El Estado laico, una conquista republicana que no debemos perder *

Rosario Herrera Guido

 

Andrés Manuel López Obrador
ha sabido convertir la fe en un activo político.
En un país donde 95%
de la población es católica o evangélica,
y donde el 40% prefiere votar por un creyente,
las referencias religiosas del tabasqueño
parecen acercarlo al triunfo […]
Según las estadísticas, AMLO es “el candidato de Dios”.
Elio Masferrer Kan, Proceso, junio 10 de 2018.

 

A todo podrá renunciar el hombre,
menos a la sed de absoluto,
que sobrevivirá a la destrucción de todos los templos
y la desaparición de todas las religiones sobre la Tierra.
Emule Cioran, Historia y utopía.  

 

I

Estado es una voz latina que significa status, y desde el siglo XII designa a una Nación (natío-onis),  nación, raza, asci (nacer), que a partir del siglo XV refiere al Territorio y a los habitantes de un país. El Estado, enseña la filosofía política clásica, nace para poder escapar de “la ley de espada”, que vemos blandir a diestra y siniestra en Romeo y Julieta de Shakespeare, donde sólo los expertos en esgrima sobreviven. Los griegos inventan la democracia, en tiempos de la esclavitud, cuando las mujeres son inferiores a los asnos. Pero la invención de la democracia, demos y kratos, el gobierno del pueblo, el diálogo sobre la polis, en el Ágora, la plaza pública, es lo que les permite impedir el mando de uno sólo en la resolución de sus problemas, en bien de la Politeia o República.

Peter Sloterdijk, el filósofo alemán, en Normas para un parque humano (Siruela, 2000), luego de recordar que para el poeta Jean Paul, los libros son cartas para los amigos, dice que el humanismo es una telecomunicación escrita, un  llamado al amor, la amistad y el saber. Pero en el humanismo, recuerda Sloterdijk, que es un asunto de la cultura, los seres humanos se ven reclamados por dos grandes poderes: la inhibición y la desinhibición. Pues en el humanismo se libra la batalla por lo humano, entre las tendencias embrutecedoras y pacificadoras. Así, los romanos, creadores del derecho, son también los inventores de la crucifixión (llenan todos los caminos que van a dar a Roma de cruces), además de las peleas a muerte entre animales, al punto que cuando exterminan a los animales del norte de África, ponen a luchar a muerte a los gladiadores, en los espectáculos del Coliseo Romano, el más exitoso del mundo antiguo (medieval, moderno y contemporáneo), para distraer a las masas de los asuntos de la ciudad (la cité)  con pan y circo, hasta la actualidad, para disponer de los impuestos y el poder. Y el homo inhumanus ruge en los estadios y las plazas de todo el mundo mediterráneo, como una técnica imprescindible de gobernar. Pero el humanismo pervive como resistencia del libro frente al circo romano y todos los espectáculos cruentos, como una fuerza generadora de paz y sensatez, que los romanos cultos, escritores y lectores llamaron humanitas.

Georg Hegel, el filósofo alemán, en su Filosofía del derecho, expone el paradigma del Estado Moderno, el Estado de Derecho, Republicano aunque monárquico, donde el que rige al Estado es el representante del Espíritu del Pueblo o Espíritu Nacional, la conciencia social (Volksgeist), que cumple los fines objetivos del espíritu del pueblo. El Estado es el lugar donde el espíritu objetivo, resultado de la superación de la oposición entre la familia y la sociedad civil, llega a realizarse plenamente en Espíritu del Mundo (Weltgeist), la conciencia del mundo, que se despliega en la intuición de sí mismo como Arte, en la representación de sí mismo como Religión, en la conciencia de sí mismo como Filosofía y en la forma más acabada de la ética como Constitución: Estado. (Hegel, “El Estado”, Filosofía del derecho, Juan Pablos, 1980:210-113).

