Poemas de Baudelio Camarillo

 

I

Todo lo conocí bajo tu luz.

Incienso, mirra y oro no los tuve

pero el milagro ardió.

Qué pronto se hace tarde.

En el mar de este día

tu desnudez fue el ancla.

Llegue la oscuridad plena de paz,

de estrellas,

de reposo,

y que tú seas mi noche.

 

III

Todos tenemos derecho a equivocarnos.

A despertar alegres

y creer que la luz

la habremos de beber en una copa limpia

y transparente.

 

Todos tenemos derecho a unas cuantas semillas de inocencia.

A soñar el amor

                            la fortuna

                                              la gloria.

 

Sí,

todos tenemos derecho a equivocarnos.

 

Y sin rubor lo digo:

hubo años

en que me daba gusto despertar.

 

IV

Con todo lo perdido hago este fuego.

Con todo lo ganado hago estos versos.

Con todo lo ganado

y vuelto a perder

escribo.

 

Hace frío afuera pero este fuego

calienta mi cuarto.

El fuego de lo perdido mantiene ahora

el calor de mi cuerpo.

 

El árbol se ha secado.

El tiempo con su hacha luminosa lo partió

en breves trozos.

Los arrojo a la hoguera en esta tarde fría:

qué bien arden.

 

II

Pocas horas faltaban para el alba. Tu cuerpo alumbraba en aquella oscuridad como la luna nueva hacia el poniente y, ebrias de ti, mis manos se adormecían con una tenue claridad junto a tu sueño. Cierta madrugada una sombra perversa cruzó por la pared y se escondió tras el armario. Su reconcentrada oscuridad la delató en la noche, en la ceguera penumbrosa de aquel cuarto que un poco más allá de tu cuerpo desnudo comenzaba. Encendimos la luz, movimos el armario y no encontramos nada. Nos vestimos después y caminamos sobre las vías de un tren inexistente. Pocas estrellas faltaban para el alba. Pocos pasos faltaban para esta larga calle. Pocos besos faltaban. Y estás solo de nuevo, como una sombra ciega y asustada a la que le han talado todo el bosque.

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