De un tiempo a la fecha las mujeres son una espina de dolor y sufren más, quizás por el hecho de ser mujeres o porque el lado masculino de la historia ha enfermado de feminofobia, ese padecimiento cultural engendrado en el viejo machismo o incubado en las intolerancias de hoy.

La mujer es luz en sí y para sí misma desde un punto de vista filosófico, entre otras razones, porque es símbolo dador de vida: al dar vida se da a sí misma y es, por ello, testimonio de entrega -cifra y suma de lo que se niega a sí mismo para ser en el otro.

Por esto y más, es motivo de alarma tanta intolerancia hacia la condición femenina y que sea esta la peor época para las mujeres en la historia del mundo.

Cuando la fuerza o la motivación que nos empuja a ser lo que somos flaquea, ahí está la mujer como palanca de impulso o fuente de inspiración: madre, hermana, esposa, hija, pareja o musa, es la lámpara votiva que da cuerpo a los tres dínamos, a los tres campos de energía que mueven al mundo: pasión, inspiración y aspiración.

Desde 2019, cuando el movimiento rosa-púrpura se extendió de Latinoamérica a Europa y sacudió al mundo, quedó claro que una pandemia invisible recorría los cuatro puntos del horizonte, pero además que varias pandemias visibles -el feminicidio, entre ellas- tatuaban con rojo sangre y el negror del humo el piso social. 

Ninguna época es rara o extraña en la medida en que tenga una explicación racional. Las épocas están hechas de tiempo y son hijas de la historia: algo en ellas nos dice que sombra y luz se necesitan para ser lo que son, aunque no tengamos respuestas suficientes para explicar la demasiada oscuridad que da contornos a nuestra época.

La mujer está ahí porque es la otra terminal nerviosa del ser: la que puede completarnos y complementarnos en lo que somos y en lo que no somos, porque al fin y al cabo es la medida de todas las cosas.

No obstante, hay en nuestra época tóxicos mentales y estrías culturales que podrían explicar, quizás, por qué atravesamos una senda de precarización de la existencia, de minusvaloración de la vida y negación de la otredad.

Aparte de la crisis espiritual y la crisis de la razón que vive el mundo, hay una escisión psicológica en el hombre fragmentado de hoy, lo cual implica no sólo que no sabe lo que quiere ni a dónde va, sino que es hierba seca para el sistema solar: el hombre en llamas es víctima de las neurosis de su tiempo; un enfermo que no sabe los motivos de su ardor ni la profundidad de sus quemaduras, y que al ignorar la naturaleza de su malestar su inocencia lo conduce a creer que dañando a otros habrá de librarse del daño en su sangre o en su sistema neurológico.

No sé si sea la infelicidad, la maldad o la locura del hombre lo que produce más muertes y baños de sangre en el mundo, pero imagino que las tres contribuyen -con raciones estadísticas diferentes- a incrementar los lutos del alma y a multiplicar en número a la quieta población del crematorio y el cementerio.

Ser homo locuaz es ser hablantín: eso no tiene problema. Uno de los problemas del mundo moderno es que los casos de locura y dislocación de la racionalidad siguen aumentando, y no se ve para cuándo ni dónde terminen. Escribió Shakespeare, en “El Rey Lear”, una de sus mejores tragedias: “Es la plaga de los tiempos: cuando los locos guían a los ciegos”.

Tanta mujer asesinada en el mundo es el otro rostro de la pandemia, no sólo por su magnitud y significado sino por el llamado imperioso de la realidad: si los pilares de la civilización occidental muestran señales de esclerosis o están agotados, es necesario revisar y refrescar sus fundamentos, con lo que además haríamos un homenaje al legado que dejó entre nosotros esa mujer persa universal que fue Ikram Antaki.

En 2021 había en nuestro país, según la Comisión de Búsqueda, poco más de 23 513 mujeres desaparecidas.

Michoacán es casi una oveja negra en lo que toca a la geografía del delito, pero es algo más: es un laboratorio de investigación por lo que hace a la feminofobia y al feminicidio.

En 2019 se registraron en la entidad 186 casos de feminicidio. De ese año al 2021 la violencia homicida contra las mujeres se incrementó un 50 por ciento.

Según datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP), en 2021 fueron asesinadas 279 mujeres en el Estado, lo que representa un alza del 11 por ciento en relación a 2020. Aunque la mayoría podrían ser técnicamente considerados feminicidios, únicamente 27 son investigados como tales. Al margen de ello, se trata de 23 mujeres asesinadas al mes en nuestra entidad.

La mujer es un referente de “lo otro” en nuestra cultura: por tanto, venimos de la entraña de lo otro y expulsar de nosotros lo que nos constituye es expulsarnos a nosotros mismos.


Pisapapeles

Según frase atribuida a Einstein, “Las soluciones de fuerza son dadas a aquellos que carecen de genio creador”.

leglezquin@yahoo.com

 

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