INTERLUDIO DE PAZ POR LOS AMANTES*

Leopoldo González

Los amantes son seres que vienen de otra parte

ebrios de noche y distancia

especialistas en buscar lo imposible

 

  Los verdaderos amantes

-almeja oscura del polvo de los días-

son los locos cuerdos de esta historia

 

  Se ocultan tras la luz que los vuelve invisibles

hacen de la noche día con la linterna del corazón

succionan la humedad del universo en cada aurora

se van a otra parte desde la fuerza de su amor

eufóricos y dichosos como golondrinas salvajes

 

  Con palabra y silencio alimentan

una mirada que todo lo devora

bajo las sábanas frescas del deseo

 

  No comprenden que el amor

-el que forjó la soledad irrevocable de sí mismos-

hizo en ellos el experimento jamás logrado:

un lenguaje que dijera todo en las llamas de la caricia

 

  Una sola gota de miel apaga su locura

y lleva plenitud a su alma

 

  En el sueño

–tan sueño para un solo ser-

atesoran, los amantes, una poética del otro

escrita en compases de adiós y salmodias de luna

para que la música de los sentidos

sea un betabel de cola larga     por si las dudas

  Los amantes     nacen crecen  

se reproducen      y nunca mueren

porque el amor es la coartada perfecta

de la insobornable perpetuidad de la sangre

 

  Los amantes, errantes ostras de silencio

son seres distintos bajo el encierro del mundo

alguien que se saca los ojos y tiembla

para reconocerse afín en los pasos del otro

 

  Los buenos amantes son cosa juzgada

 

  En los desvelos de la memoria

permanecen más allá del bien y el mal

perfectos de humedad y silencio

 

  No hay amante que resista

la acidez inevitable del mundo y sus juegos de fantasmas

 

  Los amantes, los verdaderos amantes

urden el total abandono de sí mismos

en la plenitud estratégica del otro

sin mirada triste ni tretas de vino tinto

 

  Los amantes, los verdaderos amantes

oscura hiel de ser la herida de otra voz

precipicio de luz en los naufragios del ojo

sombra apolínea en la sangre de los locos

llevan la piel a flor de incendio

en los pecados silenciosos de la carne

 

*Poema publicado en el poemario Hora temprana, editado en abril de 2015 en Madrid, España, bajo el sello de Lord Byron Ediciones. Posteriormente apareció en la antología bilíngüe De Neza York a Nueva York, editada en abril de 2016 en Toluca, Estado de México.

 

PEACEFUL INTERLUDE FOR LOVERS

Leopoldo González

Lovers are people who come from elsewhere

drunken of night and distance

specialists in seeking the impossible

 

  True lovers

dark clam of the day’s dust

are the sane crazies of this story

 

  They hide behind the light that turns them invisible

they make of the night day with the lamp of the heart

they suck the moisture of the universe in each dawn

they go elsewhere from the strength of their love

euphoric and happy as wild swallows

 

  With word and silence they feed

a look that devours everything

under the fresh linens of desire

 

  They do not understand that love

—the one that forged the irrevocable solitude of themselves—

has made of them the never achieved experiment:

A language that will tell everything in the flames of a caress

 

  A single drop of honey turns their madness off

and brings fulfillment to their soul

 

  In the dream

—a dream for just one being—

they treasure, the lovers, the poetics of the other

written in goodbye compasses and moon psalmodies

so that the music of senses

be the long root of the beet just in case

 

  The lovers are born grow

breed and never die

because love is the perfect alibi

of the incorruptible perpetuity of blood

 

  Lovers, wandering oysters of silence

are distinct beings under the world’s confinement

someone who takes out his eyes and shakes

to recognize himself in the steps of the other

 

  Good lovers are judged

 

  In the wakefulness of memory

they remain beyond good and evil

perfect of moisture and silence

 

  There is no lover that resists

the inevitable acidity of the world and its games of ghosts

 

  Lovers, the true lovers,

release total abandonment of themselves

in the strategic plenitude of the other

without a sad look or tricks of red wine

 

  Lovers, the true lovers,

dark gall by being the wound of another voice

precipice of light in the eye’s shipwrecks

Apollonian shadow in the crazies’ blood

they bear their skin to the flower of deep fire

in the silent sins of the flesh

 

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