El antifeminismo de Morena

Por Leopoldo González

Morena es el partido más importante de México, no sólo porque tiene dominio del Ejecutivo y de las dos cámaras del Congreso, sino por su amplia base social.

Beneficiario de un siglo de tradiciones de izquierda en México, era el cauce natural para que por él se expresaran los campesinos, las mujeres, los trabajadores, los académicos, la sociedad toda.

Su llegada al poder, si hubiese tenido materia gris en la sesera y sentido de la dignidad popular, habría significado que México no volvería a vivir ninguno de los problemas de la herencia neoliberal.

Reorientar al país, no destruirlo; consumar un cambio democrático de régimen, no concentrar los poderes del Estado en un ego enfermo; hacer que valiera la pena el cambio, no decepcionar y entristecer a millones que en pocos meses ven a Morena y la 4T como la peor de sus apuestas. Esos eran los grandes retos.

Pero lo deseable no es siempre lo posible y lo posible no es siempre lo correcto. La política militante casi siempre se encarga de hacer visible el lado oscuro de la condición humana, sus miserias y ruindades.

Morena llegó al poder diciéndose feminista, pero ha cancelado 11 programas de la Agenda de las Mujeres y en su gobierno se ha cometido la más alta cantidad de abusos y feminicidios en la historia de México.

El día que las mujeres debieron recibir el apoyo y aplauso del amlomorenismo, se hizo una reunión a puerta cerrada, encabezada por la inepta Secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, en la que se pudo comprobar -una vez más- que los acólitos del obradorismo viven una realidad paralela, sin conexión con el México real.

En la calle y los alrededores de Palacio las mujeres se batían en una campal con policías y granaderos, quienes les arrojaron gas lacrimógeno y gas pimienta para disolver la manifestación y la protesta.

Cuatro mujeres que ejercen el fotoperiodismo en medios y agencias nacionales, fueron agredidas por los granaderos de Claudia Sheimbaum: ellas son Graciela López, Sashenka Gutiérrez, Gabriela Esquivel y Leslie Pérez.

Quedó muy claro ahí, en la refriega del 8 de marzo, que un gobierno que no responde con diálogo y propuestas a los justos reclamos de las mujeres, sino con violencia, es un gobierno antifeminista alineado con un pacto patriarcal.

También fue claro que las mujeres, ante la sordera del morenismo, han tomado la vanguardia y son la principal columna de crítica e impugnación de lo que representa la 4T para millones de mexicanos.

El presidente de la República que ha mentido a voz pública diciendo que él no reprime, ya vimos que conoce el lenguaje de la persecución y la represión, aunque lo suyo sea conducirse con una doble moral.

El político que había ofrecido que “haría entrar en razón a Trump, porque los muros no resuelven nada”, hizo levantar un Muro de la Vergüenza para blindar Palacio Nacional, porque de ese tamaño es el miedo de él y de su gente. Gracias a la creatividad y astucia de la furia morada, ese muro terminó convertido en Memorial de Víctimas para probar la incompetencia de Morena en el poder.

Ese muro metálico fue pagado con recursos de todos los mexicanos, incluidos los que no avalan las políticas de AMLO y su partido.

Cuando un gobierno que viene de la prédica incendiaria y la barricada social criminaliza la crítica y la protesta de los disidentes, estamos frente a uno de los rasgos más graves y evidentes de autoritarismo unipersonal.

Por ello, conviene un grito a tiempo: Escuadrones de activistas enajenados, sometidos por la chequera clientelar del Estado Unipersonal y el señuelo de estatuir el paraíso en la tierra, serán la quinta columna electoral del obradorismo en la elección de 2021.

A veces parece que, entre el canibalismo de Huitzilopochtli, la lanza del Cid y el garrote de Torquemada, López Obrador escoge el canibalismo, la lanza y el garrote para torturar a un pueblo que ninguna culpa tiene de su rencor, su odio, sus complejos y frustraciones. Ni el presente ni la historia lo absolverán.


Pisapapeles

Escribió Octavio Paz: “Los estilos de gobernar, sin excluir a las tiranías, corresponden a la historia y al carácter de cada pueblo”.

leglezquin@yahoo.com  

 

 

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