¿PUEDEN TENER FUTURO LOS MEXICANOS?

Mtro. Jerjes Aguirre Avellaneda
Colegio de Sociólogos de Michoacán

A la pregunta de si podemos tener futuro los mexicanos, el sentido común contestaría que por supuesto, que, siendo el futuro inevitable, porque hay un día siguiente, al que sigue una semana, un mes, años, siglos y milenios, los mexicanos también tienen un después y una vuelta de página en la historia.

Pasado, presente y futuro forman parte de un mismo proceso, esencialmente interrelacionado, en tanto lo uno no se explica sin lo otro, toda vez que el pasado que es historia, condiciona el presente y es en el presente donde están contenidos los elementos indispensables para construir el porvenir. Todo ello a pesar de que se argumente la inutilidad de la historia y el presente se entienda como espontaneidad y ocurrencia, sin vinculación alguna con el futuro.

Esta es una realidad que muestra los grandes vacíos en ideas y conciencia, que deja a las grandes mayorías sociales sin historia, haciéndolas vulnerables para que las minorías, impongan sus propios futuros y las grandes desigualdades e injusticias, continúen reproduciéndose indefinidamente. El mundo vive, todos vivimos, la época que ignora la historia, negándole al presente la posibilidad y la alegría para construir un futuro alternativo en sus valores y formas de convivencia.

Por eso conviene acercarse a ese proceso único que es la historia, para encontrar en el ayer, y en el hoy, los elementos de un nuevo modelo que represente el deber fundamental de su transformación en realidad. Historia y presente, es lo único que puede señalar aquello que, siendo importante, está por hacerse, en la convicción de que en el pasado hay muchas glorias personales y colectivas, pero lo más grande y trascendente está por hacerse y no en lo que ya se hizo.

Consecuentemente, habrá que destacar que el mundo vive una época imposible de imaginar hace 100 años, cuando triunfó la Revolución Bolchevique en la Rusia Zarista y fue promulgada la Constitución Mexicana, como producto de la Revolución de 1910. En la mayor parte del siglo XX, que es apenas el siglo pasado, México vivió el gran sueño de la Independencia y la Soberanía Nacional, la vigencia del Pueblo como Sujeto de Derecho, la libertad, la justicia social y la democracia.

Aquellas fueron décadas de ideales, de compromiso con el futuro de la Nación, de historia compartida y de enormes satisfacciones derivadas de la identidad, el orgullo de pertenencia y el significado que se otorgaba a la existencia individual y colectiva. Mucha razón tuvo José Vasconcelos al crear el lema de la Universidad Nacional, en términos de que “Por mi raza hablará el espíritu” y en efecto habló, como referente de los silencios de hoy.

La grandeza del pasado inmediato sucumbió antes de terminar el siglo XX. La fuerza de la Revolución Mexicana, representada por los campesinos, obreros, intelectuales y artistas, con su enorme pensamiento y creatividad, fue derrotada por enemigos silenciosos pero efectivos, que desde dentro corrompieron a los revolucionarios y sometieron y aniquilaron desde fuera, el conjunto del proceso, sin que se hubiese disparado un solo tiro y sin que se hubiera producido un solo muerto.

En el año 2000, la Presidencia de la República fue entregada a un personaje de derecha, representativo de los interese, contenidos y estilos de la modernidad globalizadora. Nada fue conservado como enseñanza. El nuevo siglo y el nuevo milenio, fueron iniciados con un renovado impulso en la construcción de un modelo de desarrollo, sustentado en la filosofía que absolutiza al individuo enfrentándolo a la comunidad, para colocar al yo por encima del nosotros, a la vez que despoja al presente de todo pasado y de toda posibilidad futura.

Este es el gran problema y el gran desafío. Los mexicanos no ven con claridad y optimismo lo que está por venir. Cuanto se hace y decide está en función de exigencias externas y no de las necesidades de los mexicanos, aun cuando se insiste en lo contrario. La sociedad mexicana está dominada por los desencantos, las frustraciones, los miedos y la depresión colectiva. Los mexicanos dudan y desconfían de la política, del gobierno y por injusto del “Estado de Derecho”, rebelándose contra el cambio de significados y el uso de conceptos, que forman esquemas para la interpretación de la realidad, de acuerdo con el interés de los poderes reales dominantes. La zozobra y la ausencia de rumbo predominan.

