Testimonio de gratitud

Un Gran Compositor, Chucho Monge

 

Por Eulalio Ferrer

Intelectual del exilio español
en México y excelente publicista;
autor, entre otros títulos, de Entre alambradas.

 

Sumario.- Michoacán es tierra de elección de la vida artística; quizás por ello han nacido aquí, como Chucho_Monge_LetraFrancacosa del destino, mujeres y hombres que llevan en su interior el canto nocturno de la sangre, algunos de los cuales ya hicieron historia, en tanto que otros se hallan en la brega. Hoy, con el texto recuperado de un escritor español del exilio, Eulalio Ferrer, Letra Franca rinde homenaje a uno de los grandes compositores que ha dado Michoacán al país.

 

Se está recordando durante estos días a uno de los más grandes compositores mexicanos de la canción popular: Chucho Monge. Aunque los homenajes suelen rendirse en los centenarios del nacimiento o de la muerte, Chucho Monge- -1910-1964- -está por encima de la cronología histórica, aunque esta sirva para explicar, obviamente, los méritos y las circunstancias de su obra. El homenaje que ahora se le rinde y el que México le debe, sobre todo su tierra Michoacán, salta la temporalidad: es permanente. Lo es, porque en nuestro país -y en el mundo entero- sus melodías son garganta del recuerdo, fama de México, vibración del alma popular. Una canción bastaría para identificarlo nacional e internacionalmente: “México Lindo y Querido” fue proclamada la canción mexicana del siglo. Otra suya, de las primeras, “Creí”, grabada en EU por los Tiranos del Norte, fue disco de 200,000 copias y éxito por 27 semanas en la revista Billboard de aquel país. Pero son numerosos los triunfos musicales de Chucho Monge. ¿Quién no recuerda la interpretación clamorosa de “Pobre Corazón” en la voz de Pedro Infante? ¿Y la de “Cartas Marcadas” en la de Miguel Aceves Mejía? ¿Y la de “Besando la Cruz” en la de Lola Beltrán? La lista sería interminable. “Pa’que me sirve la vida”, “Sacrificio”, “Mi Virgen Ranchera”, “Caricia y Herida”, “Me das una pena”, “Dolor”, “El Remero”, “Sus Ojitos”… He dejado aparte su mayor éxito popular: “La Feria de las Flores”, que forma parte de la heráldica musical de México: cantada por todas las voces en casi todos los idiomas. Evoco una noche en marzo de 1954, en Huauchinango de las Flores, ciudad así apellidada, antes de rendir honores a Chucho Monge. La serie radiofónica “Así es mi tierra”, en un control remoto memorable, sirvió de marco artístico al homenaje que un pueblo entusiasmado y bullicioso rindió al destacado compositor michoacano.

 

Chucho Monge con su nombramiento de hijo predilecto, recorrió una tupida pasarela de Flores, cuyos tonos vivos y contrastantes iluminaban la noche. Más de 4000 voces cantando sin cesar, “La feria de las flores”. Al regreso a México, por una difícil carretera por donde corría veloz el automóvil de otro Chucho querido-Jesús Ortiz Haro-, escuchamos al propio Chucho Monge su bellísima melodía, entre los saltos del vehículo y los rasgueos de su inseparable guitarra, sobre su pecho, un collar de flores: en el corazón, las emociones de una noche mágica, que nunca olvidaríamos.

 

Conocí a Chucho Monge en el último rincón bohemio de una capital que hacía todavía los azules de su cielo transparentes. En ese rincón bohemio, animado por Alfonso Esparza Oteo, Tata Nacho y Mario Talavera, se entonaban canciones y se escuchaban, en lúdica intimidad, las voces de Elvira Ríos, María Luisa Carvajal, Toña la Negra, Amparo Montes, Eva Garza, las hermanas Águila, las hermanas Landín, Pedro Vargas, Ortiz Tirado, Chucho Martínez Gil, el dueto michoacano integrado por Miguel Aceves Mejía y Manuel Bernal…Las apariciones de Chucho Monge, escondida en la sencillez su imagen de galán, convocaban el silencio, cantaba con voz suave, como si llovieran lágrimas en ella, con el rasgueo milagrero de su guitarra de Paracho, tierra michoacana de las buenas guitarras.

 

Chucho Monge moriría del corazón: no podría ser de otra manera. Era hombre de entrañables cordialidades. Compositor inspirado, también en el culto de la amistad. Convivimos en las series radiofónicas “Así es mi Tierra” y “Noches Tapatías”. En ambas dejó las huellas sensibles de sus canciones. Memoria luminosa de un mexicano ejemplar.

 

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