Su Realidad y la Nuestra
(Seguridad Pública en Michoacán)

Por el Lic. José Carlos Serrano Vargas
Sociólogo

La Seguridad Pública es una de las funciones principales del Poder Ejecutivo, su objetivo es que mediante acciones efectivas de información, disuasión y actuación se logre la prevención de conductas delictivas, con el fin de garantizar con ello, la tranquilidad e integridad de cada uno de los miembros de la sociedad.

Según el diccionario de la Real Academia; estar seguro significa: “estar libre o ausente de todo peligro, daño o riesgo”. La noción de seguridad en los individuos se compone de dos aspectos importantes, uno subjetivo, que consiste en la calidad de sentirse seguro y otro objetivo que consiste en la ausencia real de peligro, daño o riesgo. Una de las definiciones más aceptadas de seguridad es que es un estado idealizado que los hombres buscan alcanzar y por el cual se agrupan para suplir su carencia.

No podemos hablar de seguridad sólo por la ausencia aparente de riesgos, ya que ésta sólo es posible si existe un esquema de protección y reacción inmediata que se active en caso de que la seguridad de la vida o los bienes de la ciudadanía estén en riesgo. Una estrategia efectiva de seguridad pública requiere apoyarse en procesos reales de información, comunicación y reacción, que permitan proteger eficiente y oportunamente a la ciudadanía y sobre todo sepa detectar oportunamente los riesgos antes de que se materialicen en delitos.

Es importante entender que la realidad que nosotros vemos no siempre corresponde a la realidad que los demás ven, ya que cada imaginario colectivo se construye en base al manejo de la información que se le ha proporcionado. Lamentablemente, un imaginario colectivo que surge como resultado de la mentira y el manejo irresponsable de la información es el menos efectivo en materia de Seguridad Pública. Es decir; si un gobierno le dice a sus ciudadanos que todo está bien y que no pasa nada y la situación es muy distinta, no sólo es un mentiroso, sino que está poniendo en riesgo la vida y la seguridad de los ciudadanos y sus bienes.

El manejo del Discurso en Michoacán en materia de Seguridad Pública y sus riesgos para los michoacanos.

Lamentablemente, el gobernador Silvano Aureoles Conejo, heredó un estado sumergido en la inseguridad, con un terrible déficit presupuestal en el rubro de Seguridad Pública, entre otras cosas porque el del gobierno federal se vio obligado a intervenir ante la difícil situación que Michoacán vivía y la evidencia de fuertes vínculos del gobierno estatal y de varios municipios con el narcotráfico y el crimen organizado, sobre todo en materia de seguridad pública, ya que los policías eran simples empleados de las diversas mafias que operan en el estado. Pero dicha intervención le salió muy cara a los michoacanos, ya que mantuvo con su propio presupuesto, los gastos de manutención de una gran cantidad de enviados federal, principalmente provenientes del Estado de México, que en teoría venían a ayudar a los michoacanos. No se puede negar que se tuvieron importantes logros en algunos rubros, pero es necesario reconocer que también se cometieron muchos errores que hasta la fecha siguen afectando la situación en materia de seguridad publica en el estado de Michoacán, ya que en algunas regiones la situación no sólo está igual, sino incluso peor que antes de la llegada de los mexiquenses.

La intervención federal costo mucho, los comisionados vivían en lujosos hoteles con alimentos pagados, contaban con vehículos de lujo y viáticos, todo a expensas del erario michoacano, produciendo una enorme deuda que afectó principalmente la nómina de los elementos de seguridad estatales, a los cuales se les debían (espero que ya les hayan pagado) varios meses de sueldo e incluso llegaron a manifestarse ante la secretaria de finanzas, tomaron calles y avenidas y realizaron paros en los centros penitenciarios, dejando evidencia del deteriorado económico de la seguridad pública en el estado. Esa enorme deuda que afectó a todo el gobierno estatal, se vio reflejad duramente en la seguridad pública ya que se incumplieron pagos a las empresas encargadas de dar mantenimiento a los sistemas de seguridad del estado, entre otras cosas afecto a los C4, (Centro de Comunicaciones, Cómputo, Control y Comando) ya que estos tienen varias deficiencias en equipos y mantenimiento, pero principalmente funcionan con un mínimo de personal; esto es más grave de lo que se cree, ya que los C4 son la base principal para la generación de información para el diseño de política de Seguridad Pública, entre otras cosas, reciben las llamadas del 066 y coordinan el monitoreo de las cámaras de seguridad.

Michoacán está inmerso en una enorme deuda pública, además depende mucho del apoyo de la federación para el desarrollo de la mayoría de sus proyectos y lamentablemente, en estos momentos, el contexto nacional e internacional no le favorecen ya que el gobierno federal ha anunciado importantes recortes económicos, principalmente porque el bajo precio del petróleo presenta una crisis histórica y la fluctuación del dólar está afectando gravemente a nuestra moneda.

