EL PERIODISMO, PROFESIÓN DE ALTO RIESGO

Por Alex Guízar

Con la privación ilegal de la libertad del periodista Salvador Adame Pardo el pasado 18 de mayo, por parte de un comando armado, nuevamente queda de manifiesto que el periodismo sigue siendo una de las profesiones más peligrosas para ejercer en México y una de las más mal remuneradas.

A pesar de ser “el mejor oficio del mundo”, como lo calificó el premio Nobel de Literatura Gabriel García Márquez, el periodismo se ha convertido tristemente en una profesión en la que la propia vida está en juego. México es el tercer país más peligroso para ejercerlo, solamente después de Siria y Afganistán. Baste recordar que tan solo en el 2016, 10 periodistas fueron asesinados en el país.

En Michoacán las cosas no están mejor. En los últimos 16 años, 14 comunicadores han sido asesinados o desaparecidos, en la mayoría de los casos con la huella del narcotráfico presente, sin que haya habido una acción contundente por parte de las autoridades responsables de investigar los hechos.

Cada vez que algún periodista es privado de su libertad o de su vida, el gobernador en turno se compromete a mejorar las condiciones para ejercer el periodismo con seguridad y libertad, lo que ha quedado hasta el día de hoy simplemente en el discurso de coyuntura, en decir lo políticamente correcto para salir lo mejor librado de la crisis mediática que estos hechos ocasionan.

De igual manera, el gobierno se ha comprometido a mejorar las condiciones laborales de los periodistas, aumentando sus salarios, los cuales, en la mayoría de los casos, son muy bajos, sin contar con las prestaciones mínimas que marca la ley como contar con servicios médicos o la posibilidad de acceder a un crédito para adquirir una vivienda.

Esta es la triste realidad del periodismo, una profesión muy noble, con alto sentido social, que ofrece muy pocas posibilidades de contar con un ingreso digno y con condiciones laborales óptimas. Es increíble que los mejores sueldos que pueden encontrar los comunicadores sea en las áreas de Comunicación Social de las dependencias de gobierno, las cuales, dicho sea de paso, también están en el descuido total y en relación con otras con el mismo nivel de responsabilidad, también el tabulador de sueldos está más bajo.

El asesinato o desaparición de periodistas, es una muestra más de la grave descomposición social que estamos viviendo. Es el reflejo de la falta de valores que hay en la población. Muestra la intolerancia hacia la libertad de expresión, en muchas ocasiones de la autoridad misma, así como de grupos fácticos que ejercen gran poder sobre la sociedad.

Esta realidad debe cambiar. Debemos aspirar a tener medios de comunicación libres, que no estén a expensas del gobierno en turno, para que puedan ejercer un periodismo veraz, crítico, que motive la reflexión y participación de los ciudadanos en la toma de las decisiones que nos afectan a todos. Empresas de comunicación que ofrezcan condiciones laborales dignas, que le permitan tener a los periodistas ingresos suficientes para tener una vida decorosa para ellos y su familia.

Tenemos que generar una verdadera cultura de la transparencia, donde no haya nada que esconder y no se tema la presencia e investigación de la prensa. Debemos acabar con la mala práctica de la simulación en todos los órdenes de gobierno, para evitar la tentación de callar o desaparecer al reportero que ha descubierto la verdad y tiene la responsabilidad de difundirla y darla a conocer a la sociedad.

De igual manera, como sociedad debemos exigir un periodismo ético, que no se vende al gobierno en turno. Que tapa las verdades a cambio de no perder el convenio, que difunde lo que le conviene a la autoridad, porque es la que paga. Debemos contar con periodistas realmente conscientes de su gran responsabilidad con la sociedad, de informarla para que pueda actuar en contra de la autoridad cuando ésta cometa abusos y atropellos en todos los ámbitos. En resumen, debemos construir entre todos un periodismo que sirva de contrapeso al poder público.

Lo anterior es una tarea ardua, que nos llevará tiempo materializar en la realidad, pero en la que debemos trabajar desde este momento y no bajar la guardia, no solamente retomar el tema porque hay un periodista más que está desaparecido y se desconoce su paradero y condición. Desde este espacio, hacemos votos por la pronta aparición de Salvador Adame Pardo.

 

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