos emitidos.

Estos porcentajes suenan ilógicos luego de que uno o dos meses atrás el candidato puntero era el petista Lula da Silva, que se encuentra en prisión por actos de corrupción que nunca se han podido acreditar satisfactoriamente; sin embargo, esto que se ha considerado una patraña legal para sacarlo de la lista de candidaturas presidenciales ha elevado los bonos del ultraderechista Bolsonara, primero en las encuestas y más tarde en las urnas.

¿Qué está en la mente de millones de votantes cariocas? ¿Dónde radica la explicación de este desplazamiento de los votantes a favor de este personaje que amenaza derechos democráticos conquistados, y que acaba prácticamente con el sistema de partidos? Lo más grave es que está a unos cuantos pasos de convertirse en presidente.

Se podrá decir que lo alcanzado por Bolsonara en primera vuelta es producto de la llamada crisis de los partidos tradicionales que han sido incapaces de tener una salida a la crisis económica que abate a las mayorías del grande sudamericano y qué es un mensaje claro contra la corrupción política.

Ese tipo de respuestas genéricas en el mejor de los casos explican una parte del desplazamiento del voto de los brasileños, lo que no queda claro, es porque sucede masivamente en un país con un pasado inmediato progresista.

Acaso, ¿las elites brasileñas han optado por este personaje para borrar de una vez por todas las opciones progresistas? No se olvide que estas siempre han estado detrás de las peores causas como el golpe contra el presidente Joao Goulart en marzo de 1964 o, el más reciente, contra la presidenta Dilma Rousseff, a quien se le botó por una reasignación presupuestal, algo que los gobiernos hacen todos los días.

Más aun, cómo el sistema electoral brasileño contempla la segunda vuelta electoral o, dicho en otra forma, el ballotage, la diferencia de 17 puntos porcentuales se presenta como insuperable de no sumar todo el electorado moderado y progresista en torno a Haddad, que es la otra opción que aparecerá en la papeleta el próximo 28 de octubre.

Solo, así, existe una posibilidad de triunfo electoral, para impedir el de este personaje que está a tono con las tendencias neofascistas que recorren el mundo y que podrían repetir aquella experiencia alemana de principios de 1933, que permitió democráticamente el 30 de enero la llegada a la cancillería de Adolf Hitler y, posteriormente, solo cuatro semanas después, destruyó simbólicamente la democracia incendiando la sede del parlamento alemán (el Reichstag) e iniciando la persecución contra los comunistas.

Ante ese riesgo inminente en Brasil, y otros, es que el autor de Comunicación y Poder (Alianza Editorial) hace este llamado a los intelectuales del mundo:

“Amigos intelectuales comprometidos con la democracia:

Brasil está en peligro. Y con Brasil, el mundo, porque después de la elección de Trump, de la toma del poder por un gobierno neofascista en Italia y por el ascenso del neonazismo en Europa, Brasil puede elegir presidente a un fascista, defensor de la dictadura militar, misógino, sexista, racista y xenófobo, que ha obtenido 46% en la primera vuelta de las elecciones presidenciales. Poco importa quién sea su oponente. Fernando Haddad, la única alternativa posible, es un académico respetable y moderado, candidato por el PT, un partido hoy día desprestigiado por haber participado en corrupción. En una situación así, ningún intelectual, ningún demócrata, ninguna persona responsable del mundo en que vivimos, podemos quedarnos en una indiferencia generalizada hacia el sistema político brasileño. Pero la cuestión no es el PT, sino la presidencia de un Bolsonaro capaz de decir a una diputada, en público, que “no merece ser violada por él”. O que el problema con la Dictadura no fue la tortura, sino que no matara en lugar de torturar. Yo no represento a nadie más que a mí mismo. Ni apoyo a ningún partido. Simplemente, creo que es un caso de defensa de la humanidad, porque si Brasil, el país decisivo de América Latina, cae en manos de este deleznable y peligroso personaje, y de los poderes fácticos que los apoyan, los hermanos Koch entre otros, nos habremos precipitado aún más bajo en la desintegración del orden moral y social del planeta, a la que estamos asistiendo. Por eso les escribo a todos ustedes, a los que conozco y a los que me gustaría conocer. No para que suscriban esta carta como si fuera un manifiesto al dictado de políticos, sino para pedirles que cada uno haga conocer públicamente y en términos personales su petición para una activa participación en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, el 28 de octubre, y nuestro apoyo a un voto contra Bolsonaro, argumentándolo según lo que cada uno piense, y difundiendo su carta por sus canales personales, redes sociales, medios de comunicación, contactos políticos y cualquier formato que difunda nuestra protesta contra la elección del fascismo en Brasil. Muchos de nosotros tenemos contactos en Brasil, o tenemos contactos que tienen contactos. Contactémoslos. Un mensaje de WhatsApp es suficiente, o una llamada telefónica personal. No nos hace falta un # (hashtag). Somos personas, miles, potencialmente hablando a millones, en el mundo y en Brasil, porque a lo largo de nuestra vida hemos adquirido con nuestra lucha e integridad cierta autoridad moral. Utilicémosla en este momento, antes que sea demasiado tarde.

Yo lo voy a hacer, lo estoy haciendo. Y simplemente ruego que cada una/uno haga lo que pueda”.

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