El verbo perseguir en la 4T

Por Leopoldo González

Por las señales vistas y oídas, da la impresión de que el presidente de la República anochece y amanece pensando en a quién va crucificar ese día. No es un síndrome, pero si lo fuese, podríamos llamarle “el síndrome de Moctezuma”.

El que sí parece ser un síndrome en el actual gobierno es el del perseguidor perseguido, que se refiere al infeliz que no se acepta ni se tolera a sí mismo, que no ha hecho las paces con su pasado y ha encontrado la forma fácil de lavar rencores, odios y resentimientos dañando y buleando a otros, que caben en la categoría de adversarios políticos.

En el denominador común de los perseguidos y estigmatizados por el actual gobierno, figuran el político y el intelectual rebelde y los que podrían llegar a ser candidatos presidenciales en 2024. 

A últimas fechas encabeza esa lista Ricardo Anaya, pero los que preocupan al obradorato desde antes son Diego Fernández de Ceballos, Francisco Javier García Cabeza de Vaca, Ernesto Cordero, Carlos Loret de Mola, Roberto Gil, Margarita Zavala, Silvano Aureoles y Francisco Domínguez. Ya presos, ni Rosario Robles ni José Luis Lavalle preocupan al inquilino de Palacio.   

La persecución de sacrílegos y blasfemos que llevó a cabo la Orden de los Dominicos, en la época de la Inquisición, a través de los domine-cane (los perros del señor), parecería cosa de risa y asunto lejano frente a esto que ha inventado y patentado AMLO: una modalidad nueva de antropofagia política, cuyo destino es perseguir y cazar al diferente.

Le deberían pagar regalías, a los descendientes del Gran Moctezuma y a los dominicos que aún quedan en la viña, por haber hecho de la persecución del opositor y el disidente un arte mayor.

El problema de Andrés López es que es un neófito en el ejercicio de gobierno, pues mientras no hay FONDEN para ayudar a los damnificados de Tabasco y Campeche, no hay medicinas para niños y enfermos terminales, no haya qué hacer con la quiebra de PEMEX y los millones de pobres se incrementan cada día, él anda en lo que sí sabe y se le da: tundiendo y persiguiendo opositores curados de espanto.

El otro problema con Andrés López es el uso personal, pandilleril y faccioso que hace de las instituciones del Estado, pues generalmente las emplea para alcahuetear los negocios turbios de su gente y enderezarlas contra quien estorbe a los confusos propósitos de su gobierno. En este sentido, tener a una gente sin honor ni dignidad al frente de la FGR, condicionado por un tronar de dedos, no ayuda a tener un gobierno fundado en la ley.

El trato selectivo y cizañoso que se da al indiciado y al acusado, porque no hacen fila en el culto de adoración al Mesías populista o porque “señalan sus estupideces”, es algo que aleja a México de protocolos democráticos y lo acerca al personalismo autoritario.

Bajo la acusación de corrupción, que se ha vuelto el comodín de las fobias del obradorismo, cabe todo: linchamientos, ajustes de cuentas, raspones, cinismo ramplón, lavados de cerebro, persecuciones, venganzas, todo con el fin de que el chairo mediatizado y el pueblo rupestre crean que por fin se están haciendo bien las cosas en el país.

La verdad es que no se están haciendo bien, ni en esta ni en otras materias, porque se procede con astucia y no con inteligencia política de Estado, con la víscera pronta y no con la racionalidad en reposo, con afán autoritario de eliminación del otro y no con criterios de verdadera justicia.

Los casos de corrupción que dice perseguir la 4T no son casos de corrupción sino asuntos de cacería de brujas. Los casos de corrupción se persiguen y combaten de forma pareja, contra quien fuere, en tanto que las cacerías de brujas suelen diseñarse e implementarse a la medida de opositores y adversarios políticos. La diferencia entre una y otra no es menor.

Ante su caída en la opinión pública, lo que hace López Obrador es buscar reposicionarse con el tema de la corrupción, quizás creyendo que perseguir y dañar a otros es la fórmula de su propio crecimiento.

 Lo cierto es que la estrategia es típica de los populismos latinoamericanos: acusar en un primer momento de corrupción o de cualquier otra impureza a los opositores, para legitimar en un segundo momento su persecución y la de sus seguidores.


Pisapapeles

Molesto por la acusación de la alianza “Va por México”, cuyos líderes denunciaron ante la OEA “la intromisión del narco en las elecciones del 6 de junio”, Leonel Godoy los comparó con “conservadores del siglo XIX que clamaron por la intervención extranjera”. Evidentemente, al señor Leonel Godoy le costó trabajo dimensionar, contextualizar y comprender el tema planteado. 

leglezquin@yahoo.com

0 Shares

Leave a comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*