La realidad sugiere una cuidadosa revisión de nuestras herencias de pensamiento, de nuestros grandes valores morales y políticos, confrontándolos con las nuevas circunstancias para tener capacidad de reelaborar los grandes ideales como única posibilidad de darle sentido a la existencia de todos. No nacimos como simples productores y consumidores de todo tipo de mercancías, atrapados en la especulación financiera y en la ambición incontenible de acumular más para pocos, al costo de empobrecer también más a los muchos. Los sustentos espirituales del hombre van mucho más allá de las cosas que satisfacen a sus sentidos.

El obrero no puede quedarse sólo con la preocupación de mejorar su salario, el campesino con las posibilidades de mejorar los rendimientos de la tierra, las capas medias esperando algún incremento a sus salarios fijos, los empresarios con la motivación de elevar la productividad, los estudiantes esperando después encontrar un buen empleo. No se trata sólo de vivir y sobrevivir, sino de existir humanamente, en el significado de otorgarle contenido moral e ideal a la vida misma.

En el comportamiento político, que es el comportamiento donde se expresan las preocupaciones generales derivadas de la teoría social y donde existen las posibilidades del hacer en beneficio de todos, las reglas del mercado no son suficientes. No pueden comprarse votos como si fueran objetos de consumo. Está bien que los comerciantes en bienes y servicios procuren cautivar con la publicidad de sus productos, atrayendo clientes para aumentar la rentabilidad de sus ganancias. En política, la actividad de las organizaciones y partidos, tiene sobre todo que ganar conciencias, proponiendo soluciones a los problemas concretos, pero también, explicando el modelo de sociedad que conciben, donde cada uno de los actores individuales y colectivos, pueda verse reflejado en las oportunidades que tendría para realizar todas sus potencialidades.

Los partidos políticos y los ciudadanos, son portadores del futuro porque el poder se busca para hacer lo que no está hecho y para construir lo que no está construido. Luego entonces, ¿en qué consiste ese futuro que buscan y que finalmente tendría que ser construido por todos?. La democracia es un medio que evita imposiciones violentas, pero acepta la imposición de las mayorías reales sin aniquilar a las minorías, por medio del convencimiento. Para convencer hay que proponer y, para proponer hay que definir esencialmente ideas.

En los viejos dilemas de organización social, los conceptos centrales se referían a la capacidad para forjar una nueva sociedad y un nuevo hombre, satisfecho y libre, responsable y solidario, capaz de vivir a plenitud mirando seguro el universo. Hoy se persigue ante todo y sobre todo hacer más competitiva las empresas y los negocios, en lugar de hacer más consciente al hombre, liberándolo de sus pobrezas materiales y ampliando sus capacidades para hacer su vida con amplitud de oportunidades.

Finalmente, hay una interrogante que es fundamental abordar. Así como se necesitan ideas en torno a las cuales se puedan establecer sólidas organizaciones ciudadanas y de toda la gente interesada en participar, también se hacen indispensables los nuevos liderazgos con amplitud generacional. Sin embargo, ¿dónde están las reservas de liderazgos con las cualidades necesarias en conocimiento, sensibilidad y determinación?, ¿en los partidos políticos?, ¿en los funcionarios públicos?, ¿en los legisladores? La respuesta es un no contundente.

Las reservas del liderazgo para las grandes tareas del presente y el porvenir, se encuentran en la sociedad civil y en sus organizaciones, especialmente en el sector que hace de la ciencia y la tecnología la condición básica para su desempeño en la sociedad, como son los profesionistas en las distintas especialidades. Conocimiento de la realidad y manejo de los medios para conservarla y aprovecharla, como recursos naturales y como sociedad, hacen de los profesionistas el potencial de liderazgo que los grandes retos necesitan. Estos son tiempos para que cada quien asuma sus deberes y los profesionistas y sus Colegios no pueden renunciar a sus responsabilidades. Los profesionistas son líderes por su propia naturaleza, por derecho propio.

Con este horizonte, las ideas, la organización y el liderazgo, algunas acciones específicas son posibles, entre otras, las siguientes

Primero.- Replantear el modelo de desarrollo con nuevos objetivos mediatos e inmediatos, con la participación de todos, aportando el conocimiento y el talento de los mexicanos.

Segundo.- Estando por cumplirse el Centenario de la Constitución de 1917, es viable el esfuerzo para recomponer a México, con un nuevo Proyecto Constitucional. La tarea podría y debería estar a cargo de los profesionistas de México, con la iniciativa de los Colegios de Michoacán.

Tercero.- Las soluciones aisladas a la crisis del presente, no son suficientes. Es indispensable un plan general que involucre a todos los sectores sociales, que tenga carácter histórico y la capacidad para devolver el entusiasmo y la certeza a los mexicanos, en la grandeza que son capaces de construir.

 

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