Letra Franca, 63 072 000 segundos

Letra Franca, una apuesta por la libertad

 

Letra Franca, 63 072 000 segundos

Las revistas de valor los son porque van, porque quieren ir a

contrapelo de toda forma de comodidad intelectual.

Guillermo Sheridan

numero-23-5inch Cada año cuenta con 31 millones y 536 mil segundos, y al cumplir dos años de publicar mensualmente, Letra Franca  logra cubrir —con la edición de 24 números ininterrumpidos— una cuota que va más allá de lo temporal, para ubicarse en un ámbito social, espacial e histórico de confluencias muy diversas, así como también en el del perímetro local y cultural de lo michoacano.

Celebrar el segundo aniversario de alguna publicación es, siempre, festejar a la palabra. Letra Franca  ha publicado, durante sus 24 meses de vida, más de 500 artículos elaborados por casi trescientos autores de ambos géneros; muchos de ellos michoacanos, pero también —en buena medida— de otros lugares de la República Mexicana y del extranjero.

Cada segundo, el mundo avanza: en su pensamiento, en su devenir, en sus conflictos. Corazón de la mexicanidad, el estado de Michoacán está ligado no solo a los acontecimientos históricos más importantes del país; también representa, en la actualidad, el sitio donde acontece, con gran intensidad, todo cuanto puede suceder en un país con las características del nuestro. Es el paraje en el cual convive el mar con las altas serranías, las profundas minas con las exuberantes selvas; las modernas carreteras y centros urbanos con los pequeños poblados de caminos rurales que los temporales cierran. Un estado donde cohabitan los signos positivos junto a los ominosos, de carga negativa.

En Michoacán, convive el conservador tradicionalismo junto a la novedad de una patria libre y compleja que apunta hacia el siglo xxii: aquí se manifiestan, con fuerza viva, enérgica y a veces violenta, la realidad de un mundo con fuertes raíces indígenas —apegado a sus usos y costumbres— frente a una sociedad nueva, dentro de la cual aquel mundo casi feudal no encuentra cabida ni sostén. Los conflictos de orden educativo, económico, de salud y seguridad han llegado —cada vez con mayor frecuencia— a desbordarse, al punto de parecer incontrolables. La incertidumbre política y financiera se ha vuelto el pan de todos los días: maestros, estudiantes, agricultores, empresarios, comerciantes y profesionistas se encuentran ante un vacío que la autoridad no llena. La falta de información en que se desenvuelven muchos medios de comunicación no abona a un terreno en donde campea la incertidumbre.

Sin embargo, no todo es negativo: la sociedad cuenta con el activo de una juventud pujante en busca de soluciones reales a problemas críticos ya determinados. Y cuenta, también, con una cultura ancestral cuyos valores permean, con principios éticos y morales, al ámbito donde se dirimen las cuestiones, dudas y dificultades que entrampan lo económico, lo político, lo educativo y lo cultural. Y es en este ámbito de creación, de ideas, de crítica, de vida intelectual y responsabilidad, donde se puede generar una sociedad más informada, solidaria y comprometida con su propia comunidad. Letra Franca  trata de contribuir, aunque sea mínimamente, a darle un espacio a estas voces —variadas y comprometidas- y a la expresión de sus ideas.

Los autores que han colaborado a lo largo de las 24 primeras ediciones de la revista se han distinguido, sobre todo, por la individualidad de su pensamiento, por la diversidad de los asuntos que abordan y, más que nada, por la libertad con que lo hacen. Por Letra Franca  han desfilado temas relativos a la música, la filosofía, la política, la antropología, la sociología, el cine, la gastronomía, la psicología, la historia, las ciencias, la investigación, la pintura, la pedagogía y muchos más. Hay que destacar —aparte de lo mencionado— que el lector tiene un sitio destacado en El lector en su tinta y que en el interior de sus páginas nunca ha faltado un espacio para la creación literaria: en sus números han aparecido poemas, cuentos, reseñas, textos de investigación y ensayos originales que dan fe de la enorme creatividad de las plumas que, mes tras mes, se dan cita en cada nueva edición.