En el México militarizado por Felipe Calderón, después por Peña Nieto y al parecer ahora por Obrador, lo que debía prevalecer desde el principio, es la aplicación del artículo 29 de la Carta Magna, que mandata que en caso de invasión, perturbación grave de la paz pública o cualquier otro que ponga a la sociedad en peligro o conflicto, el Presidente de México, los Secretarios de Estado y la Procuraduría General de la República, con la aprobación del Congreso de la Unión, se pueden suspender en todo el país o en un lugar determinado las garantías individuales, para hacerle frente a la situación de emergencia por un tiempo limitado. Pero las disposiciones unilaterales y verticales, con la complicidad de las cámaras alta y baja, remiten al “Estado de excepción”.

Un Estado —dice el filósofo italiano Giorgio Agamben— que surge cuando los poderes de emergencia dictados por Bush, después de la paranoia colectiva provocada por los atentados a las Torres Gemelas de Nueva York (11/09/2001), para suspender todos los derechos humanos como parte de la “guerra contra el terrorismo” (Agamben, Estado de Excepción, Pre-textos, 2004). Pero la excepción se refiere a un hecho oportuno para proclamar —según Walter Benjamin— desde la segunda mitad del siglo XX, el Estado de excepción como norma más que como excepción. Por ello Agamben concluye que los estados de excepción contemporáneos no tienen nada de constitucionales ni de republicanos, puesto que al suspender toda legalidad, abandonan a los ciudadanos a la “nuda vida”, a un “poder desnudo”, pornográfico, en manos del ejército o la marina. En realidad, el Estado republicano y moderno no es compatible con la legalización de la militarización de la Patria, sino con el Estado de excepción,  más cruento que en la Roma, porque entonces se le permitía al senado, con la participación de cónsules y de tribunos de la Plebe, y todos los poderes del Estado, declarar estado de emergencia y nombrar, por un plazo de seis meses, a un dictador con plenas facultades para enfrentar semejante trance. Por ello, Giorgio Agamben indica que los estados contemporáneos, en lugar de seguir el esquema de los antiguos romanos, imitan a otro organismo romano, el iustitium, la suspensión de todo orden legal, que en lugar de instaurar la ley se constituye en un abismal vacío jurídico.

II

Laico procede del griego laikós (pueblo, lego, profano), que proviene de la raíz latina laós (pueblo), y desde el siglo XII designa al lego, laico, terrenal, civil, ciudadano, para diferenciarlo del religioso y confesional. Para el derecho canónico, laico es la persona que vive en el mundo, aunque está llamado a la santidad en la vida cotidiana. La doctrina canónica antigua diferencia al laico del sacerdote o el consagrado. Pero la aplicación de este sentido al Estado es un desatino. El Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española entiende por laico lo concerniente a la enseñanza escolar que prescinde de la instrucción religiosa.

Desde la perspectiva educativa laicismo es la doctrina que defiende la independencia del hombre, la sociedad y el Estado, de toda influencia eclesiástica o religiosa. El laicismo se define como una doctrina que se opone a las doctrinas que defienden la influencia de la religión en los ciudadanos y en las sociedades. Pero el laicismo no es una doctrina religiosa, pues prescinde del influjo de la religión en la sociedad.

Pero la independencia del Estado de todo predominio religioso se debe comprender en el contexto del derecho a la libertad religiosa. Por lo que la Declaración de los Derechos Humanos, aprobada por la Asamblea General de las Naciones Unidas el 10 de diciembre de 1948, en el artículo 2,1, señala que “toda persona tiene todos los derechos y libertades proclamados en esta Declaración sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición. Y el Art. 18, indica que “toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión”; un derecho que incluye la libertad de cambiar de religión o creencia, así como de manifestar su religión o creencia, individual y colectivamente, en privado como en público, por la enseñanza, la práctica del culto y la observancia. Pero el artículo 30 y último, prohíbe al Estado realizar actividades o actos que tiendan a suprimir cualquiera de los derechos proclamados por la misma Declaración de los Derechos Humanos. Los constitucionalistas siempre han puesto como único límite de la libertad religiosa el orden público, para garantizar el respeto de los derechos humanos por parte de los fieles de una confesión religiosa, una medida que guardan la mayoría de las actuales Constituciones, así como la Declaración Dignitatis Humanae (Dignidad Humana) del Concilio Vaticano II, que confluyen en la concepción y ejercicio de un Estado Republicano, moderno y laico.

