Vender una estafa es cosa fácil

Por Leopoldo González

En el arte de vender al perico y a la abuela puede haber expertos en “labia” callejera y en manipulación social. Pero, con mucha frecuencia, lo difícil de una venta no radica en quién vende qué, sino en el uso de la información y la conciencia por parte del comprador.

Hace días llegó un candidato impresentable a mi domicilio, pretendiendo venderme el cielo, el perico y la abuela de la 4T. No lo consiguió. Se fue por piernas.

En estos días, cuando los candidatos de sal, de queso, de chile y de manteca salen en busca de votos y electores que les otorguen poder, es muy posible que suelten fintas verbales de vena popular y que hasta digan que en su elección interna estuvo presente la mismísima Divina Providencia con derecho a elegir, con tal de marear y engatusar al prójimo que tienen enfrente.

Las propuestas programáticas de los partidos son un imán en campaña, porque ahí radica la visión que cada uno tiene del hombre y el ciudadano, de la economía y las finanzas públicas, de la sociedad y el Estado.

En nuestro presente se alternan luces y sombras, miedos y esperanzas. La dificultad, para algunos partidos, consistirá en que pretendan vender saliva y palabras vacías que no corresponden a la realidad, o que insistan en el dominio de la imagen como si fuese -por sí misma- el santo patrono de la persuasión colectiva sobre “esto” o “aquello”.

La brecha de credibilidad que hoy separa a los políticos tradicionales de la sociedad, y a la sociedad frente a los distintos candidatos, es un factor poderoso que ayudará a tomar la mejor decisión a los electores el 6 de junio. 

La pregunta que hoy debemos hacernos no es si es mejor “zutano” que “perengano”, de tal o cual partido político, sino cuál es la menos mala y deplorable de las opciones que hoy están en la contienda. Desde luego: las mejores opciones en el actual proceso son aquellas que no son la peor.

Particularmente a Morena, más allá de la adhesión superficial y la convicción ignorante de su feligresía y seguidores, le significará una tarea muy cuesta arriba convencer a los electores y a la sociedad de que son lo mejor que le pudo ocurrir a México, cuando sabemos -con los pelos de la burra y las orejas del toro en la mano- que son lo peorcito que ha ocurrido en la historia de México.

Caricatura publicada en El Financiero

Las intenciones políticas son casi siempre intenciones envenenadas, sobre todo cuando el que las ofreció y las presume trae veneno en el corazón, tóxicos en el alma, dislocación en la racionalidad y una personalidad emocional que no resiste el menor análisis.

Por ejemplo, ¿cómo explicarle al mexicano, en cada centímetro cuadrado del territorio nacional, que cuando estaba a punto de suceder lo mejor ocurrió lo peor?

 ¿Cómo explicar y convencer, a tantos engañados y decepcionados, que esta vez no fue posible el Paraíso en tierras mexicanas, pero que muy pronto exportaremos flamas y llamas del infierno mexicano a Honduras, El Salvador y otros países de América Latina?

Va a ser mucho muy complicado, para Morena, explicar y convencer a tantos ciudadanos que tiene como partido a los mejores candidatos en el país, porque con sólo mirar a los que no cumplieron la ley y quedaron en el camino, y a sustitutos como Evelyn Salgado en Guerrero, podremos comprobar que el nivel es que no hay nivel.

Tampoco se podrá explicar, a ras de tierra y en auditorios abiertos, por qué el presidente de la República ordena la persecución política de gobernadores y líderes de opinión que no piensan como él, y por qué quiere un país de “esclavos clientelares” y no uno de ciudadanos dignos y productivos.

Por supuesto, los más de 240 mil muertos por la pandemia y los muertos y desaparecidos que ha dejado como saldo el hacerse de la vista gorda frente al crimen organizado, tampoco tienen una explicación que convenza.

Y lo mismo sucede con los tres accidentes mortales que han ocurrido en el metro de la CD.MX bajo la actual administración: proteger a Ebrard aunque haya muertos y heridos de por medio, porque al fin y al cabo no importan la vida y la dignidad de la gente. Les importa, sí, pero el 2024. ¡Qué desfachatez y qué cinismo!

En el arte de vender al perico y a la abuela puede haber expertos en “labia” callejera y en lavado de cerebro social. Pero, como reza un clásico, “se puede engañar a algunos durante algún tiempo, pero no se puede engañar a todos todo el tiempo”.

Vender la estafa del paraíso dorado de la Cuarta Transformación, puede resultarle relativamente fácil a Morena: el secreto radica en el deplorable nivel de desinformación y desconocimiento que agobian a nuestro pueblo.

Para fortuna nuestra, las señales de un despertar colectivo asoman por todas partes: dentro y fuera de Morena, la certeza de que México no será el país de un solo hombre cobra cuerpo. Vienen días interesantes para el ejercicio de la conciencia crítica e intelectual en el país: de lo que hagamos hoy dependerá no sólo el futuro, sino la vida misma.


Pisapapeles

Mi amigo Agustín Rebollar compartió esta frase: “Las masas nunca han sentido sed por la verdad, se alejan de los hechos que no les gustan y adoran los errores que las enamoran. Quien sepa engañarlas será fácilmente su dueño; quien intente desengañarlas será siempre su víctima”: Gustav Le Bon.

leglezquin@yahoo.com

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