Nelson Rolihlahla Mandela, nacido el 18 de julio de 1918 en Sudáfrica, es un símbolo universal de la lucha por la libertad.

Por eso el pasado lunes, 18 de julio, se conmemoró en todo el mundo el Día Internacional de Nelson Mandela, que en algunos países se recuerda como el Día Internacional del Preso.

Fue la Asamblea General de la Organización las Naciones Unidas (ONU), en noviembre de 2009, la que en la resolución 64/13 decidió proclamar el 18 de julio como el Día Internacional de Nelson Mandela, no sólo en reconocimiento a su lucha por la dignificación del presidiario y la humanización de la justicia penal, sino por su contribución a la cultura de la paz y la libertad.

En Michoacán, el Sistema Penitenciario del Estado rindió homenaje a Mandela, por su lucha perseverante a favor de los que llevan el cautiverio en la piel y en pro de los presos políticos y de conciencia, pero también abrió un espacio de baile, música y canto para el solaz esparcimiento de las mujeres y hombres que aquí enfrentan restricciones a su libertad.

Desde muy joven, Nelson Mandela registró un compromiso activo con la militancia política, a la que identificó como una vía de escape hacia la libertad. Se unió a las filas del Congreso Nacional Africano, fundó la Liga Juvenil en la misma organización, trabajó intensamente en la “Campaña del Desafío”, en 1952, y fue presidente del Congreso Nacional Africano en la región de Transvaal.

Quienes han visto la película de Nelson Mandela, conocido ahí con el mote de Madiba, saben que presidió el Congreso Popular en 1955, el cual lo llevó a la cárcel, y que entre 1956 y 1961 fue procesado bajo el cargo de traición, por un gobierno en manos de blancos que había hecho del racismo su sello distintivo.

En 1962 volvió a ser arrestado, esta vez bajo la acusación de conspiración, y posteriormente sentenciado a prisión de por vida durante el “Proceso de Rivonia”.

De los 27 años en que estuvo preso a causa de sus ideas políticas, Nelson Mandela permaneció 18 en prisión en la Isla Robben, donde se dedicó a los trabajos forzados de picar y separar piedra, y luego confinado a trabajar en una mina de cal que dañó severamente su vista.

En esos años, Nelson Mandela sufrió tuberculosis y otras enfermedades, pero no por ello dejó de hacer huelgas de hambre y de exigir un mejor trato y mejores condiciones de vida para los reos.

Tras las rejas Nelson Mandela padeció múltiples aislamientos, como castigo a su condición de rebelde libertario, y ahí, en la negra noche de la soledad de su vida, perdió a su hijo primogénito y murió su madre.

Las condiciones de la vida en cautiverio no hicieron de Nelson Mandela un timorato, un “agachón”, un ser humano apagado ni un vencido de la vida. Al contrario. Puede decirse que la cárcel hizo del Mandela rebelde un líder apto para liberar a su pueblo: la cárcel forjó su carácter; la conciencia del dolor lo hizo crecerse a la adversidad y la esperanza de libertad lo mantuvo de pie, en espera del momento propicio para tomar el timón de su propia historia.

Dentro de la prisión Nelson Mandela se dedicó a la jardinería, al estudio del derecho, a la lectura y a realizar apuntes para su autobiografía, que finalmente fue publicada en 1994 bajo el título “No es fácil el camino de la libertad”.

Por fin, en 1990, y después de varios procesos judiciales en la espalda, Nelson Mandela recibió el beneficio de un auto de libertad, tras lo cual retornó a la vida civil y política, sólo para hacer de la libertad un himno y el tesoro inapreciable de todo un pueblo.

Cuatro años después de su liberación, en 1994, el Congreso Nacional Africano lo hizo su candidato y lo convirtió en el primer presidente de sudafricano de raza negra.

En vida recibió el Doctorado Honorario de Lesoto, el Premio Jawaharlal Nerhu de la India y las llaves de la ciudad de Glasgow, Escocia.

Con el tiempo, Nelson Mandela recibió también el Premio Nobel de la Paz, la Medalla Presidencial de la Libertad y el Premio Lenin de la Paz.

Tras una vida fecunda y de lucha por la libertad, cuya herencia es equiparable a la de Mahatma Gandhi y Martin Luther King, Nelson Mandela murió el 5 de diciembre de 2013.

Como homenaje póstumo al combatiente universal de la paz y la libertad, el 17 de diciembre de 2015, la Asamblea General de las Naciones Unidas actualizó sus reglas mínimas de 1955 para el tratamiento de los reclusos, y las institucionalizó bajo el nombre “Reglas Mandela”, con las cuales los sistemas penitenciarios brindan un trato digno y respetuoso a las mujeres y hombres que, hoy por hoy, viven en la cárcel de su piel.


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Pocos, muy pocos hombres contribuyeron a la real grandeza del siglo XX: Nelson Mandela fue uno de ellos.

leglezquin@yahoo.com

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