DEL SIGILO DE ELISA Y EL POETA MALDITO

Quiero expresar en las páginas de la presente y distinguida revista, la crónica de quien vivió desde antes del día jueves 26 de agosto, fecha del Homenaje a nuestro querido amigo y Poeta, Antonio Mendiola, una singular aventura para lograr el transfer de la única cinta de cortometraje -Los últimos días de Elisa- escrita y dirigida por el poeta con la participación del laureado cineasta michoacano Juan Pablo Villaseñor en su edición.

Anteriormente ya tiene su historial de anécdotas la referida cinta, pues inaugura un original atrevimiento en su tema que no a todos puede agradar si sabemos que, al fin y al cabo, el arte no es para satisfacer los gustos del público. Así que, por extraña omisión, secuencias vitales del videocasete fueron suprimidas ya sea por olvido, descuido, o vana censura del técnico en cuestión. 

Y es que, Antonio Mendiola, autor de –La Herida Espejo- poemario editado en 1984, es uno de los denominados poetas malditos. Como se les comenzó a llamar, sobre todo, a los franceses Baudelaire, Rimbaud, Artaud por qué no, y hasta el mismo tan polémico y controversial Jean Genet que hizo méritos para verlo de esa manera. Y pudiera, bien pudiera ser, que a más de alguno asuste todavía la exhibición del corto de apenas 16 minutos, saltándoles el espectro de la moralidad entre ceja y ceja. 

Sin embargo, con la celebridad, estilo reflexivo y pausado hablar, Mendiola detalló las partes faltantes de la película siempre con esa filosofía que lo caracteriza y poniendo el contexto natural de cada situación. Cabe decir que es una producción de 1982, y tiene mucho mérito haberla logrado en una Morelia todavía muy provinciana. Baste decir aquí que contiene escenas de desnudo y algo más candente, atrayendo la atención de los espectadores hacia el inicio del corto. Lamentablemente, tanto éstas escenas como los créditos al cierre del filme no pudimos apreciarlas debido a la mala calidad o dolo en el proceso del transfer. 

Considero que es una joyita de trabajo, poquísimas veces visto, y a salvo en tan solo una cinta magnética y un disco dvd en manos de algún otro poeta por el momento algo dolido por la experiencia electoral del presente año. De manera que estamos esperando que, una vez repuesto de la derrota existencial, pueda salir a respirar nuevamente la poesía de los cuatro vientos. La cinta original se perdió o se dañó.

Así que batallé la semana para lograr el transfer, pues si Ud. está pensando que es cosa fácil, déjeme decirle que para nada. Diversos sitios, muy escasos, ponen peros de espera en días o simplemente no existen después de ver direcciones en internet.

En fin, que llegué a presentar la mesa de Homenaje y tener para la Revista Letra Franca, mi presente publicación.

Primeramente, agradecer a los amigos. -Grandes amigos, en palabras de Antonio Mendiola el día jueves 26- su presencia en el significativo reconocimiento a uno de los más destacados, así como más silenciosos poetas michoacanos. Autor de una docena de libros y coordinador de talleres literarios, así como forjador de poetas, Toño es poseedor de un estilo bastante individual. Ha sabido hacerse y rehacerse con una mínima cantidad de palabras con las cuales construye un mundo habitado por fantasmas, esqueletos, sangres, niñas de quimeras, sueños, anhelos deshabitados, etc. Es decir, el poeta no escribe hacia el agrado romántico y de trasnochada imagen rosa para satisfacer los gustos generales. No. Mendiola es un poeta del desencanto y del grito de la frustración a manos vacías. Amistad de las décadas en añejamiento, soy testigo de su personalidad poética que vale también decirlo. Ser poeta es serlo en actitudes y vida. El olvido en que suelen tenerlo y la militante pobreza de sus días, es una constante con la que comulga literariamente. La mayor de las ocasiones, cuando llego a buscarlo en su casa, lo encuentro leyendo o escribiendo. No suele preocuparle mucho la comunicación celular, ha hecho de su estadía en la vida un lugar donde reflexionar las cosas del mundo junto a sus pilones de música y libros. Olvidaba decir que Toño es productor del mejor programa de poesía, el Arcano 17, el signo vital en la programación de Radio Nicolaita, con 35 años al aire que sólo las contingencias de la Pandemia detuvieron su transmisión a partir del año anterior. Camina solitario, y cada semana va por su dotación de despensa alimentaria por el rumbo de San Lorenzo, en la que lo he acompañado en una tal vez dos ocasiones. Ciertamente parece como uno de los fantasmas del poema ganador de –La ciudad y los fantasmas- en los V Juegos Florales del 90: Hay veces en que uno siente en la garganta/ el filo ardiente de la angustia/… Un calor que pudre la piel de los días. / Un silencio que semeja/ el silencio de la lengua de Dios.

El mismo silencio que acompaña a Mendiola como una columna vertebral de los secos días, asomándose al insomnio de su transcurrir en el tiempo. He visto al poeta reír y llorar, alegrarse con unos tragos, recordar a los que se han ido, uno de ellos, el poeta Arnulfo Guzmán: – ¿A dónde se van los amigos que quedan muertos en el adiós de la mirada? –

 

Leopoldo González, Carlos Albarrán, Raúl Quiroz, así como quien esto apunta hemos contribuido a otorgar un justo homenaje al poeta del grupo de La Ventana Errante, que luego sería La Generación Perdida. Me parece que hemos iniciado, desde luego, una propuesta en el sentido de no estar siempre vanagloriando a los mismos lugares ya comunes de las vacas sagradas. Que, si bien tienen su mérito y sus altos vuelos en el mapa de la poesía michoacana y nacional, hay otros valiosos nombres que no figuran por su naturaleza discreta y precaria; pero que, sin duda alguna, tienen gran calidad literaria. Antonio Mendiola, tiene sus ideas, aunque prefiere ser apolítico. Y alejado del mundanal ruido de los bombos y platillos, que le son tan necesarios a esas absurdas propuestas que contienen las solicitudes para proponer candidatos a Premios.

He visto sonreír al amigo en la noche del jueves, celebrando su homenaje. Ya podremos decir, satisfechos, que Antonio Mendiola lleva un Homenaje en su haber. 

Anoto, por supuesto, la amable generosidad del host Abdías Martínez, anfitrión de conocido bar cultural del centro histórico y sus alumnos por el apoyo reunido al poeta en la orilla de las carencias, un detalle de honor entre colegas poéticos. Que habla bien de quienes ejercen compromiso con la poesía y la nobleza con autores trascendentes.

Así mismo agradecer a Leopoldo González su aporte para detalles logísticos en la realización, y testimonio en el acontecer de Letra Franca.

Y ahora, si me permiten, cerrar mi breve colaboración con el siguiente fragmento de La ciudad y los fantasmas. Que diga, y bien, la obra del Poeta:

Maldigo a los que llegan a su casa

como si no hubieran salido de ella.

A los que juegan albures en el bar de los sueños.

A los que graban su nombre en una pared pública

para saber si realmente existen.

Tejo las lágrimas del purgatorio;

vigilo la piel de los deseos

y, ya desnudo con los ojos escondidos

en la almohada,

maldigo, ¡carajo!

lo que cicatriza en el espejo nocturno de la angustia.


 José Eduardo Aguirre.
Autor de Ro-sendas de Michoacán
Diplomado Letras de la República
Diplomado en Creación Literaria por el Instituto Nacional de Bellas Artes

 

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