La Santa Secta
(Imagine)

Por Raúl Casamadrid

Si por designio de una peoridad oscura e inconmutable tuviera yo que darme la infecta en una secta, no sería para nada en la del tal Raniere y sus cuinos, sino en la de Rainer Maria Rilke y los ángeles terribles del Castillo de Duino.

Víctor Hugo Piña Williams

 

En México –decía Jorge Portilla– “la actitud espiritual dominante parece ser una reflexión sobre el sentido de nuestra propia historia en el marco de la historia universal”; una manera elegante en que el autor de la Fenomenología del relajo señalara que nos allegamos demasiada importancia cuando nos tomamos muy en serio: fruto de nuestra herencia barroca y del estigma católico del pecado original. El valor es importante para el mexicano; no la valentía sino el valor de su ley. Para Antonio Peñaloza “un mexicano puede tolerar cualquier descortesía –incluso una bofetada– menos que le nieguen el saludo”; hacerlo menos es la “pura negación metafísica del ser”. En el filme Ánimas Trujano el personaje interpretado por el icónico Toshiro Mifune cae en un abismo que va desde su exaltación egocéntrica hasta la insuficiencia absoluta.

La película, basada en La mayordomía de Rogelio Barriga Rivas, narra el periplo de un hombre que con tal de hacerse Mayordomo y alcanzar el reconocimiento de su comunidad es capaz de pactar con el diablo para poder costear la fiesta patronal. Cuando los ex mayordomos históricos se acercan para ofrecerle ayuda, Ánimas, de forma altanera, contesta así:

 

“¡Pelen ojo!: no necesito favores de naiden. Y, menos, de los que me hacen chiquito”.

 

Ánimas los acusa de hacerlo chiquito y de odiarlo por sus logros. Con esta actitud, siendo por fin Mayordomo, él mismo se autoexilia y sectariza. Quizá el origen de la palabra secta tiene que ver con la voz latina sequi (infinitivo presente de sequor) que significa seguir; más en realidad palabra alude a sección o parte del conglomerado que se desprende del todo: un sector que se corta o divide. Recordemos del curso de geometría a la secante: la línea recta que corta al círculo: seco, secas, secare, secui, sectum significa cortar, cercenar, separar.

Sectario fue Orígenes de Alejandría; no por separarse de su hombría al auto castrarse sino por alejarse de la iglesia y desobedecer al obispo Demetrio al ordenarse sacerdote en Cesárea; y, más: por enseñar una forma extrema de apocatástasis según la cual en la restauración total hasta el propio Satanás alcanzaría la salvación eterna al fin de los tiempos.

Las sectas no surgen por generación espontánea; aparecen gracias a rencores, desengaños, desavenencias o deslealtad: el grupo que se desprende acusa a la matriz de no saber seguir las reglas y, a su vez, el apéndice es señalado como extremista y saboteador. Las posiciones se polarizan y en casos extremos la lucha deja de ser metafórica para volverse feral y cruel; se infiltran, sabotean y traicionan los compañeros: hasta el asesinato vale con tal de mermar capacidades al oponente.

Hay sectas light: recordemos durante 2008 el enfrentamiento en la Glorieta de los Insurgentes entre tribus de emos y punketos; hubo insultos, patadas y la sangre no llegó al río gracias a la intervención de un grupo de krishnas que aparecieron entre cantos y advocaciones; pero hay sectas siniestras, truculentas, feroces y sanguinarias. Recordemos a los Zetas: en su origen, soldados antiterroristas y kaibiles entrenados en la Escuela de las Américas para combatir al narcotráfico; como desertores, fueron reclutados para crear el brazo armado del cártel del Golfo. Los sectarios inventan nombres, siglas, códigos y claves para bautizar a sus grupos e integrantes; durante 2010 los Zetas (Z) se escindieron del Cartel del Golfo (CDG) e iniciaron una lucha encarnizada que desembocaría en la captura o muerte de sus líderes y su escisión en nuevas sectas.

Hay sectas prestigiadas como la sociedad secreta de estudiantes de Yale Skull & Bones. Sus miembros son ampliamente conocidos aunque no todos destacan por sus capacidades académicas; los Bones reclutan a capitanes de equipos de futbol americano, a guapas porristas y a juniors empoderados. Corre el rumor de que el ingreso a los altos niveles de la CIA y al gobierno norteamericano está relacionado con la secta; verdad o mentira, los presidentes William Taft, George Bush (padre e hijo) e incluso John Kerry, senador y secretario de Estado con Barack Obama, pertenecieron a la organización.

