El Trumpismo, nuestra locura

Por Rosario Herrera Guido

Trumpism as a social experience
can be undeerstood as a psychotic-like phenomenon.

(El Trumpismo como una experiencia social
puede ser entendido como un fenómeno psicótico)

Joel Whitebook (The New York Times, March 20, 2017).

 

Cuando escribí y me publicaron en el portal Revolución 3.0, en la revista Levadura y en el Blog de la Asociación Matritense de Mujeres Universitarias de Madrid (AMMU), “Un diván para Donald Trump” e “Impeachment Now”, la mayoría de los periodistas y los analistas políticos no se habían atrevido a tocar con claridad y seriedad el paralelo de la conducta de Donald Trump con la psicosis, y menos aún con la psicotización de la vida social. En el entendido que una persona con rasgos psicóticos psicotiza.

Para sorpresa mía, Joel Whitebook en The New York Times (march 20, 2017), escribe un artículo denominado “Trump’s Method. Our Madness” (El método de Trump, nuestra locura). Un método a través del que todo puede ser afirmado, incluso como verdad, siendo mentira. Todo puede ser legal siendo hasta inconstitucional. Todo capricho tiene que ser cumplido porque no se puede renunciar a nada de lo que se quiere o imagina. Desde luego que la consecuencia, por estar a la cabeza del país más rico y poderoso del mundo, es la psicotización de la sociedad. Y por cierto que, a los 30 días de su mandato, pronto se mostró y públicamente que no se trataba nada más de la cabeza, sino al parecer de casi todo un partido: el Republicano.

Les recuerdo que anteriormente sólo David Remnick en The New Yorker, november 9, 2016, se atrevió a decir de la personalidad de Donald Trump que “His level of agotism is rarely exhibited outside of a clinical invironment [Su nivel de egotismo rara vez es exhibido fuera de un contexto clínico]. David Remnick, “An American Tragedy”, The New Yorker, 9/11/2016.

Como descubrió Freud y puntualizó Lacan, el discurso paranoico responde a la estructura subjetiva de la paranoia, que descansa en el enunciado de atribución que puede reconocerse en una neurosis: “yo lo amo”, y “tú me amas”. Pero Freud descubre que existen cuatro modos de negar esto: 1) no es él a quien amo, es a ella: erotomanía. Una defensa que como no es suficiente, requiere del mecanismo de la proyección, por eso la segunda posibilidad: yo no lo amo, lo odio. Pero como tampoco basta esta inversión, es necesario que intervenga el mecanismo de proyección: él me odia: delirio de persecución (Jacques Lacan, Las psicosis, Barcelona, Paidós, 1984, p. 52). Una tercera posibilidad es “yo no lo amo, “él la ama”: delirio de celos. Pero en el delirio de celos paranoico el sujeto se identifica, por una alienación invertida, con la propia esposa, portadora del mensaje para un número indefinido de hombres. No se trata de una proyección neurótica, como dice Freud, que culpa de los propios pecadillos al otro. El delirio paranoico apunta a “todo el mundo”. Por ello hay una cuarta posibilidad expresada en la desautorización de la frase: “Yo, un hombre, no amo a otro hombre, en absoluto, yo no amo a nadie […] yo me amo sólo a mí mismo”: delirio de grandeza” (Sigmund Freud, “Sobre un caso de paranoia descrito autobiográficamente (Schreber)”, Amorrortu,  1979, t. XII, p. 60). Como dijo Jacques Lacan: “El homosexual triunfa donde el paranoico fracasa”.

Un discurso paranoico que es posible reconocer en el programa del fascismo hitleriano. No por casualidad, desde el principio de la campaña y hasta “su  triunfo”, salieron jóvenes con suásticas tras su líder y su promesa: la Gran Nación (la oferta mesiánica del Retorno al Paraíso); el culto a la Personalidad del Gran Clown de TV; el Paladín de los olvidados que puede hacer felices a todos “los blancos” que lo sigan; la defensa de un nacionalismo con componentes victimistas y revanchistas que impulsa el odio a quienes los despojaron y conduce a la violencia (contra mexicanos, latinoamericanos y migrantes en general, contra el Otro, el diferente, el peligroso, el bicho destinado al exterminio según la jerga nazi) y a la invención de los enemigos que impiden el éxito y la felicidad, a los que hay que combatir para reunir a todos los temerosos y engañados en torno a su Narcisista Personalidad, para alcanzar la Unidad del Verdadero Pueblo Americano, la creación de las masas adoctrinadas por una ideología propagandística, la vinculación a la plutocracia (el gobierno de los ricos), el programa de la extrema derecha (explotación, discriminación, homofobia, xenofobia y misoginia, con claros tintes de Imperialismo de Estado).