Resulta muy sorprendente que pese a tan lamentable panorama, el gobernador de Michoacán anuncie que su estado es uno de los más seguros del país, sin ir más lejos, el 10 de marzo del 2016, declaró: “Estamos trabajando de manera decidida para garantizar la estabilidad y la paz que se requiere para el desarrollo y el progreso”, sentenciando que en el tema de la seguridad “las cosas han cambiado” (nota del Sol de México), muy optimista, a finales de octubre de 2015, hace 5 meses, anunció la creación de 9 centros de mando C5 y que incorporaría arcos carreteros y naves Drones con capacidad de 16 horas de vuelo que permitirán video vigilar zonas de difícil acceso para fuerzas federales, militares y del estado, sin aclarar de donde piensa sacar el dinero para tales proezas. Varias veces más a dicho a los empresarios que Michoacán contará con los sistemas de seguridad más avanzados del país y que en poco tiempo será el número uno en materia tecnológica aplicada a la seguridad pública.

No me queda la menor duda que eso es lo que hay que hacer, ya que en estos tiempos las guerras se ganan más con información que con balas, pero no entiendo las bases económicas de tanto optimismo, ya que del análisis de la realidad económica del estado de Michoacán y sin olvidar la deuda millonaria que se tiene con los proveedores del estado, me pregunto ¿de dónde va a salir tanto dinero? ¿Será verdad o es sólo uno de tantos discursos políticos? Espero equivocarme, ojalá al menos la mitad de estos planes se hagan realidad, ya que en materia de Seguridad Pública a diferencia que en la política, la mentira es nuestro peor enemigo; esto porque el diseño de escenarios de acción basados en la mentira sólo ponen en peligro a la sociedad y sobre todo a los elementos de seguridad que tienen que seguir instrucciones basadas en mentiras y suposiciones fantásticas. Los policías michoacanos ya sufrieron su primer choque con la realidad en el municipio de Nahuatzen, donde siguiendo las instrucciones de jefes ajenos a la realidad michoacana actuaron erróneamente y tuvieron que salir corriendo, dejando a compañeros heridos en manos de la turba enardecida y algunos acabaron desnudos colgados por las manos de los árboles, teniendo como consecuencia por lo menos a un elemento herido de gravedad.

Los michoacanos ya no están para experimentos sociales, ni para prácticas de inexpertos bien intencionados pero muy mal preparados. Esperemos que el Gobernador Silvano Aureoles Conejo este consciente de ello. Es una pena, pero los michoacanos no pueden conformarse con un simple discurso por parte de su gobernador donde les dice que en un simple abrir y cerrar de ojos y gracias a su presencia mesiánica, han pasado a vivir en un estado idílico, seguro, productivo y prometedor.

La realidad está en otra parte.

El ser humano, independientemente del lugar o época en que viva, procura organizarse en grupos comunitarios que le permitan sentirse seguro y que le brinden la opción de reaccionar favorablemente ante amenazas que pongan en riesgo su vida, integridad física y la seguridad de sus seres queridos así como sus bienes. Es una reacción natural, se denomina “respuesta social organizada”.

Todo problema social tiene una respuesta social, analógicamente a la tercera ley de Newton que dice: “a toda acción corresponde una reacción con la misma intensidad pero en sentido contrario” en el terreno de la sociología diríamos que ante la falta de seguridad y la perdida de los principios fundamentales que propician el pacto social, se produce la desconfianza en el Estado, por lo que la sociedad busca medidas alternas para garantizar su funcionamiento, de estas formas surgen diversas respuestas sociales, algunas espontaneas y desorganizadas y otras organizadas para enfrentar el caos y la anomia, producto de la incapacidad de las autoridades.

Algunas muestras de ello son los grupos de Autodefensa o Guardias Comunitarias que se formaron a principios del 2013 en los estados de Michoacán, Guerreo y Jalisco, con el propósito de enfrentarse a la delincuencia organizada que controlaban la política y la policía local. Esta es sólo una muestra de la forma en que la sociedad se regula para hacer frente a la inseguridad, como dice el dicho “el valiente vive, hasta que el cobarde quiere”. Pero la lucha no es fácil y el sistema se defiende atacando a quien pone en peligro el equilibrio existente entre la delincuencia organizada y la política, teniendo como consecuencia que personas valientes como el Dr. José Manuel Mireles acaben en la cárcel. Dicha respuesta social organizada, también se están extendiendo a las colonias de todo el estado, ya que las organizaciones de vecinos, hartos de la inseguridad y después de vivir en carne propia experiencias directas con la delincuencia, llegan a poner en riesgo su propia vida con tal de enfrentarla y detenerla. Un caso muy notorio es el municipio de Uruapan, donde se ha manifestado fehacientemente este problema, a tal grado que varios delincuentes han sido golpeados y amarrados a postes con letreros denigrantes, lamentablemente, muchos de estos delincuentes salen libres casi de inmediato y se van pensando en el desquite. Pero la suma de todos estos esfuerzos ha valido la pena, ya que si en verdad ha disminuido la delincuencia, ha sido gracias a la organización vecinal más que a las autoridades estatales y municipales.