La herejía del monje agustino Lutero implicó el surgimiento de sectas protestantes, el fin del celibato y la obediencia al Papa. Existen luchas ideológicas y rupturas mas no es difícil plantear la hipótesis de que atrás de una secta se encuentra, simple y llanamente, la lucha sorda por el poder y el dinero. Muchas sectas son llamadas también cultos: el grupo escindido se presenta como guardián de la pureza doctrinal y no es raro que sus líderes hayan sido tocados por mensajes divinos y revelaciones. Así sucedió con la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, fundada por Joseph Smith, quien en una visión recibió el mandato de convertirse en fundador de los mormones; convertido en candidato a la Presidencia fue linchado por sus opositores dando pie al surgimiento de nuevas sectas mormonas.

Otras formas sectarias más complejas involucran aspectos de la globalidad, como la Teología de la Liberación, creada contra la penetración imperialista en América Latina e impulsada por ideólogos como el exsacerdote Boff, el clérigo excomulgado Ernesto Cardenal y el filósofo argenmex Enrique Dussel. En un estilo más New Age y gracias al fenómeno de la televisión, los cristianos evangelistas predican el progreso material en el espíritu del corazón en Cristo y recaudan grandes cantidades de dinero que acumulan junto a sus familiares.

Gracias a Dios existen sectas simpáticas, como la Iglesia Maradoniana. Con medio millón de fieles y extendida alrededor de varios países –Argentina, España, Italia, México– propone no tanto que Diego Maradona es Dios, sino que sus goles son divinos y que, con todos sus defectos, encarna al hijo del Hombre. La idea surgió luego del gol que anotó ante la selección inglesa en 1986: fingió empujar con la cabeza el balón que envió de un manotazo a las redes. “Fue la mano de Dios”, dijo en una entrevista; el mundo se llenó con graffitis distintivos: “D10S EXISTE”.

Otras sectas no son simpáticas ni paródicas, como la del frustrado músico Charles Manson; con un extraño poder de seducción sobre sus adeptas, asiduo visitante a reformatorios y correccionales desde los trece años, Manson reunió a sus seguidores cerca de LA en los ranchos Sphan y Barker, antiguos sets cinematográficos donde creó una comuna hippie. Junto a su familia Manson consumía licor, mota y LSD mientras cometía estupro con adolescentes y descubría mensajes en melodías como Helter Skelter (Beatles) y en su propio nombre (Man=hombre; son=hijo: el hijo de Dios). Carismático y ocurrente (saludaba a los señores besándoles los pies) intentó acercarse al mundo de la música y el cine; su fracaso marcó la ruta de brutales asesinatos.

Los líderes sectarios frecuentemente se adhieren a religiones; es el caso de Jim Jones. Cercano a los cristianos metodistas estudió para pastor y fundó su culto, el Templo del Pueblo, con una retórica socializante y antirracista. El reverendo practicaba una dirección autárquica: castigaba con palizas a sus críticos al tiempo que brindaba ayuda a indigentes y drogadictos; su congregación creció en fama y número. Una característica de los líderes es su megalomanía; Jones rechazó a otros grupos y a la Biblia: decidió proclamarse él mismo una divinidad y mudó a San Francisco su sede. Convertido en chamán gracias a sus “curaciones por la fe” vio crecer a sus oponentes y huyó con sus seguidores a la Guyana, donde en 1977 fundó su propia ciudad: Jonestown. Apocalíptico y muy cerca de la locura Jones brindó la opción a sus adláteres: seguirlo o enfrentar el horror. Leo Ryan acudió a Georgetown a recoger testimonios; aterrado, Jones mandó tenderle una emboscada, y luego de matar al congresista a puñaladas e instruyó a sus seguidores para que ingirieran cianuro. En total, la tarde del 18 de noviembre de 1978, murieron 918 sectarios.

Otra secta nada cool fue la de los davidianos asentados en Waco, Texas. Dirigida por Vernon Wayne Howell –originalmente adscrito a la Iglesia Adventista del Séptimo Día– el líder mudó su nombre al de David Koresh. Hábilmente, con la especie de que todos dependieran de él para no depender de nadie más, hizo a sus seguidores vulnerables. Declaró válida la poligamia y tomó a las menores para sí; realizo acopio de armas para defenderse de líderes defenestrados y logró llamar la atención de la Agencia de Alcohol, Tabaco, Armas de Fuego y Explosivos (ATF). Durante las tres semanas que duró el asedio federal al complejo davidiano murieron 86 personas; entre ellas, 17 menores de edad.

