El trienio trágico

Por Leopoldo González

Al cumplirse tres años del triunfo de Morena, Andrés López no ha resuelto los problemas que vienen del pasado y de los que tanto se queja, pero sí los ha multiplicado y ha creado otros que no existían, al amparo de una visión delirante y candorosa de lo que es gobernar un país.

Son cuatro las crisis graves y profundas que ha vivido nuestro país entre 2018 y 2021: la de violencia e inseguridad, la pandémica y de salud, la económica y la moral.

Las cuatro se han agravado y profundizado, a pesar de la lectura en rosa que Morena y López Obrador tienen y nos quieren imponer del país.

No es negando los problemas ni culpando a otros de su naturaleza y gravedad, como un gobierno sirve a la gente y da muestras de verdadera grandeza.

Nada, ningún dato y ningún indicador de gestión gubernamental exoneran a Morena y absuelven al obradorismo del desastre que vive el país, porque hasta el incremento porcentual de las remesas en dólares, que subió un 72 por ciento respecto a 2015, y el cual se pretende un dato positivo, es en realidad una cifra que indica que el desarrollo está en otra parte y del otro lado, no en México.

Según datos del Departamento de Estado y la DEA, poco más del 40 por ciento de nuestro territorio se halla bajo el control de grupos criminales y cárteles delincuenciales. ¿Es esto el Paraíso que ofrecía AMLO en campaña desde el primer minuto de su gobierno? En el mismo rubro está la peor cifra de feminicidios en la historia de México.

Pese al gatellismo y a la visión idílica que el gobierno tiene de sí mismo, México ocupa el tercer lugar del mundo por el manejo inepto e irresponsable de la pandemia. Y esto sin analizar otros aspectos neurálgicos del sector salud.

La crisis moral que vive el país, que se expresa en un decaimiento del ánimo colectivo y en un adelgazamiento de la autoestima nacional, tiene como base no sólo la mentira compulsiva, sino el que al actual gobierno le fascina hacer cosas buenas que parecen malas y hacer cosas malas que parecen buenas. Lo que dice que piensa no es lo que dice, y lo que piensa y dice no son congruentes con lo que hace.

No obstante, el mal manejo de la economía es lo que quizá más preocupa, no sólo porque la crisis es anterior a la pandemia y fue incubada en el dogmatismo presidencial, sino porque todo indica que vienen días de alarma y zangoloteo para el país. Me explico.

Ante la falta de fideicomisos, cuyos recursos millonarios fueron a parar a la economía presidencial, y frente a la disminución de los “guardaditos” que contaba el gobierno federal, incluido el Fondo de Estabilización de Ingresos Presupuestarios (FEIP), que se halla en su peor caída con sólo 1 500 millones para solventar desajustes financieros, el gobierno habrá de enfrentar una disyuntiva: o le pone límite a sus corruptelas y afila las tijeras para recortar su gasto clientelar, o tendrá que meter mano a las afores y a las reservas de Banxico para seguir financiando las “limosnas clientelares” de AMLO. En este sentido, el ya próximo cambio de Gobernador en Banxico no son buenas noticas, pero las siguientes serán peores.

En este contexto, puede sonar fuerte o incluso muy fuerte, pero decir que el gasto clientelar va a terminar con los deciles de pobreza y de pobreza extrema en México, es un espejismo y una falsedad monumental que no tienen mamá, abuela ni Árbol genealógico, porque de acuerdo con estudios y cifras del CONEVAL, dados a conocer el 1 de julio, el número de pobres se sitúa hoy en 67 millones y la pobreza extrema se ha duplicado en el país, pese al México de tonos rosas que mañana a mañana asoma desde el Palacio Nacional.

Peor aún, el descontrol en el precio de la tortilla y el gas no sólo detonará una mayor inflación, que ya ahora se sitúa en poco más del 5 por ciento, sino que habrá de convertirse en el principal obstáculo para conseguir la tan ansiada disminución de la pobreza.

Si a esto se suma que habrá menos producción de alimentos por la sequía que agobia a grandes regiones del país, y que se espera una caída en la extracción de hidrocarburos por los accidentes en el sector, lo cual implicará aumentar las importaciones de productos básicos y combustibles, ello significará dos cosas: que México podría cerrar 2021 con una inflación ligeramente superior al 6 por ciento y, además, que la reactivación económica que auguraba el fin de la pandemia tendrá que esperar hasta 2022.

En resumen, por donde quiera que se le mire, no hay un México que haya salido de sus problemas enquistados de antes, pero sí hay un México que carga el fardo de problemas nuevos.

Y, por otra parte, si acaso hay un país de tonos cristalinos, rosas y azul turquesa, ese país sólo existe de las puertas y muros del Palacio Nacional hacia adentro, porque hacia afuera no hay sino un país de tonos grises y cenicientos.


Pisapapeles

La economía a veces enseña más que la filosofía sobre el verdadero ser del ser del hombre.

leglezquin@yahoo.com

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