NOTA INTRODUCTORIA A OJO DE JAGUAR

(Nota crítica a la poesía de Efraín Bartolomé)

Por Marco Antonio Campos

En el año de 1982 Efraín Bartolomé publicó modestamente Ojo de jaguar, sólo unos cuantos admiraron a un poeta fuera de serie. Ahora, años después, aumentado, nos lo entrega de nuevo. Es el libro de su estado natal, Chiapas, un lugar donde se siente a la tierra y al hombre en carne viva. Hay paisajes recobrados, historias de familia, historias de los otros, historias de sí mismo. Por la poesía de Efraín Bartolomé los nombres propios de personas, sitios y cosas son ya parte de nuestra imaginación y música.

Es tal la capacidad de Efraín Bartolomé para crear imágenes y sensaciones que desde los primeros instantes nos adentramos en sus versos o, aun, los versos nos habitan.

Es una geografía intensa de amarillos, de verdes oscuros, de un azul cielo húmedo, y en el fondo – o arriba – el sol. Un gozo continuo llamea en nosotros y la poesía habla con el corazón y la piel ardientes.

Sólo la poesía, la naturaleza y a veces el amor – parece decirnos Efraín Bartolomé – pueden salvar al hombre en este mundo despiadado.

En la poesía de Bartolomé, cosa paradójica, hay una entonación elegíaca.

El pasado se canta, pero el presente parece también pasado y es ya nostalgia de lo que será años después. El recuerdo es la experiencia que se vivió y se vive, y nos deslumbra y entristece.

Es admirable la precisión de los juegos de luz y sombra en las imágenes del libro. Veamos lo que ve el prodigioso ojo de jaguar. Oigamos una voz, una gran voz. A un gran poeta.

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