La trumpística mexicana

 

Por Raúl Casamadrid

Maestro en Estudios del Discurso, editor y escritor.
Actualmente participa en el Doctorado Interinstitucional en Arte y Cultura

 

En el número 2092 correspondiente al 30 de octubre de 2016 de la prestigiada revista El País semanal, suplemento dominical del diario español del mismo nombre, el escritor y periodista Javier Marías discurre, en su artículo “Masas ceñudas”, sobre la pretensión triunfalista del entonces candidato republicano a la presidencia norteamericana. Infiere que el secreto de su probable éxito el artículo lo escribió apenas una semana antes de las elecciones residiría en “comportarse como un fracasado, resentido e insatisfecho”. Con sobrado optimismo, por decir lo menos, el escritor ibérico señalaba que, aún sin el triunfo del antipático y aunque “el ocho de noviembre acabe barrido por Hilary Clinton”, el mundo habría corrido un peligro real.

 

Sorprende en un escritor de su categoría (y en la percepción de medio mundo) cierta fe en que este intimidador no llegara a ocupar el Despacho Oval de la Casa Blanca; y digo que sorprende porque el arrastre del acosador quedó ya de manifiesto antes aun de haber obtenido, frente a más de una docena de experimentados contrincantes, la nominación a la presidencia del Grand Old Party (como se conoce al Partido Republicano en los Estados Unidos).

Otro renombrado escritor, el mexicano Jorge Volpi, ofreció en la ciudad de Morelia, el 17 de febrero del presente año, su conferencia magistral “Don Quijote contra los muros del viento”; en ella, el ahora coordinador de Difusión Cultural de la UNAM tocó el tema de “el muro y los muros”, y consideró que, de cara a la provocación del hostigador, México enfrenta “una de las mayores amenazas que ha vivido en los últimos decenios”. Luego de comparar “el muro de Trump” con la humillación que experimentó nuestro país durante la invasión estadounidense de Veracruz en 1914, consideró que México debe tener “una posición más firme y desarrollada” frente a un demagogo dispuesto a quebrantar el estado de derecho y romper con todas las normas de convivencia internacional.

El novelista y ensayista, miembro de la generación del crack, se refirió a las fronteras como imaginarios ficticios que demarcan el ámbito de poder de quien las traza. No hay que olvidar que, para los nacionales, el límite físico con el vecino del norte es una zona de paso que conecta a dos espacios (cada uno, con sus propias particularidades), mientras que para los norteamericanos la frontera al sur es un borde; más allá de ese límite se encuentra el abismo, el peligro, lo desconocido y lo innombrable. Volpi señala a la tentación de alcanzar lo prohibido como un factor que, paradójicamente, funciona a manera de un impulsor de la ciencia, del arte y la literatura, pues el ser humano en su afán de conocer y saber más, parece dispuesto “a arriesgarlo todo, incluso la vida, por entrever lo que se oculta detrás de las murallas”.

Esta necesidad por conocer y aprender es un atributo de la conciencia y un derecho de los pueblos, mas parece ser una constante entre quienes detentan el poder tiránicamente obstruirle el paso a la inteligencia, al estudio y a la dedicación de las generaciones emergentes por superarse en lo intelectual y en lo académico. En el desconocimiento y la ignorancia radica buena parte de la fuerza de los poderosos. Otra parte del dominio que ejerce el actual presidente norteamericano radica no solo en su alta investidura sino que estriba en la identificación con su electorado y más: en esas “masas ceñudas” de las que habla Javier Marías y que, alrededor del mundo entero, aplauden sus desplantes y gozan enfermizamente con las ocurrencias de “un tipo descerebrado, estafador, mentiroso a tiempo completo, racista, despectivo, machista, soez y de una antipatía mortal”. Se trata del antihéroe por excelencia en el siglo XXI y sus admiradores menudean por todos los rincones del planeta.

En México, por supuesto, no podían faltar los imitadores; se trata, realmente, de copiones que parodian las “hazañas” de su modelo. Pálidamente, primero, y de una manera abierta y desafiante, después, estos trumpistas salen de sus madrigueras al cobijo de los nuevos tiempos que campean. El mito genial que esgrimen estos falsificadores tiene que ver con “lo bien que estamos” y con las “medidas impostergables de ajuste financiero”.