Juan Pablo II, en el marco de la Conferencia Episcopal Francesa, en el Centenario de la Ley de Separación de la Iglesia y el Estado (11 de febrero de 2005), celebraba que los hermanos del episcopado mantuvieran excelentes y responsables relaciones con la sociedad civil. Además agradecía que desde 1920, el Gobierno francés reconociera el lugar de la experiencia religiosa, no sólo como un hecho privado, sino social. También encomiaba el restablecimiento de las relaciones diplomáticas plasmadas en el acuerdo de 1924, suscrito por el Gobierno francés. Así como destacaba la buena comprensión del principio de laicidad, según la doctrina social de la Iglesia, que recuerda la justa separación de poderes (Compendio de la Doctrina social de la Iglesia, 571-572), que responde al imperativo de Cristo: “Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios” (Lucas, 20, 25). Porque la no confesionalidad del Estado significa también la no intromisión del poder civil en la esfera religiosa y en la vida de la Iglesia y de las diversas religiones, permitiendo que todos los ciudadanos trabajen juntos al servicio de la comunidad nacional. Porque la Iglesia no está llamada a gestionar el ámbito temporal y no debe confundirse con ninguna comunidad política (Encíclica Gaudium et Spes: Gozo y esperanza, 76, 42). Pero al final, cuando el Papa Juan Pablo II, alienta a los católicos a estar presentes en la caridad y en todas las áreas de la sociedad civil, barrios, campo y ciudades, economía, cultura, arte y política, educación y sanidad, además del desarrollo, cuidando el diálogo respetuoso con todos, deja abierta la pregunta por los límites del quehacer de los católicos en todos los espacios del cuerpo social.

Es muy grave que la Secretaría de Gobernación, como si fuera una institución confesional, permita la intromisión del clero en temas políticos como parte de un “ejercicio de derechos […] en un régimen democrático”; una permisión que aprueba y fomenta las agresiones del Episcopado Mexicano contra el Estado laico. Porque el artículo 130 constitucional establece que “los ministros no podrán asociarse con fines políticos […] Tampoco podrán en reunión pública, en actos de culto o de propaganda religiosa, ni en publicaciones de carácter religioso, oponerse a las leyes del país o a sus instituciones”. Un precepto que prohíbe hacer del púlpito una tribuna política y del sermón una arenga electoral.

La defensa de Carlos Monsiváis sobre la separación de la Iglesia y el Estado, el laicismo y la educación pública, es primordial: “El Estado laico conlleva obligadamente la ética republicana que, sin negar en lo mínimo el papel de las religiones como espacio de formación de valores, deposita en la educación y las leyes los principios éticos de la sociedad no teocrática”. El aprieto en que se encuentra el Estado mexicano responde a la destrucción conceptual y espiritual del sistema educativo nacional. Desde 1982, la ideología neoliberal de lo público prefiere el mercado global, que despoja a la educación básica de la geografía y la historia nacional, para arrancar de raíz a la cultura, instruir en una reproducción sexual censurada que prescinde del amor, además de que desvirtúa la educación superior sometiéndola al modelo empresarial, burocratizando la investigación humanística, artística, científica y tecnológica.

 

III

En un reciente artículo, “El PES versus Estado laico”, la académica Sara Pozos Bravo  (Milenio, 09/06/2018), señala que la alianza del partido Encuentro Social con el candidato a la presidencia por Morena, Andrés Manuel López Obrador, pretende redefinir la laicidad como principio rector de las relaciones entre el Estado y las iglesias en México, con sus reformas legislativas y leyes secundarias, poniendo en peligro la sana convivencia entre los mexicanos y el atropello de los derechos humanos. Pues en el encuentro de Puebla (08/06/2018), los predicadores del PES afirmaron que “hay que reformar y renovar la relación del Estado con las iglesias, porque hace más de 26 años de la última reforma, por lo que las iglesias en México estamos en una situación de exclusión, […] somos un capital muy poderoso para la transformación social, pero estamos silenciados, arrinconados, segregados, fuera de la ecuación de todo gobierno”. Una declaración de Julio César Meléndez, que expresa la verdadera misión de los futuros diputados y senadores del PES-MORENA, que como no tienen ideal político, sino credo, van a emprender una cruzada para regresar por sus fueros, arrancados por los movimientos liberales durante las gestas revolucionarias (la Independencia, la Reforma y la Revolución Mexicana).

