El país puede estar cayéndose a pedazos, como de hecho ocurre, pero Morena y los acólitos del obradorismo ni sudan ni se abochornan: lo suyo es estar pendientes de lo que suceda al titular del Ejecutivo.

En la agenda exterior, los ojos del mundo ven a México como juguete de un personaje delirante, del cual se hace burla y mofa en la televisión abierta de los Países Bajos, Gran Bretaña, Francia y España.

En Madrid, el Ministerio de Exteriores negó el beneplácito al nombramiento de Quirino Ordaz como embajador de México, mientras Panamá hizo lo propio con la designación de Pedro A. Salmerón. En ambos casos, los gobiernos de esos países se niegan a reconocerlos y a otorgarles trato de diplomáticos.

El país va en picada, en el área o rubro que se escoja para su evaluación objetiva. Pero el presidente, aislado en su burbuja de poder y encapsulado en la irrealidad, cree y dice y fanfarronea que todo va bien.

Los asesinatos de los periodistas Margarito Martínez y Lourdes Maldonado, en Tijuana, y de José Luis Gamboa, en Veracruz, hicieron visible que 49 comunicadores asesinados en sólo tres años de gobierno superan y aún duplican los de los sexenios de Fox, Calderón y Peña. 34 ciudades marchando, con la voz, la tablet y la pluma como estandarte, defienden hoy lo que a principios del siglo XX aseveró Rosa Luxemburgo: “La libertad de expresión es siempre la libertad de aquel que no piensa como nosotros”.

Si el que delira no ha tenido tiempo para lidiar con la terca y fastidiosa realidad, todo indica que la realidad es más rebelde y por fin lo alcanzó. No hay dónde esconderse en un país tan grande: ni entre ruinas arqueológicas, ni debajo del escritorio, ni detrás de un micrófono.

La llegada de María Elena Álvarez-Buylla al CONACYT, según los códigos de la deformación de cuarta, se pensó para doblar a la UNAM, intimidar y capturar a la Universidad de las Américas (UDLA), debilitar y poner en entredicho a la Universidad Iberoamericana (UI), linchar de mil formas a los investigadores y académicos del SNI, secuestrar la dirección y planes de estudio del Centro de Investigación y Docencia Económica (CIDE).

El gobierno de la República no quiere a un director académico en el CIDE, con solvencia intelectual y elegido por la comunidad de estudiantes e investigadores, sino a un director “pelele”: uno alineado con los sueños y paraísos dislocados de esa forma vil, grotesca, infantil y rufianesca que hoy llamamos populismo mexicano.

Las cifras de inseguridad pública no son para exhibir sonrisas ni jolgorios fingidos, como hace el inquilino de Palacio, quien recibió un país de gente adolorida, de heridas aún abiertas, de desaparecidos por doquier y con una estadística criminal de poco más de 70 mil homicidios dolosos; pero hoy -a medio tramo de su gobierno- lo tiene peor, con casi 108 mil víctimas directas del crimen organizado.       

Intentar sorprender con el lienzo de un México idílico y de ensueño, puede ser válido en un artista plástico de excepción, un experto en fotografía artística o quien escriba el libreto chovinista de un país color rosa, pero no en quien tiene en sus manos las riendas de la República.

En economía no se puede decir que seamos modelo para Europa o un ´país locomotora´ para el desarrollo comercial, turístico, industrial, manufacturero o de servicios. Si desde el punto de vista histórico llegamos tarde a todas partes, en materia económica llegamos sin innovación, y además con lentitud y retraso.

Si en 2019 México decreció 2 por ciento, en 2020 8.4 por ciento y en 2021 volvimos a acumular saldos negativos en creación de empleo, apertura de empresas, baja infraestructura productiva e inversión extranjera, hoy tenemos una economía que se achica y en recesión constante, que acumula 7.3 por ciento de inflación (el tributo de los pobres) y que, en 2022, después de un trienio de crecimiento negativo, podría crecer -si acaso- por debajo del 2 por ciento del PIB.

Un país que no va bien puede ir mejor. Pero eso depende, entre otras cosas, de qué tanta certeza y confianza brinde el gobierno a emprendedores, inversionistas y sectores productivos.

En materia económica ningún bienestar y ningún crecimiento caen del cielo, porque, así como no podemos suplir a la Providencia en sus menesteres y designios, tampoco la Providencia puede suplirnos en lo que a nosotros nos toca. Además, las cosas se ponen peor cuando caemos en cuenta que no hay todavía una metafísica de la economía: cuando la haya, ojalá que por lo menos avisen.

México se parece, con mucha frecuencia, al mito de Sísifo: subir la piedra a la cima de la montaña y luego dejarla caer para volver a subirla de nuevo -a punta de tenacidad, motivación y testosterona-, admito que puede ser un masoquismo en perfeccionamiento constante, una tragedia circular o una celebración del sinsentido.


Pisapapeles

La ´Patafísica´ que concibió Julio Cortázar para la literatura, es muy probable que haya sido de origen mexicano antes del trance de su gestación en el escritor.

leglezquin@yahoo.com

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