El Golpismo, con “G” de Gatell

Por Leopoldo González

Hugo López Gatell, subsecretario de salud, asistió hace unos días al programa “El Chamuco-TV”, de Canal 22, que dirigen los moneros El Fisgón, Hernández y Helguera (en paz descanse este último), y ahí afirmó que se abre paso una “narrativa golpista” contra la 4T, de la que forman parte los niños con cáncer, y además las mamás y los papás que hacen eco de la conjura de la derecha internacional contra el actual régimen.

Desconozco si en tales declaraciones del señor Gatell, influyó el hecho de que ese día entró en vigor en el país el uso lúdico y recreativo de la marihuana, en muy pequeñas dosis. No lo sé.

Desconozco, también, si el señor Gatell suele usar otras sustancias para animarse un poco, o para dar a sus palabras la fuerza y certeza de convicción de un veredicto inatacable.

Lo que dijo el señor Gatell ese día, a cuadro y en TV abierta, fue además apoyado con fervor y asentimiento por sus interlocutores, a quienes se conoce como aguerridos “moneros” con garra, pero que esta vez prefirieron guardar tinta, filo, sarcasmo y garras, porque estaban -ni más ni menos- frente a un Gatell.

Lo menos que hizo El Fisgón (Rafael Barajas) esa noche, para dar a entender que la de estos niños y papás “golpistas” era una mascarada -abaratando, de paso, el sarcasmo crítico que la cultura y la modernidad asignan al monero y sus monos- fue decir que el peregrinar incansable de estos niños y enfermos oncológicos en busca de atención, era “una telenovela bien montada”. De lejos se ve que El Fisgón no conoce al señor Epigmenio Ibarra, experto tramoyista y camarógrafo-estrella de las telenovelas de la 4T.

Es un hecho que, por la razón que sea, el actual gobierno ha tenido serios problemas para mantener el abasto de medicamentos en todo el país, y no únicamente del cuadro oncológico indispensable, sino de los que forman parte del cuadro general para atender diabetes, leucemias, infecciones, taquicardias, hemodiálisis, hemorroides y demás.

Y no es el caso salir hoy con fintas, para justificarse y exculparse, a decir que “es que antes las cosas se hacían de otra manera”. Es menester ver el “antes” como el antes: un tiempo que ya pasó, y ver el “ahora” como lo que es: un tiempo líquido que se realiza con decisiones de poder y horarios de hoy. El caso, para entendernos, es que antes las cosas funcionaban y ahora no. Ergo: el problema no es el ayer ni el hoy, sino la eficacia. 

El problema con las palabras del señor Gatell no es sólo la eficacia, sino también la ética, porque ahí donde el desabasto de medicinas para niños y adultos con cáncer se podría subsanar con contratos de compra y distribución inmediata, ante farmacéuticas nacionales o internacionales que lo que quieren es vender y no complotarse con nadie, lo que él y el sector salud han hecho es aplicar criterios de dudosa limpieza burocrática y austeridad, cuando el bien mayor aconseja evitar el sufrimiento evitable y salvar vidas humanas.

El otro problema con las palabras del señor Gatell es su manufactura extralógica: nos quedamos esperando que un científico de la medicina iluminara la realidad con su palabra y ofreciera antídotos y respuestas a una comunidad a la que le duele haber enfermado. Pero no, el señor Gatell no ha estado ni está a la altura de sus desafíos profesionales, porque a lo largo de toda la pandemia y ahora mismo, no ha sido capaz de señalar y defender con dignidad los criterios científicos que llevarían a controlar y resolver una crisis de salud, sino que ha sacrificado la ciencia -su ciencia- a los irresistibles encantos del poder.

Una cuestión más, sobre Gatell, es que, a diferencia del Doctor Mengele, que ciertamente cumplía funciones deshonrosas para la ciencia y al servicio del Fhürer, el galeno mexicano se ha ganado a pulso, en redes sociales, el epíteto de “Doctor Pelele”, por sus honrosas (para él) contribuciones al culto a la personalidad.

Es muy probable que pronto abordemos el lugar que ocupan las “teorías de la conspiración” en Morena y la 4T, por aquello de que estos santos varones, en lugar de ver de frente a la realidad y comenzar a solucionar los problemas del país, parecieran tener un catálogo mágico de teorías de la conspiración que aplican según el tema y la circunstancia, pues ningún funcionario federal se asume responsable de la descomposición que vive el país y todos se conducen bajo el principio: “A alguien hay que echarle la culpa de lo que pasa”, como le sucedió al señor Gatell la noche de la entrevista con los moneros.

Algo que hay que agradecer al presidente de la República, es que, al llegar al tercer año de su triunfo electoral, para lo cual faltan unos días, informa con aplomo y buen ánimo que su gobierno sigue haciendo esfuerzos inauditos por resolver la falta de medicamentos oncológicos, y de medicamentos en general.

Al señor Gatell y al titular del Ejecutivo, conviene informarles -con aplomo y buena presencia de ánimo- que también los niños y los enfermos oncológicos que hay en el país hacen esfuerzos inauditos por conservar el aplomo, la buena presencia de ánimo y la vida.


Pisapapeles

Lo dice Greg Miller: “Las teorías de la conspiración satisfacen necesidades psicológicas básicas”. 

leglezquin@yahoo.com

 

          

 

    

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