El expresidente de los Estados Unidos, el señor Trump, que ha estado sobándole la melena al león desde antes de dejar la Casa Blanca, se encuentra a punto de que la justicia estadounidense le caiga encima.

No es una persecución ni un deseo de venganza política lo que tiene en la mira a Trump, sino el enorme manojo de delitos fiscales y electorales cometidos antes y durante su mandato al frente de los Estados Unidos.  

Y no podía ser para menos, pues en las democracias -y con más razón en la democracia más sólida del mundo- la ley no sólo es la ley, sino que está por encima de quienes pretenden negarla, burlarla o violentarla, independientemente de qué tan bravucones o fanfarrones sean en sus declaraciones públicas. ¡Y vaya que Trump lo es por partida doble!

Aparte de los delitos de evasión y defraudación fiscal, que cometió antes de ser presidente de EU y acentuó durante su mandato, al declarar falsos ingresos en sus empresas y supuestas “quiebras” para evitar el pago de impuestos, Donald Trump cometió, además, delitos contra la función pública y delitos electorales en la contienda en que ganó Joe Biden, y es por ello por lo que la justicia norteamericana lo tiene en la mira.

En especial, las audiencias en el Congreso y el Capitolio, celebradas la semana pasada, revelaron tal cúmulo de evidencias y dejaron al descubierto la descarada injerencia presidencial para evitar el triunfo de Biden, que será difícil que el Departamento de Justicia no las use para actuar en contra de Trump.

A dichas audiencias se convocó mediante citatorio a exfuncionarios de Trump, líderes de su propio partido (el Republicano), funcionarios de justicia en activo e incluso militantes del Partido Republicano (PR) en Pensilvania, Arizona y Georgia, las cuales arrojaron tal cúmulo de testimonios y evidencias sobre la conducta delictiva de Trump, que por ello es imposible que el Procurador General de EE.UU no vaya tras él.

Pese a que los agraviados en la contienda de 2020 fueron demócratas, no hay ningún militante de ese partido que haga causa en las denuncias contra Trump, lo cual es indicador de la delicadeza y escrúpulo con que se está integrando el pliego acusatorio contra Donald J. Trump, por delitos que evidentemente cometió.  

Así, los acusadores de Trump son los propios republicanos: son ellos los que fueron sometidos a presión y chantajeados por el expresidente, para que a toda costa impidieran el triunfo y la toma de posesión de Joe Biden.

Donald Trump le pidió a la presidenta del Partido Republicano, Ronna McDaniel, que reuniera electores falsos en los estados de Pensilvania, Arizona y Georgia, y que él arreglaría que los dejaran entrar a las sesiones del Colegio Electoral. Ronna McDaniel se negó, categóricamente.

Al exprocurador Rosen Trump le pidió, personalmente en el Salón Oval de la Casa Blanca, que declarara la invalidez de las elecciones. El exprocurador Rosen, sabiendo de que se trataba, le respondió en su cara a Trump, solamente con cuatro palabras: “Por supuesto que no”.

Luego, Trump le pidió lo mismo al subprocurador Jeffrey Clark, que mintiera para manchar el proceso electoral, lo que finalmente no se concretó.

Muchos que han declarado la forma en que Trump los chantajeó, presionó e intimidó, no sólo para evitar su derrota, sino para instigar a la masa a la toma del Capitolio, con el fin de impedir el triunfo y la toma de posesión del candidato victorioso, Joe Biden.

Donald J. Trump, quien en el colmo de su soberbia ha alardeado de ser muy, pero muy astuto, esta vez se quedó con un palmo de narices: perseguido por su conciencia y acorralado por la justicia.

Nada más tomemos nota del peso y el perfil de los acusadores: está Jeffrey Rosen, procurador en funciones en la recta final del gobierno trumpista, quien se negó a declarar que las elecciones habían sido “ilegales o corruptas”, como le pedía Trump; Ronna McDaniel, presidenta del Partido Republicano; funcionarios y exfuncionarios de tres estados de la unión americana y, desde luego, el actual Procurador General de los EE.UU.

Las presiones de Trump a multitud de funcionarios, quienes se negaron a violar la ley, no prosperaron. Se negaron a jugarle sucio a su democracia y su país, a seguirle el juego sucio a Trump el sucio. Con ello, salvaron a su nación del bache democrático que hoy viven otros países.

El porcentaje de votantes que apoya la presentación de cargos criminales contra Trump, aumentó de 52 a 58 por ciento entre abril y junio. Esto puede conducir a la formación de un Gran Jurado y a uno de los juicios más célebres contra un expresidente de Estados Unidos.

Por ello, es posible que en los próximos días se judicialice la carpeta contra Trump, por haber cometido actos delictivos en materia fiscal y electoral, que pusieron en peligro a la democracia estadounidense.


Pisapapeles

Ojalá un día podamos repetir en México: “Si ves las barbas de tu vecino cortar…”.

leglezquin@yahoo.com

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