En México hay sectas tradicionales, como los masones; y serias, como los espiritualistas trinitarios marianos; en estos perdura la fe en la reencarnación y consideran que el ser humano presenta una naturaleza tripartita donde María es símbolo de feminidad y maternidad. Surgieron en la Ciudad de México en el año de 1866, con Roque Jacinto Rojas Esparza, fundador, profeta y vidente. No creen en el apocalipsis, ni en el diablo; tienen fe en la ley dinámica del karma y en la posibilidad de “traer” a los muertos mediante médiums y danzas. Su práctica es un ritual curativo y se extienden allende las fronteras del país. 

Secta peligrosa es la Dianética: conocida mundialmente como Iglesia de la Cienciología plantea ser la única ciencia del conocimiento y predica que los humanos son espirituales e inmortales. La rehabilitación consiste en revivir experiencias traumáticas, liberando cargas negativas mediante sesiones de auditación, que se cobran. Ron Hubbard, fundador de la Cienciología, pasó gran parte de su vida huyendo de incógnito por supuestos o comprobados fraudes. Recuerdo que a fines de los 70 no dejaban de llegarme elegantes sobres rotulados con mi nombre. Asistí a un sinnúmero de auditaciones a una casona de la calle de Eugenia. Quizá por mi verborrea pude ingeniármelas para no pagar y poder ver frecuentemente a mi Superiora, quien dejaba impregnado su perfume en mis manos cada vez me “auditaba”.

Otras sectas modernas son la del Kiko Naasón y la del Kid Raniere. Al primero lo conocí en el estado de Hidalgo; muy bien vestido, para ser de rancho, traía loción Jockey Club, la del caballito. Famoso por su iglesia, la “Luz del Mundo”, y por pedófilo y pornógrafo, su gloria se desmorona en un millonario juicio en LA. Negado para las matemáticas y las artes estéticas, Joaquín salió bueno para organizar homenajes; en especial, los dedicados a él mismo. El más reciente, el del Palacio de las Bellas Artes en mayo de 2019; acudí invitado por Martí Batres; estuvo padrísimo.

Con el Keith Raniere tuve contacto un par de veces: en Cancún, durante la Cumbre Norte-Sur de 1981 y luego en LA. En la Cumbre el protocolo de seguridad no era muy estricto; anduve por en el aeropuerto durante horas, en tanga, con pareo y una enorme mochila de fotógrafo sin que nadie se me acercara; tampoco nadie preguntó a Keith qué demonios estaba haciendo ahí; y, hasta la fecha, lo desconozco. Amanecimos en Punta Nizuc y no volví a verlo sino en Los Ángeles durante la semana del 11 de septiembre de 2001; nos citamos en la marisquería “El Rey del Mar”, en East LA. Lo vi muy cambiado, muy formal. Esa tarde todo estaba fuera de lugar: derrumbaron las torres y los bomberos que acudieron a sofocar el incendio no aparecían. Las meseras lloraban y él me dijo –lo recuerdo bien– “Las cosas van a mejorar ahora que soy la Vanguardia”. Gringou locou, le dije; en ese momento descendió de una limosina una güera cuarentona y se lo llevó. 

Lo volví a ver tres días después, en Laurel Canyon; en casa de Brooke (una psicoanalista cuyo papá había construido las residencias más bellas de la zona); según, que iba a tocar John Mayall y su banda de blues, y dizque para quedar de acuerdo y que la hiciera yo de gosht writer para escribirle una biografía autofictiva. Pero él se pasó la noche entera con la Brooke y no me peló más… Ahora me entero que su condena es de 120 años. NXIVM se dice “nexsum”; los bailecitos con crazy signs los copió de las villas hoteleras del Club Med, pero lo de marcar a las chavas en la entrepierna como vacas fue de su propia inspiración. 

Las sectas tienen por máxima autonombrarse con números o letras y les encanta decir, en su pináculo: “ya estamos completos; no queremos a nadie” y concentran su furia en sus “enemigos”. Los acólitos se encargan de comparar, peregrinamente, al líder, no solo con Gandhi, Mandela o Luther King sino con Jesús: “La vida y obra de Jesús Cristo reconoce su preferencia por los pobres y por la paz”. Hasta los líderes más buenos devienen en decadentes cuando ya no soportan su insuficiencia o su inútil carga generacional. Ni modos.

Hace 50 John Lennon grabó Imagine, rola que se convertiría en la mejor del siglo XX; Salomón Laiter le enviaba unos dólares al hotel para que, junto a Yoko, no se levantara jamás de su cama de la paz. Durante una llamada telefónica, desde su suite en el Hilton de Ámsterdam, el ex Beatle preguntó a Chalo Leiter –quien acababa de filmar Las puertas del paraíso (basada en un argumento de Elena Garro)– si podía imaginar un México mejor. El cineasta permaneció varios segundos con el auricular en la mano. Después, colgó.

 

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