El triunfo de Obrador, de manera sutil, anuncia la embestida al Estado laico:  1) “La Constitución Moral”; 2) el llamado al diálogo y el ecumenismo religioso; 3) las 70 candidaturas y ahora 54 curules del PES, a espaldas de las multitudes y los militantes de MORENA; 4) los espectaculares electoreros del PES con mensajes religiosos: “El Señor alce sobre ti su rostro y ponga en ti PAZ” (la historia enseña que los mensajeros de la PAZ  terminan llamando a la Guerra); 5) “las preferencias por AMLO del voto católico de 44%, Gea-ISA, de protestantes y evangélicos de 61% y de otras religiones de 66%, por sus mensajes religiosos, como que no es capaz de odiar ni de vengarse, hasta el perdón a sus enemigos panistas, priistas y perredistas, además de promover la amnistía para los delincuentes (¿pecadores?); 6) el proyecto de pacificar a México con la ayuda del Papa Francisco, inspirado en el proyecto de reconciliación y perdón de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM), que prioriza los problemas de violencia, inseguridad, pobreza, corrupción e impunidad por sobre los problemas de la moral sexual; 7) el apoyo de panistas ligados a la democracia cristiana y hasta del Yunque; 8) como dice Elio Masferrer Kan: “Sin duda López Obrador es […] quien mejor ha construido la imagen de lo que nosotros llamamos el ‘candidato temeroso de Dios” (Cfr. Rodrigo Vera, “El candidato de Dios”, Elio Masferrer Kan, Proceso, 10 de  junio de 2018:18-20) y 9) y ahora con su aliado PES, con el que Obrador logra una desbordante votación en Morelos, como reza Cuauhtémoc Blanco, en la reciente recepción de su Carta de Mayoría: “Como resultado de la  Justicia Divina”. Como dice Rodrigo Vera: “López Obrador lleva años construyendo su imagen de mesías, tan criticada en el sector laico, pero atractiva para muchos creyentes. En el libro de Isaías de la Biblia, hay una descripción del mesías; es el tipo humilde, nada fastuoso…” (Rodrigo Vera, “El candidato de Dios”, Proceso, 10 de junio de 2018:18).

La lectura del filósofo italiano Giorgio Agamben, en su libro sobre la genealogía del poder en Occidente, pone a la luz la doble estructura del gobierno, la correlación entre autoridad y potestad, entre Reino y Gobierno, que interroga la relación entre la Economía y la Gloria, entre el Gobierno no como gestión eficaz y el Poder como Majestuosidad, ceremonial y liturgia, dos aspectos descuidados por filósofos y politólogos, dejando de lado preguntas necesarias: ¿Por qué el poder necesita la Gloria? Si el gobierno es capacidad de acción, ¿por qué asume la forma rígida y gloriosa de las ceremonias, las declamaciones y los protocolos? ¿Cuál es la relación entre economía y gloria? Preguntas que descubren la relación entre la Economía y la Gloria, como la estructura de la máquina gubernamental religiosa, confesional, piadosa y devota. Que obliga a pronunciarse en voz alta: ¡Por un Estado laico, una conquista republicana que no debemos perder!                   

* Resumen de la Conferencia Magistral Inaugural, dictada en el Foro Académico “Respeto al Estado Laico, una conquista que jamás perderemos”, Universidad Autónoma de Baja California, Mexicali, BC., 18 de junio de 2018.

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  1. las doctrinas que defienden la influencia de la religión en los ciudadanos y en las sociedades. Fragmento del escrito, que me parece hacer hincapié, porque estas doctrinas que bien señala nuestra querida Rosario, no son más que un trabajo urdido y que de manera tendenciosa, que obedece a la gran deserción que día con día va teniendo la Iglesia católica romana, y que busca con desesperación por cualquier medio, detener el decremento. Hacer un análisis de tales doctrinas es concluir de manera categórica que la iglesia católica buscará hasta el cansancio terminar con el Estado Laico.
    Felicitaciones a Rosario Herrera G.

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