Es perfectamente entendible el temor y la incertidumbre de la ciudadanía que ve cómo avanza la delincuencia y pone en riesgo a sus seres queridos ante la indiferencia de las autoridades, ya que es un secreto a voces que en Michoacán, la ciudadanía está sola ante la delincuencia.

En un Estado moderno como el nuestro, los ciudadanos le cedemos el privilegio del uso exclusivo de la fuerza, dando por hecho que éste garantizará la seguridad de nuestras vidas y la integridad de nuestros bienes, pero cuándo el Estado, en cualquiera de sus tres niveles de gobierno, incumple esta responsabilidad, pierde incluso la legitimidad de su propia existencia, por lo que los ciudadanos tienen el derecho y el deber de demándaselo, ya que si el Estado no es la solución a la falta de seguridad pública, entonces, es claro que el Estado es el problema.

En Michoacán, desde hace ya varios años, esto se ha hecho evidente ya que el gobierno tanto a nivel estatal como municipal, ha demostrado una total ineficiencia para cumplir sus funciones en materia de seguridad pública, llegando incluso a aliarse con los delincuentes y convertirse de facto en enemigo de sus propios ciudadanos, ya que a cambio de apoyos económicos para sus campañas, muchos políticos llegan a pactar con las diversas mafias, dejando a los ciudadanos a merced de la delincuencia organizada, lo cual impiden el sano crecimiento económico de nuestro estado y desencadena una ola de delincuentes comunes producto del desempleo, la desesperación y el imaginario colectivo que predomina en los jóvenes que idealizan al delincuente gracias a una amplia cultura se encarga de exaltar las virtudes de los narcos que han logrado salir de la pobreza extrema y llevan una vida de lujos gracias a sus actividades ilícitas y su valentía para enfrentar al sistema.

Pese a la serie de discursos optimistas y declaraciones basadas en estadísticas maquilladas, el “semáforo delictivo nacional” coloca a Michoacán muy por encima de la media nacional de homicidios, que ubica el dato nacional de 1.2 homicidios por cada 100 000, mientras que Michoacán tiene 1.9 homicidios, incluso comparando la situación actual del estado, con el promedio de los últimos 3 años, se obtiene el dato de 71 homicidios al mes, mientras que en diciembre de 2015 (el último dato que arroja el Semáforo) es de 87, es decir; se cometieron 16 homicidios más en diciembre de 2015, bajo el mandato de Silvano que el promedio durante los últimos 3 años. En otros rubros no nos va mejor, ya que el promedio de robos a casa habitación es de 219 robos mensuales mientras que en diciembre de 2015 fue de 237, en realidad y pese a la manipulación a la que suelen ser sometidos nuestros datos oficiales, Michoacán ocupa actualmente a nivel nacional el décimo lugar en homicidios, el décimo tercero en secuestros, el décimo segundo en robo de autos. Considerando que la sociedad tiene una completa desconfianza en sus autoridades, al grado de que prefiere ya no denunciar, lo que produce que las cifras oficiales están muy por debajo de las reales, aun así, es muy alta la incidencia delictiva registrada.

El problema es que se intenta sentar las bases de una política de Seguridad Pública basándose en datos ficticios y engaños descarados para tratar de modificar la percepción de la ciudadanía y eso sólo podrá ocasionar de nuevo y como siempre, resultados mediocres que sólo afectan a los michoacanos radicados en su estado, esos que luchan a diario por soportar una realidad asfixiante, los que tienen miedo a ser secuestrados, que ven como matan a sus vecinos y saben que en cualquier momento podrán ser víctimas de un robo o delitos peores, pese a los discursos optimistas y mentirillas piadosas de sus gobernantes, porque es un hecho que funcionarios van y vienen y si no tienen arraigo, para ellos simplemente es un trabajo más y se regresan a sus estados y nos dejan incluso mucho peor que antes de su llegada. El gobierno de Silvano Aureoles tiene un gran reto, ojalá y entienda que no es con mentiras como se enfrenta la realidad y que los michoacanos, históricamente, no son personas que gusten de quedarse con los brazos cruzados ante las injusticias y que se saben defender, aun a costa de su propia vida o libertad como lo ha demostrado el Dr. José Manuel Mireles.

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