El rubro de Ciencia, Tecnología e Innovación (CTI) no entra en el lenguaje de los legisladores, “no se visualiza el impacto que tiene recortar en ciencia y tecnología en la productividad del país”, aseveró Joshua Mendoza Jasso, coordinador nacional de asesores de la Cámara Nacional de la Industria de la Transformación (CANACINTRA). Y queda corta su declaración. Gracias a estos trumpistas de nuevo cuño el país “en desarrollo” deviene en un país sin desarrollo. El golpe asestado a toda la comunidad universitaria abona a la implementación de las directrices del nuevo norte, que apuestan por una política feudal en donde el conocimiento y la transformación son vistos como un peligro para el statu quo rampante que aboga por la inmovilidad y la permanencia de un México en la cuerda floja y descabezado.

Disminuir brutalmente el presupuesto para el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT) y alejar las becas de manutención de los mejores estudiantes del país, cercenando sus programas de calidad, es un golpe maestro digno de los mejores discípulos trumpistas. Con su implementación la burocracia mexicana rinde culto a los representantes de la oligarquía que maneja el destino manifiesto americano y socava la integridad de una nación cuyo único derecho establecido es el de no ser.

Inflexible, el recorte que representan los 8 mil 200 millones de pesos que dejará de ejercer este año CONACYT y que aprobaran los trumpistas legisladores el pasado mes de septiembre, en 2016, torna, sus previsibles consecuencias, en hechos funestos. Cada posgrado del Programa Nacional de Posgrados de Calidad (PNPC) en las universidades de todo el país demanda por un mayor financiamiento, y sus estudiantes y coordinadores denuncian un verdadero atentado a la investigación científica y tecnológica. Más, el siniestro desplante fue calificado como un insulto para los mexicanos.

Perversos, sin duda, son los cerebros trumpistas quienes además de “desacelerar” el plan de becas de CONACYT inventaron taimadamente una medida que suplanta a los salarios mínimos: los UMAs (Unidad de Medida y Actualización), que son menores, más bajos que aquéllos y que no contemplan a la inflación. “Es indignante que el CONACYT diga que somos un centenar de estudiantes nerviosos que decimos que hay una reducción de becas”, manifestaron maestros doctorantes de la UAM, unidad Xochimilco.

Por su parte, la directora adjunta de Posgrado y Becas del CONACYT informó que el presupuesto para el programa de este año “es insuficiente para contender contra los desafíos que tenemos”. Evidentemente, la noticia llegó tarde a oídos de miles de alumnos de posgrado, quienes fueron llamados a asombro al percatarse de que, por obra y gracia de trumpistas de baja estofa, el CONACYT (junto con la Secretaría de Cultura, por cierto) resultó una de las diez instituciones gubernamentales que sufrieron un mayor recorte presupuestal, y que sus becas, obtenidas luego de arduos concursos y a través de complicados (y a veces, costosos) procesos de postulación, se habían esfumado.

Independientemente de que el actual presidente norteamericano ganara con un menor número de electores (65 853 516 de Hilary Clinton por 62 984 825 de Donald Trump), el hecho es que el trumpismo triunfa y no solo en los estados americanos unidos, sino en todo el mundo occidental; al menos, en México, cuenta con una importante cantidad de seguidores. Trumpistas incrustados en poderosos puestos (como ya se ha denunciado) que otorgan –así lo ha hecho el propio CONACYT– dineros a empresas ecocidas (véase el caso de la canadiense New Gold-Minera San Xavier).

Resulta iluso, a todas luces, considerar al presidente recién nombrado como un deschavetado advenedizo que milagrosamente se alzó con el triunfo electoral. Nada más alejado de la realidad: el equipo que acompaña al exmagnate inmobiliario es, sin duda alguna, el grupo de trabajo político mejor preparado y más equipado de todo el orbe. Sería un engaño pensar lo contrario; además, el trumpismo cuenta con una multitud de voluntarios, especialmente en México, donde politicazos de todos los colores festejan, por lo bajo, las puntadas del presidente norteño, jalando agua para su molino y socavando, sin empacho ni escrúpulos, los cimientos de las instituciones y de la propia sociedad mexicana.

Estos trumpistas a la mexicana le hacen el caldo gordo al rey de los buleadores y demuestran, una vez más, que la educación, la cultura y la imponente necesidad que nuestro país acusa por elevar el número de sus posgraduados y la calidad de sus programas de posgrado les importa nada y no les quita el sueño. Para ellos, verdaderos tumores enquistados en las altas esferas del poder, lo que interesa y conviene es prolongar en, México y para los mexicanos, el derecho de no ser.

 

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