El cúmulo de mensajes vertidos tanto en las exaltadas arengas como en los debates del candidato a la Presidencia de los Estados Unidos de Norteamérica, Donald Trump, ¡ahora Presidente Electo! … desde el principio de su campaña daban cuenta del carácter paranoico de su discurso y de su personalidad: 1) el Paladín de los olvidados a los que sólo él podía redimir … (delirio de grandeza); 2) el Empresario constructor exitoso que siempre había logrado lo que quería (¿de qué manera? y ¿con seis quiebras?); 3) el Narcisista, en el centro del Universo, que apenas alcanza a reconocer lo que es idéntico a sí mismo, cuya excesiva egolatría se expresa en el odio a los demás, los otros, los pequeños, los despreciables, los “de color”, los indígenas, ¡sin faltar los homosexuales y las mujeres! (pruebas todas para diagnosticar la paranoia);  4) el Erotómano, rodeado de mujeres … metiendo mano por todos lados en los concursos de belleza mundiales y universales (el delirio de afirmar una extrema virilidad …otra prueba más … como la de su portada en Play Boy que con la Conejita a un lado afirma que “no le importa lo que digan teniendo un culo a un lado” (la reducción de la mujer a culo, otra prueba más de la expulsión del sexo opuesto, como rasgo paranoico; 5) el Ególatra, que como expulsa la Ley, la trasgrede sin límite ni vergüenza, por eso violó sistemáticamente las reglas electorales, sospechosamente, sin ser jamás descalificado como candidato republicano a la presidencia, hasta la leperada, cuando interrumpe a Hillary Clinton, para decirle “What a nasty woman” (que en mexicano quiere decir “Qué pinche vieja”): una imperdonable conducta para un candidato a la presidencia del País Perfecto, Ejemplo para el Mundo de Democracia, sin ser descalificado … además de no dar a conocer su estado financiero, para protegerlo de cualquier investigación sobre la procedencia de sus riquezas, lo que podría descalificarlo y 6) la Crueldad con la que se ha referido a los migrantes indocumentados, que muestra al mundo su falta de hospitalidad, la imposibilidad de hospedar a los necesitados, la hospitalidad que es ética y sin ella no hay ética. Pero Trump siempre se percibió protegido para poder consumar la más negra pesadilla consciente o inconsciente de los norteamericanos: ¿un demente en la Casa Blanca, en cuyo sótano están los botones para desatar la Guerra Nuclear? ¡La realidad superando a la ficción!

¿Infancia es destino, como piensa el psicoanalista Santiago Ramírez? Tal vez. Dice Ricardo Rocha que “Todo comenzó con el burdel del abuelo, Frederich Drumfp, nacido en Kallstadt, un pueblito alemán, quien con apenas 16 años huyó del servicio militar y llegó a Nueva York. Sin una palabra en inglés, pero dispuesto a todo, incluso a cambiarse el nombre a Frederich Trumpf y luego a Trump, para asimilarlo al inglés” (El Universal, 01/02/17). Un abuelo que por dos veces expulsa el nombre del padre, que es representante de la ley, que prohíbe el incesto, el parricidio, todo tipo de asesinato, y que introduce la ley del lenguaje, que es la gramática y la diferencia de los sexos, además de la diferencia (que evita la misoginia y la xenofobia). Una expulsión del nombre del padre que es un rasgo paranoico. Cómo olvidar que la escuela inglesa de psicoanálisis acostumbra decir que se necesitan Tres Generaciones para que se constituya un psicótico. Tras las huellas del abuelo, la repetición: la evasión de ir él mismo a la guerra, y ahora que la va a promover como nunca, no sólo porque “Estados Unidos siempre ganó todas las guerras (se le olvida la de Viet Nam) y las viene perdiendo todas”, sino porque debe cumplir lo que le prometió a la National Fifle Association, a cambio de su apoyo para trepar a la Presidencia.   

El abuelo, en tiempos de la fiebre del oro, compra un restaurante en la zona roja de Seattle (“Poodle Dog”), donde vende alcohol, comida y mujeres. Y ya con fortuna regresa a Nueva York, donde emprende el negocio inmobiliario. Fred Trump, junior, el padre de Donald Trump, en consecuencia, se dedica a la venta y renta de casas en Brooklin y Queens, donde se vincula al KU Klux Klan, y participa con mil racistas en una pelea contra cien policías, y tras la que es arrestado (Hemeroteca del New York Times). Donald Trump también se interna en el negocio inmobiliario, donde provoca un escándalo por no querer rentar a negros ni latinos. El abuelo huye del servicio militar y Donald Trump, pretextando problemas con un talón, se escapa de ir a la guerra. El abuelo y el padre negocian con cantinas, Donald Trump con casinos.

¿Cómo olvidar, a propósito de su personalidad fuera de la ley, por la que a estas alturas medio mundo lo ha diagnosticado y calificado de loco psicótico, que cuando su compañera debe sostener la Biblia sobre la que debe posar su mano y jurar cumplir y hacer cumplir la Constitución de los Estados Unidos, él trae una Biblia de su mamá, la pone encima de la Oficial, y sobre ella jura … es decir, en nombre de la madre, de la ley materna, dejando ver la caída del Nombre del Padre, representante de la ley de la cultura.  

Durante todos los interminables “100 Días” de su administración no ha hecho más que firmar decretos fuera de la ley y el Congreso, además de violentar todos los cánones republicanos, enfrentándose a Meryl Streep y a Hollywood entero, como se pudo apreciar la noche de los Oscar 2017. Trump, el que rebasa todos los órdenes jurídicos, culturales, sociales y hasta religiosos; el que se enfrenta a todos los medios de difusión, a los periodistas a quienes acusa de ser enemigos del pueblo; al que ante todos los mass media del mundo le niega la mano a Angela Merkel; el que para cerrar con broche de oro le declara la guerra a los migrantes en medio de su delirio con la fuerza militar (en particular los malos mexicanos) y a emprender guerras por todo el planeta hasta terminar con todo, incluyendo él mismo (como Hitler), cual remembranza del nazismo con todo y Muro, lo que lo eleva como paradigma de la paranoia, y en un lenguaje coloquial, también a la cobardía. Pues quien haya estado en Estados Unidos sabe que está sobrepoblado de chinos… pero con ellos no se mete (no por ahora) por la enorme deuda que tiene con su gobierno.  

 

Leave a comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

*