Letra Franca  pretende situarse, en el ámbito de las ediciones culturales, del estado y del país, como una obra escrita en donde converge todo tipo de pensamiento y donde se privilegia el ejercicio de la libertad. En este sentido, se trata de una revista que espera unirse a la tradición de otras revistas y suplementos michoacanos, como en su tiempo lo fueron Ábside , de los hermanos Méndez Plancarte, o Acento , el suplemento del matutino La Voz . Sería inútil agotar esta entrada con la lista de todas las plumas que han colaborado en cada publicación, y arriesgado, además, pues son tantas que sin querer podría dejar fuera algún nombre en contra de mi voluntad. Baste con señalar que su aparición cada mes, en los puestos de revistas, es fruto del  enorme esfuerzo que despliega su director, Leopoldo González, encabezando a un equipo con voluntad de vuelo.

La revista, cuyos números virtuales se distribuyen en toda la república —y en una buena cantidad de universidades extranjeras— entra a su tercer año con dos buenas nuevas: la aparición de su próxima página WEB en la red, y el otorgamiento —por parte de la Comisión Calificadora de Publicaciones y Revistas Ilustradas de la Secretaría de Gobernación— de su Certificado de Licitud de Título y Contenido . Ambas noticias dan fe del avance que esta empresa cultural —pese a las dificultades financieras que afectan a todo proyecto independiente— desarrolla con el beneplácito del público al que va dirigida.

Y es que no es —ni ha sido nunca— una empresa menor la de publicar una revista de contenidos culturales. Especialmente en nuestro país y, en particular, en un estado como el nuestro, abatido por problemas endémicos y de nuevo cuño, y cuya simple mención remite a balaceras, emboscadas, mítines, paros, bloqueos, corruptelas, pobreza e inseguridad. En este ámbito, minado por años de desapego y desatención, las palabras con letras francas  son bienvenidas a los ojos del lector ávido de contenidos y sustancia. Por ello, me permito desde aquí aplaudir la voluntad y el tesón de Leopoldo González, director de un proyecto que hasta hace poco sonaba utópico e idílico, así como la constancia y el apoyo de sus principales colaboradores: Omar Arriaga Garcés, en la Secretaría de Redacción, Nurivan Viloria en diseño gráfico y Rosario Herrera Guido en el Consejo de Redacción; Ya nada puede borrar los miles de palabras y conceptos escritos en sus páginas, pero nada impide, tampoco, que los obstáculos que medran frente a toda empresa cultural, crezcan e intenten socavar su voz. Ante la indiferencia de ciertas instituciones y el desapego tradicional de un mundo caótico que no acaba de comprender las virtudes de la letra escrita, la solidaridad y la colaboración de todos los amigos de Letra Franca  han sido el sustento que ha permitido llevar adelante este esfuerzo conjunto. Ante las vicisitudes administrativas que mes con mes se presentan, llegado el cierre de cada edición, solo el empeño, la firmeza y la constancia de su director y sus cercanos colaboradores, han logrado mantener las velas en la boca del viento para asegurar la vigencia de este gran proyecto.

Y se trata de una publicación que pertenece a todos los que desean contar con un espacio abierto para la expresión de las ideas; inmune a intenciones enmascaradas y sólido frente a remolinos de viento. La transparencia que caracteriza a cada uno de quienes escriben en este medio de comunicación, es la garantía de un contenido de calidad que no contempla tapujos, cochupos ni cortapisas.

Los amigos de Letra Franca  esperamos celebrar, junto a su dirección, un tercer aniversario; y que a lo largo de los próximos doce números podamos vernos identificados, de manera conjunta, en un pensamiento compuesto por una multitud de voces que con distintas perspectivas representen la palabra de todos y cada uno de los elementos humanos que constituyen la compleja sociedad michoacana.

¡Felicidades!

RAÚL CASAMADRID

Ensayista y editor. Premio de ensayo “María Zambrano” 2011.

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