El Frankestein del poder

Por Leopoldo González

En la mañanera del lunes, porque le sigue molestando e irritando que las cosas no se hagan a su modo, el presidente Andrés López anunció, con cierto enfado, una iniciativa de reforma electoral para asegurar la “renovación tajante” del INE y del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF).

Pese a que el INE tiene números que lo avalan y es una de las instituciones con la mayor aprobación entre los mexicanos, que incluso supera al ejército y al Ejecutivo, ya se le metió en lo necio a Andrés López que no funciona bien y debe ser cambiado de forma tajante.

Antes, cuando el TEPJF era manejado por José Luis Vargas Valdez, un alfil de contentillo conocido como “magistrado billetes”, todo era miel sobre hojuelas para Andrés López, porque fungía en el tribunal como operador del humor autoritario presidencial. Pero ahora, cuando los magistrados dan muestras de dignidad y no acatan consignas, vengan de donde vengan, a Andrés López le parece que deben irse.

Por ese camino, que prueba el autoritarismo presidencial que tantos chairos niegan, el riesgo no es agregar una mancha más al tigre, sino que tal mamífero no sea ya tigre sino pantera. Moraleja: hasta en los felinos hay niveles, porque hay de mamíferos a mamíferos.

No es esta la primera vez que Andrés López pretende sustituir algo que sí funciona por algo que no; tampoco es la primera ocasión que intenta desbaratar y arrodillar instituciones, sólo porque no se alinean con el gen autoritario que manda en él.

Ya antes hizo añicos la noble tradición de defensa de los derechos humanos, desmantelando lo que era la CNDH, para poner en su lugar a una empleada menor que es antimodelo de ombudsman, la señora Rosario Piedra Ibarra. Igual ocurrió con el cambio del Seguro Popular al INSABI, que, por su mal diseño y pésima operación, dejó a 18 millones de mexicanos sin servicios de salud. La lista de los desvaríos es inmensa, pero dos botones de muestra contribuyen a ilustrar el sustento de la afirmación. 

La mañana del lunes, cual talibán criollo escudado en la cimitarra, Andrés López -al fin “artista del insulto”, según Gabriel Zaid- se dio gusto repartiendo epítetos y alambradas verbales a los integrantes del INE y el TEPJF. Dijo que los partidos crearon a estos “Frankestein a imagen y semejanza de sus intereses”, por lo cual deben ser eliminados ipso facto. Como si fuese autoridad en materia de filosofía de la democracia, agregó: “No son demócratas, no respetan la voluntad del pueblo”.

Ya sabemos que lo que gratuitamente se afirma, gratuitamente se niega. Lo deplorable es el nivel de párvulos a que ha sido rebajado el poder presidencial en México.

La antropología de la vida social, la teoría de la democracia y la sociología política mucho podrían aportarle a una gente que poco sabe y menos entiende de ello. Claro: hay que tener humildad y estar dispuesto a aprender. 

A estas alturas, luego del honroso prestigio de más de 30 años alcanzado por los órganos electorales, pretender su reforma o intentar meterles mano sólo se justificaría si no fuesen fieles al régimen constitucional, no observasen en sus decisiones los principios constitucionales que rigen un proceso electoral, fuesen instancias ´trinqueteras´ al servicio de un partido o una mafia de poder y además estuviesen en manos de ineptos. En ningún supuesto parece ser el caso.

Dijo el presidente Andrés López que “tanto el INE como el TEPJF están mal”. Esto se puede entender de muchas formas: como impaciencia autoritaria o exceso verbal.

Los órganos electorales funcionan bien hoy, porque no están subordinados a ningún órgano de gobierno ni sirven a ningún partido o grupo de poder en especial, como ocurría antes de 1997.

Gracias al régimen de su autonomía jurídica, que les da potestad sobre cualquier chantaje fáctico, exigencia ilícita o ante cualquier pelafustán, los organismos electorales se sitúan constitucionalmente más allá del juego electoral y político y de sus actores, incluidos el gobierno y el Estado como entes jurídicos.

Lo que en el fondo busca Andrés López es ser él quien dicte qué hacer a los órganos electorales, como si México fuese émulo o réplica de naciones impresentables como Cuba, Venezuela o Nicaragüa; o bien, hacer de la Secretaría de Gobernación, mediante una ficción jurídica o un eufemismo, la responsable administrativa y jurisdiccional de los procesos electorales. Esto es lo que verdaderamente busca: un salto regresivo a la década de los sesenta, cuando el gobierno organizaba, autocalificaba y consumaba atracos en los procesos electorales.

Y esto lo busca Andrés López, el que se dice y se cree demócrata de pies a cabeza, porque están a la vuelta la consulta de revocación de mandato de 2022 y la elección presidencial de 2024. 

Desde este ángulo de ideas, queda clara y al desnudo la tentación autoritaria. Ni más, ni menos.


Pisapapeles

Escribió Roland Barthes en “Fragmentos de un discurso amoroso”: “La palabra no debe entenderse en un sentido retórico, sino más bien en sentido gimnástico o coreográfico”.

leglezquin@yahoo.com

www.letrafranca.com 

 

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