Un memento para Marco Antonio Herrera Guido

Rosario Herrera Guido

¿Qué habrá de decir mi canto solitario para vencer el silencio,
cuando llegue el día preciso?
¿Qué habrán de decir mis versos
al despertar bajo esta piel,
que aún me abriga en la soledad amarga?
¿Qué dirá aquel amigo cuando me llore y me extrañe,
cantando con mi guitarra?
¡Qué fría y distante queda la vida!
Marco Antonio Herrera Guido (Epitafio).

Memento es una voz latina que significa acuérdate, pero también refiere a una plegaria para vivos o muertos en la liturgia católica, así como al nombre de un libro de memorias o notas. Mas para Marco Antonio Herrera Guido (Ciudad de México, 20 de noviembre de 1944–Morelia, 3 de febrero de 2018), tal vez sería necesario recordarlo con un concertino operístico y rockero. Como a él le hubiera gustado, cual admirador que era lo mismo de Giuseppe di Stefano que de Nina Hagen.

Marco Antonio, el médico odontólogo (UMSNH), estaba enamorado de la buena música, que iba de la ópera al rock, pasando por el bolero, la balada, el bossa nova, la bohemia, los escenarios, la cultura, la literatura y el arte. Tal vez porque a los siete años debutó en el Teatro Nacional de la Bellas Artes, en el estreno de la ópera Gianni Schicchi de Giacomo Puccini en 1951, donde el papel titular lo tenía su padre, el bajo-barítono bufo Alberto Herrera (miembro de la Academia de la Ópera de Bellas Artes, quien se inició en 1947, cantando el papel de Simeon en la ópera L’enfant prodigue, Rigoletto, La Bohème, La Traviata y Tosca, entre otras. y quien alternó con Giuseppe di Stefano y María Callas).

Durante su vida siempre estaba rumiando cómo, con quiénes y dónde podía cantar o tocar guitarra o batería. Desde sus estudios secundarios, conformó el grupo de rock los Blue Caps; más tarde, como percusionista de la Escuela de Música de la UNAM, se integraba o formaba grupos para cantar y tocar, o llevar serenatas.

Ya en Morelia, fue integrante de los coros Miguel Bernal Jiménez, el Romano Picutti, El Coro del IMSS y la Secretaría de Cultura de Michoacán. Formó un cuarteto de música barroca y gregoriana, con todos vestidos de monjes medievales. Y en Zamora, siendo dentista, organizó el taller literario “Jorge Cuesta” y el grupo de música latinoamericana Pireni.

De regreso a Morelia fundó Fusión Trío, también de música latina y trova cubana. Promotor de las casas de la cultura de Morelia y Zamora, y colaborador de la fundación del Museo de Arte Contemporáneo Alfredo Zalce, al lado del poeta Manuel Aguilar de la Torre.

En sus últimos años, Marco Antonio fue colaborador de la revista cultural Letra Franca, donde publicó sobre Nina Hagen y Julián Carrillo, además de poemas líricos, surrealistas o malditos, como “Amada Archinboldeana”: “Cuando toco tu piel, olvido la locura, / El profundo alfiler que me acompaña. / Tu cuerpo está lleno de parques y palomas / Aquí te extiendes como la noche sobre el día / Tu olor es amarillo, / Tu luminoso andar: aurora de sonrisas. / Tu tiempo es una diáfana alborada: / Agua de mayo, llamarada que empapa mi jardín. / Hablo de ti y me salen duraznos de la boca / El sol penetra por mis venas, / Palpitan parvadas de canarios / Y el alma persistente campana” (Revista Letra Franca). El poema a su amado Camécuaro: “Gigante mariposa verdinegra / Estanque de campanas sumergidas / Catedral de Sabinos que vigilan los soles codiciosos de la aurora. / En tu sueño de dulces pentagramas / Canturrean en purhépecha las flores / Recordando el idioma de los lirios / En la gran serenata de las ranas. / Raíces sumergidas por los tiempos / Pájaros submarinos que no escuchan los lamentos tristones de los grillos / Manantial de imágenes dormidas, húmedos aromas y recuerdos / Paraíso del pez de mis deseos…” (1er Encuentro de poetas del Cupatitzio, UMSNH, 2015). Y el poema a su admirado poeta Ramón Martínez Ocaranza: “Tu que recorriste las calles de lo nunca dicho / que huiste de las palabras bellas y las metáforas huecas. / Tú… que con candados de odio en la garganta / interrogaste a todos los oráculos / y entraste por las puertas del delirio para ver el reverso de la vida. / Tú que no soportaste la injusticia y luchaste por los hombres / a pesar de la enfermedad y los alacranes de la estupidez. / Tú que inventaste laberintos y utopías / y aniquilaste la realidad al presentir relojes, abismos y caos. / Te has ido cargado de orgullo / sobre tus monstruos, culebras amarillas / sueños y pesadillas, ternura y coraje / galopándote en las venas” (2o Encuentro de Poetas del Cupatitzio, 2016).

Un memento para Marco Antonio Herrera Guido, el mayor de mis hermanos, escrito en homenaje a su memoria, como agradecí el milagro de la presencia y compañía de familiares, carnales y amig@s, en su último vuelo musical y poético, en compañía de los bohemios cantautores René y Misael: “No puedo cantar ni quiero a ese Jesús del Madero sino al que anduvo en la mar” (Antonio Machado, musicalizado por Joan Manuel Serrat).

 

 

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